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Ilustraciones de Jacobo Gavira, fanzine gastronómico EnCrudo nº 1.

Me incomodan las miradas ajenas que lanzan otros comensales al examinar mi plato cuando estoy sentada a la mesa en un restaurante. Me parece descarado, de mala educación. Tal es así que se me antoja una intromisión en toda regla, y en cierto modo, dicha intrusión hurta parte del que se suponía iba ser deleite personal. Es como si desnudaran mi plato, como si me viera obligada a compartir su sabor, sus texturas y aromas. Y aunque creo que todos ojeamos los platos que van y vienen mientras esperamos a que nos adjudiquen mesa, cuando esto sucede, siento que mi elección pierde exclusividad. Soy consciente de que el chef elaborará otros tantos platos iguales al mío, pero el mío es especial y por eso me muestro celosa. Todo es culpa de la gula, de la que soy culpable y de la que hablaré más adelante.

Comprendo que muchos hacen ley de la expresión ‘comer con los ojos’. Pero hacerlo de forma descarada no sólo se debe a una manía, sino que es síntoma de malos modos, y si van a practicarlo mejor háganlo con tacto. No sean ‘gastrovoyeurs’, echen un vistazo rápido y jamás se detengan o pretendan captar todos los detalles del emplatado, porque entonces, entonces, habrán quedado al descubierto y habrán perdido elegancia y buena parte de su sex-appeal.

Esa manera de fisgar en comida ajena afecta sobre todo a los indecisos, a los que están incapacitados para escoger o querrían escogerlo todo; también les sucede a los descarados y aquellos a los que no les gustan las sorpresas y quieren garantizar éxitos. Pero han de saber que no hay nada que se oponga más al concepto de gastronomía, donde atreverse a probarlo todo debería ser la única norma. La segunda y con la que se soluciona lo anterior es fácil y corta: repitan. Repitan platos y restaurantes, vayan probándolo absolutamente todo porque es la mejor manera de curarse.

Portada nº1 EnCrudo. Fanzine gastronómico. Ilustraciones de Jacobo Gavira.

Se come con los ojos, escribo, y estoy de acuerdo. Pero también nos guiamos por el olfato y no sólo en lo que a platos concierne, en cuestión de amores también olfateamos antes de emparejarnos. Comida y amor, alimentación y sexo. Una asociación que ha estado y está presente en todas las épocas y en todas las culturas. No es difícil adivinar los porqués: los dos son placeres de este mundo cuya meta es la felicidad. Pero para que el amor arraigue hay que estar dispuesto, sembrar apego y no dejar de prestar atención al órgano capaz de transmitirnos las emociones y que se halla bastante más arriba de lo que puedan imaginar: la amígdala cerebral. Algo parecido sucede con la comida y sus aciertos. Para acertar con un plato sencillamente hay que arriesgarse y tener cierta predisposición por lo nuevo. Hay que probar tanto como tantas oportunidades se presenten. Ir creando un listado particular de sabores, de olores y texturas, ir tejiendo nuestro mapa gozoso y sensorial.

¿Qué sería de nosotros si la vida no contuviese placer? De fusionar amor y cocina, de mezclar eróticamente ambos deleites se encargan los afrodisíacos. Afrodisíaca es cualquier sustancia que despierta nuestro deseo, sin embargo, y siento la decepción, las evidencias nos conducen de nuevo al cerebro. La realidad es que cualquier síntoma de deseo que brote ante manjares y delicias se debe más a la interpretación de formas u olores que a sus supuestos efectos en el estómago o a  los órganos sexuales implicados. La búsqueda de la prolongación del placer ha sido harta estudiada, y existen manuales y recetarios de cuyos resultados deberíamos sobrealimentarnos para caer víctimas del deseo. Sí, casi todo se debe al engaño, a la ilusión. A las connotaciones fálicas o a las insinuaciones de vulvas y pliegues marinos que presentan ciertos alimentos. El deleite y la distracción que proporciona la mesa hacen que la imaginación se dispare y es probable que, tras la degustación, muchos comensales quieran prolongar su placer, reconducirlo hasta la alcoba. Y así, entre plato y plato, van detectando tímidas señales que anuncian la necesidad de pasión. La cocina es el gran aliado de la seducción y con frecuencia contribuye a recortar los pasos que distan entre el dormitorio y el salón. Ya sabemos que para enamorar es fundamental una buena cena. Aunque, avisados quedan, el éxito no está garantizado, ni siquiera a la primera.

Recuerden que todo es cuestión de insistir y, si no, siempre les quedará el recurrente tema de los afrodisíacos. Porque los afrodisíacos son el puente que une la gula con la lujuria, dos de los siete pecados capitales. Ambos proscritos, perversos, malignos. Así lo describieron numerosos literatos y puritanos que no pudieron en cambio borrar la evidencia de que el amor y sus variedades han estado presentes en libros, sonetos, murales y hasta en las paredes del Vaticano donde, a mediados del siglo XVI, Giulio Romano pintó en tan sacrosantos muros una serie de posturas que fueron inmortalizadas por Pietro Aretino en unos sonetos muy famosos.

Del amor y sus representantes, de la cocina y los alimentos nos han llegado leyendas, esculturas y poemas, recetarios y exóticos manuales, muchos de ellos ilustrados con excelentes pucheros en lo tocante a comida y con numerosas posturas en lo que a deseo carnal se refiere. No es para menos. Comer y amar son necesidades que pueden convertirse en arte. No hace falta haber nacido en la campiña francesa o en la bella Italia o en esta España tan rica y variada, mucho menos pertenecer a reales academias de gastronomía. Tampoco tienen por qué ser playboys o contar con dos buenas pechugas para gozar de un buen plato. Simplemente tienen que lanzarse, dejarse llevar. Láncense a la comida. Concéntrense en su plato y regálense amor.

Texto publicado en el fanzine gastronómico EnCrudo, nº 1.

Vuelta a la escuela a tres meses del terremoto de Haití. Fotografía de Ángel López Soto, miembro de Gea Photowords. (Reproducción a partir del original).

Este año se cumplen 65 años desde el nacimiento de Unicef, la principal organización internacional que trabaja por los derechos de la infancia en prácticamente todo el planeta. Unicef cuenta con presencia en más 150 países, entre los que se incluye España, país donde este año, además, la organización celebra su cincuenta aniversario. Su labor se centra en la consecución de cambios que afectan millones de niños. Desde su creación, el 11 de diciembre de 1946, esta organización ha evolucionado con un único objetivo: garantizar los derechos de la infancia. Una labor que no hubiera sido posible si hubiera decidido mirar hacia otro lado tras la II Guerra Mundial.

Aquí os dejo el link de GEA Photowords donde podéis consultar este último trabajo que he realizado y que  rememora tanto los orígenes como la evolución de esta organización que tuvo el coraje de decir no a la indiferncia.

Periodismo gastronómico con otro punto de cocción. Esto es sólo un aperitivo. Aquellos que quieran más tendrán que hacerse con un ejemplar en cuanto salga a la calle y circule de mano en mano. EnCrudo es el primer Fanzine Gastronómico que no se vende y en el que encontraréis contenidos inusuales, singulares y sobre todo ‘gastrocanallas’. Y si queréis conocer más sobre la gestación de este trabajo rebelde y transgresor aquí mismo encontraréis algo de su historia.

Fotografía de Javier Arcenillas, miembro de Gea Photowords.

Sonia López Tello nos acerca la salvaje realidad de México, un territorio donde ejercer el periodismo significa arriesgar la vida. Escribe en GEA Photowords que “el silencio y la autocensura” son las únicas salidas para los periodistas que quieren mantenerse con vida.

Con la muerte de Elizabeth Macías, redactora jefe del diario ‘Primera Hora’ de Nuevo Laredo, ya son once los profesionales muertos en este territorio donde la ley es la del que mata más y más salvajemente. Un país cuyas herramientas para defender los derechos humanos están sobradamente rebasadas por la criminalidad. Unas veces con la connivencia de los grupos corruptos y otras porque verdaderamente el mal es más fuerte, tiene más contactos, dinero, y por supuesto, sus buenas armas.

Esta profesional ha pasado a formar parte de los caídos en acto de servicio civil. Su asesinato no hace sino constreñir aún más la mordaza que los grupos criminales relacionados con el narcotráfico tienen puesta sobre los informadores. En ese país, señala Sonia, “donde la muerte se convierte a diario en un grotesco espectáculo amenazante, se encuentra el gran silencio del mundo”. La narcomordaza impuesta avanza ante el temor de perder la vida mientras la impunidad es la respuesta de estos atroces crímenes. 

Agur ETA

La banda terrorista ETA anuncia el abandono de la lucha armada.

20 de octubre, día histórico que recordaremos como el día en que la banda terrorista ETA anunció su adiós a las armas. Un día que anotaremos bien en el calendario, que perdurará durante muchos años en nuestras memorias. Un día que recordaremos como un anuncio de paz. Tenemos motivos de alegría pero es una alegría incompleta. No puedo dejar de sentirme defraudada. Reconozco los esfuerzos, y soy capaz de entender que habrá que mover muchas otras fichas hasta que podamos vivir completamente en libertad. Por eso, a pesar del anuncio tengo un poso de tristeza. Por eso y por algo más. La banda ha dicho lo que durante tantos años hemos estado esperando, ha dicho adiós a las armas. Ha anunciado el fin de la lucha armada. Pero seguimos sin oír disculpas, y por tanto, seguimos sin ver la evidencia de su arrepentimiento por haber sembrado durante años horror y muerte. Por sus asesinatos irracionales, como son todas las muertes que produce la fe ciega, las ideologías excluyentes, el exacerbado nacionalismo, o cualquier otro ismo que tan frecuentemente confundimos con la idea tergiversada de un falso patriotismo. Me alegro de la noticia pero ésta continúa incompleta. Y lo está porque en ese territorio común donde habitan los criminales (¡de yo qué sé cuantos conflictos y guerras!), continúa abonándose con rencor. Es un lugar donde no existe el arrepentimiento, y tampoco existe la palabra perdón.

Ahora que estamos en pleno apogeo de ginebras y tónicas, ahora que la noche se viste de Gin Tonic, combinado que ha evolucionado hasta relegar a segundos puestos prácticamente al resto de licores, hablar del culto al cóctel es más que una moda, es una realidad. Sean las bebidas en general, y los cócteles en particular, la constatación de acontecimientos sociales, reunirse en torno a una copa es también parte de nuestra historia.

Compartir una bebida es un elemento común de todas las culturas, de tal modo que forma parte del ritual de las buenas relaciones sociales. Si nos ceñimos a los cócteles, encontramos, además, el vehículo idóneo con el que festejar cualquier acontecimiento, a cualquier hora y en cualquier lugar, por nimio que éste sea.

El origen del cóctel permanece rodeado de anécdotas y protagonistas con los que deleitarse, pero de los que resulta fácil dudar. Sin embargo, si la buena cocina, como aseguraba J. Berjane, es como el amor, que necesita tacto y variedad, en cuestión de cócteles, además, se precisa una buena dosis de instinto e imaginación con el que alcanzar ese toque particular con el que distinguirse. Cuestión evidente pero no falta de enjundia.

Distinguir el origen del cóctel también es complicado. Éste podría estar en las violentas peleas de gallos, donde los ‘cocks’ (gallos) engullían una mezcla de bebidas alcohólicas con las que se enfurecían todavía más, y donde las ‘talis’ (colas) volaban durante las sangrientas peleas hasta los espectadores, quienes visionaban el espectáculo mientras bebían este mejunje al que finalmente llamaron ‘cocktail’.

En cualquier caso, reconozco que, de todas las historias que sobre su invención circulan, es la de una sensual y jocosa posadera irlandensa de Nueva Inglaterra la más divertida. En plena guerra de la Independencia americana, dicha posadera mimaba a soldados y clientes prodigándoles comida y bienestar, y si se terciaba, ponía a su disposición el resto de sus encantos. Su vecino, también irlandés, no veía con buenos ojos tanta atención y promiscuidad, así que se negó sistemáticamente a proporcionarle buenos gallos con los que alimentar a las tropas. Un día la posadera decidió hacerse con el mejor gallo del corral como venganza, y así, se lo robó para cocinarlo. Una vez guisado, la posadera acompañó cada plato con una peculiar bebida que adornó con las plumas del animal: ron con zumo de frutas. Como veis se trata de una venganza divertida y original.

Invención o realidad, quizás mito o leyenda, pero no cabe duda de la internacionalidad de un producto que ha sabido interpretar lo mejor de cada mundo. Margarita, Wind Surf, Vulcano, Bloody Mary, Dry Martini, Queen Elizabeth, Mojito, Manhattan o Tom Collins son sólo algunos de los combinados que armonizan varios sabores porque la coctelería no es más el arte de la mezcla.

En esa maestría el barman Diego Cabrera tiene mucho que decir. Con varios libros publicados y una carta al alimón con el chef Sergi Arola, es uno de los mejores representantes en esto de las mezclas. En su local, Le Cabrera, podemos comprobar la variedad y originalidad que rodea el mundo del cóctel. Un mundo que domina y que compartirá con los alumnos de la Universidad Complutense de Madrid durante el próximo curso de su original título Expertos en Periodismo Gastronómico y Nutricional.

Texto publicado en cursoperiodismogastronómico.com de la UCM.

Fotograma del documental Food Inc. del director Robert Kenner (2008).

Mirad. En esto de la alimentación no todo es coser y cantar. Existen factores determinantes que influyen no sólo en el medio ambiente o la fisiología de animales y plantas, sino que afectan directamente al ser humano porque vegetales y animales forman parte de su dieta.

Sabemos que tenemos un problema de explotación y reparto a nivel mundial. Que no todos comemos de la misma manera, incluso que no todos comemos. Que la población mundial está creciendo y hay que alimentarla. Que no todos los gobiernos y sus administraciones actúan igual. Que las industrias alimentarias, así como sus filosofías y/o políticas agroalimentarias, tienen mucho que decir, pero otras muchas veces también tienen mucho que callar, o esconder en el peor de los casos.

Como no podía ser de otra manera tratándose de alimentación y realizado en un formato cinematográfico que roza el periodismo, no podemos correr velos, no se trata de posicionarse a favor o en contra porque entonces pisaríamos el terreno de la opinión, lícito, necesario, pero no siempre estrictamente periodístico. En cambio, el periodismo gastronómico y nutricional debe tener el claro compromiso de divulgar todo tipo de contenidos, de no dejarse nada en el tintero, por más que resulten amables o desagradables.

Ningún profesional se enorgullecería de escatimar datos a sus lectores. Existen muchos tipos de comunicación, desde luego, pero de periodismo sólo puede existir uno: aquel que investiga y muestra a la sociedad todo lo que en ella acontece, que contrasta su información, que se toma la molestia de acudir a sus fuentes y que huye del rumor. Un periodismo que muestra, para que sea el público el que saque su propia conclusión. Este es el origen y la razón de ser de lo que llamamos periodismo y, ya sea subiendo un post, twitteando, escribiendo un artículo o un reportaje, o realizando una entrevista, los que nos dedicamos a ello nos debemos a esta misión. Responsabilidad y buen criterio, profesionalidad y asunción de un papel crucial en las sociedades acompañan a la profesión. Por este motivo os dejo una película a la que todos deberíamos prestar atención. Como profesionales y como seres vivos que precisan alimentarse para sobrevivir y que explotan su entorno para cumplir ese objetivo.

En España cuesta encontrar trabajos valientes, películas que requieran esfuerzo e inversión económica con la que sufragarse y que esté libre de ataduras. Películas que en definitiva puedan contrariar. Así es precisamente el documental del que os vengo a hablar. Se titula Food Inc. de Robert Kenner y muchos ya tendréis conocimiento de su existencia.

Food Inc. es un documental centrado en la producción industrial de carnes, granos y verduras, que profundiza en el poder económico que les rodea así como en las grandes corporaciones implicadas, un documental que tampoco se olvida de mostrarnos los hábitos del consumo de la sociedad norteamericana. Un trabajo interesante aunque orientado a la población autóctona del director, pero sin duda un trabajo con muchos ángulos interesantes y que os invito a ver. Sí, no es muy amable ni es comercial, en el sentido estricto del término, tampoco está exento de intereses. No obstante, nuestro papel como periodistas es el de acercarnos a todas las fuentes para tratar de hallar esa ‘quimera’ llamada ‘realidad’.

El escritor y también periodista Miguel de Unamuno dejó una frase a la que recurro con frecuencia: ” Sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe… Sólo la cultura [!el conocimiento¡] da libertad…”. Por este motivo Food Inc. se convierte en algo imprescindible. La verdad es que pocas veces, todos los que nos dedicamos a este tema, podemos encontrar documentales con sentido crítico, necesarios, como digo, para profundizar en un material tan sensible como la comida, la economía, la producción y su explotación.

Texto publicado en cursoperiodismogastronómico.com de la UCM.

Confieso que tras mi lectura de Superficiales de Nicolas Carr, me asaltan dudas sobre la manera de procesar la información que nos llega, principalmente o casi en exclusiva, a través de Internet, así como el modo, también cibernético, de comunicarnos. Hace escasos días leía en un diario francés el vaticinio del fin de los periódicos impresos a los que ponían fecha de caducidad: 2040. Es un hecho que el ansiado modelo de negocio que persiguen los medios de comunicación en España, esa ‘gallina de huevos de oro’ no fructifera, y los proyectos comerciales que se emprenden, prenden en la red. Y es que la red se ha vuelto indispensable; para muchos hace tiempo que lo era, sin embargo, esa dependencia se ha generalizado.

No hace falta ser ejecutivo, empresario o director. A nuestro alcance tenemos móviles con los que andar perpetuamente conectados, ordenadores, dispositivos de lectura, navegadores, tablets… y todo un sin fin de aplicaciones que nos facilitan la vida, la gestión de trabajo, de ocio, y hasta de amistades. La red y las tecnologías se han popularizado, con algunas excepciones en países y territorios donde este tipo de necesidades está en ciernes, en el mejor de los casos.

La democratización de Internet, sin entrar en su coste para el usuario donde abría mucho que matizar, es, sin duda, buena noticia. Queramos o no, e independientemente de sus efectos, estamos inmersos en un mundo digital, un red que extiende su tela de araña inexorablemente.

No sé si Google nos vuelve estúpidos o no, porque a este respecto y en todos los ámbitos siempre ha habido personas más diestras que otras. Analógicos o digitales, lo importantes es el uso de las informaciones y herramientas que tenemos a nuestro alcance. Todo se aprende. Y una vez aprendido sus rudimentos, la clave es realizar una buena gestión para nuestro beneficio y el de nuestra sociedad, la sociedad de la información.

En lo que nos atañe directamente (gastronomía y alimentación), tenemos la suerte de contar con un nutrido grupo de profesionales y empresas que se dedican a desarrollo de aplicaciones informáticas que tienen como objetivo conectar sus productos y/o servicios con la clientela. Desde la virtualización y enriquecimiento de guías como la Guía Repsol, hasta aplicaciones para móviles con los que confeccionar un menú o que nos indican los restaurantes que se encuentran a nuestro alrededor.

La última de estas aplicaciones tiene sello andaluz, concretamente malagueño. Gracias aSobreGustos, empresa dedicada al Marketing y la Comunicación del sector hostelero, tenemos a nuestra disposición una ‘carta electrónica para vinos y restaurantes‘ con la que obtener información de antemano. Para no llevarnos sorpresas, para tener la certeza de que hemos elegido disponiendo de toda la información posible y conforme a nuestros gustos.

Sí, nuestro mundo cada día es más tecnológico. Maquinaria y aplicaciones nos rodean y no sólo para hacer negocio, afortunadamente también para compartir información libre, para divulgar y educar. Y aunque no creo que la tecnología y su posible influencia en nuestras mentes posean tintes malignos por el mero hecho de haber trastocado nuestro mundo, sí comparto la idea de que resulta saludable apagarlo todo de vez en cuando. Actitud que deberíamos adoptar, sobre todo, en vísperas de fin de semana. Necesitamos recargar las pilas al estilo tradicional, cambiar de batería (ya sea en el pueblo, haciendo turismo en el interior o en la playa, leyendo, durmiendo, comiendo, bebiendo, reencontrándonos con viejos amigos y compartiendo momentos y emociones). Gracias a la tecnología podemos confeccionar opciones y planificar el tiempo de ocio. Pero creo que una vez planificado conviene desconectarnos. Descubrir nuestra naturaleza porque, al fin y al cabo, somos seres emocionales. Y las emociones son lo que nos mantiene vivos.

Texto publicado en cursoperiodismogastronomico.com, UCM.

El vino y toda su cultura deberían ser un patrimonio compartido. Más aún si tenemos en cuenta lo arraigado de nuestras viñas. Es cierto que hay países, tal es el caso de Francia, que nos llevan ventaja en la elaboración de vino, pero afortunadamente el mundo se globaliza y las distancias se acortan. También avanzan las investigaciones, las técnicas y con ellas nuestros vinos van ganando puntos. El tesón y el trabajo continuo son otros dos factores que influyen y que solemos olvidar dado que la atención la acapara casi siempre y en exclusivas las excelencias del resultado.

Para disfrutar del vino, lo primero es reconocerlo. Por eso, y porque es un producto indispensable en toda mesa que se precie, dedicamos varias jornadas del curso de Expertos en Periodismo Gastronómico y Nutricional de la UCM a este preciado líquido. Reconocer el placer de sostener una copa entre las manos, apreciar su tonalidad, identificar sus aromas, ser capaces de comprender la magnitud del trabajo que hay tras cada botella. Ese va a ser este año nuestro trabajo porque para entender de vinos, lo mejor es practicar, sumergirse en ellos y probar y probar.

Baigorri Reserva 2005.

Este sentimiento es el que persiguen muchos de nuestros bodegueros. Algunos mejoran sus vinos año tras año, o los mantienen, cuestión también harto complicada.

Un buen ejemplo de todo esto es la última mención del gurúRobert Parker para quien una de nuestras más emblemáticas bodegas (fruto del arquitecto Iñaqui Aspiazu) tiene la suerte de producir un magnífico vino. Me refiero a la bodega Baigorriy su Reserva 2005 que ha alcanzado los 94 puntos en la evaluación del norteamericano. No tenemos más que quitarnos el sombrero y felicitar tanto al equipo de Bodegas Baigorri como a su enólogo, Simón Arina Robles.

Elaborado con uvas Tempranillo de viñas viejas y con una producción reducida, este vino debe sus magníficas cualidades y su excepcional puntuación a la gravedad, protagonista de la bodega y tan presente en sus resultados.

Particularmente, disfruto al sostener y degustar una copa de vino, y es que hay pocos productos tan nobles y agradecidos como el vino.

Al descorchar una botella el tiempo se detiene. Los aromas se mezclan con los recuerdos y me invade, por unos instantes, la felicidad. ¿Hay acaso un fin más digno?

Publicado en el Blog Universitario del Título de Experto en Periodismo Gastronómico y Nutricional (UCM).

Lámina de Howard Johnson. 'Sushi-man'.

El ‘umami’ ha sido uno de los términos que aflora en diferentes ámbitos (más o menos gastroprofesionales) sorprendiendo a muchos de los presentes que desconocían hasta entonces tanto la expresión como su acepción. A pesar de que señalar un quinto sabor nos pueda descolocar hay que aclarar que no se trata de algo nuevo, al menos no para Oriente donde el ‘umami’ tiene su origen.

Respecto al ‘umami’ se han creado toda una serie de valoraciones que tratan de describir lo qué es y lo qué no es esta sustancia. Tanto es así que desde 1982 el ‘umami’, cuya composición es la de un aminoácido, cuenta con su propio organismo de investigación: el Umami Information Center. En su web se puede consultar  la lista de los alimentos que contienen ‘umami’ entre los que se cuentan, por ejemplo, las carnes rojas, los quesos, las anchoas, los jamones curados, las gambas, las ostras y las patatas, entre muchos otros.

Puede resultar sorprendente pero lo cierto es que, de la ancestral cocina japonesa y su particular boom a partir de los años ochenta, este quinto y enigmático sabor, está introduciéndose en Occidente. Difícil de identificar y describir, algunos análisis indican que se trata de un sabor independiente a los cuatro básicos de siempre –dulce, salado, ácido y amargo-. Chefs experimentados como Javier Herrero, cuyo restaurante cuenta con toda una gama de platos ‘umami’, creen que, más que un sabor, es una apreciación duradera que se detecta en la parte superior de la lengua; algo así como unas glándulas específicas para la detección del glutamato monosódico.

El tema esa apasionante y da mucho de sí pero no debe obnubilar el resto de nuestros sentidos cuando estamos frente al plato. De lo que se trata es de apreciarlo y disfrutar junto con el colorido y las texturas que por lo general se implican al hablar de cocina asiática.

Publicado en el Blog Universitario del Título de Experto en Periodismo Gastronómico y Nutricional de la UCM.

Hay informaciones que sorprenden y a la vez alientan la imaginación. Sobre todo las que tienen que ver con el espacio, los planetas y las posibilidades de vida extraterrestre. Creo que las misiones de los astronautas nos fascinan a todos. ¿Quién no ha soñado con viajar a las estrellas o poner sus pies en suelo lunar? Lo espacial tiene magia y la NASA no para de demostrar su ingenio a cada paso. Pues bien, el último proyecto de este organismo aeroespacial nos atañe directamente porque las próximas misiones a Marte exigirán a los tripulantes conocimientos de gastronomía y agricultura. ¿Cómo lo veis?

Los astronautas van a tener que hacerse cargo de un ‘huerto espacial’. Y es que dada la duración de los viajes, los tripulantes de las naves espaciales tendrán que cultivar y cocinar sus propios alimentos.

Reconozco que nada más leer la noticia a mi mente acudieron un montón de imágenes, todas ellas relacionadas de alguna manera con el cine. Tal es así que casi fui capaz de tejer un guión especulando sobre ese posible ‘huerto espacial’ y las criaturas a las que daría origen. Y todo por culpa del Laboratorio de Sistemas Alimenticios de la NASA que  lleva años desarrollando varios proyectos con los que solventar el problema alimenticio en sus vuelos espaciales.

El anuncio de esos investigadores indica que están trabajando en un sistema ‘biorregenerativo’ que incluiría el cultivo de alimentos en el espacio y la posibilidad de enviar grandes cantidades de productos al hábitat marciano. Además del crecimiento de las plantas y su posterior utilidad como alimento, el sistema produciría oxígeno para los astronautas.

Interesante y con mucho juego porque me estoy  interrogando desde hace horas sobre el aspecto, el sabor y la calidad de los nutrientes de los vegetales que brotarán del experimento. ¿Darán para una buena ensalada? ¿Serán estas verduras consideradas ‘marcianas’? ¿Se volverán contra sus creadores? ¿Tendrán vida propia?

Vida propia y ganas de aniquilar es lo que tenía una película con vegetación marciana como protagonista titulada ‘The day of the Triffids’ dirigida por Steve Sekely y Freddie Francis y escrita por el británico John Wyndham Parkes en 1962. Entre cine y gastronomía siempre se ha mantenido una fuerte relación. De ella hemos hablado en numerosas clases en las que hemos contado con auténticos expertos como Pepe Barrena, que cada año organiza Cinegourland. Respecto al cine clásico, éste se ha interesado en numerosas ocasiones por la vida vegetal más allá de nuestras fronteras. Cintas donde las plantas extraterrestres son poco amistosas.

Como en la también aterradora y más famosa ‘Ladrones de cuerpos’, basada en la novela homónima de Jack Finney y que fue dirigida por Don Siegel en 1956. La película y sus ‘vainas clonadoras’ consiguieron aterrorizar a todo un pueblo, el norteamericano.

Sin embargo el precursor de tan recurrente tema fue Orson Wells, quien en 1938 conseguiría exactamente lo mismo, aterrorizar, con su adaptación radiofónica de ‘La Guerra de los Mundos’ de H. G. Wells, donde los seres humanos sirven como alimento.

Dejando por un momento las bromas y  la ciencia ficción, lo cierto es que el proyecto del Laboratorio de Sistemas Alimenticios de la NASA es apasionante y estoy segura de que muchos de nuestros cocineros estarán ansiosos por conocer los resultados y echar un ojo a los que, cuanto menos, serán unos singulares vegetales si tenemos en cuenta su inusual origen: el interior de una nave volando por el espacio. Aunque, sinceramente y de regreso al celuloide clásico, espero que no lo sean tanto como las hambrientas y sedientas plantas de ’La tienda de los horrores‘ de FranK Oz basada en la película anterior de 1960. Os dejo el vídeo para suscitar vuestra imaginación y de paso animaros musicalmente porque la banda sonora es sencillamente magistral.

Creo que se trata de una cinta que encaja con ironía y de forma salvaje con la gastronomía,  aunque esa gastronomía tenga en el menú a los humanos como plato principal.

Publicado en el Blog Universitario del Título de Experto en Periodismo Gastronómico y Nutricional de la UCM.

Como Guiseppe Arcimboldo nuestra mente se debate entre alimentos. Pero también experimenta pasión por el periodismo así que un año más, el curso de Experto en Periodismo Gastronómico y Nutricional de la UCM va unir lo periodístico y lo gastronómico para desgranar el mundo de la cocina, los alimentos, y todo lo que gira a su alrededor. Desde su origen hasta las innovaciones de cocineros, productos y salas. Desde el escenario principal donde tienen su origen los platos elaborados hasta los escaparates más internacionales. Sin olvidarnos de políticas e intereses agroalimentarios y de nuestra exigencia más personal: aprender a narrar los acontecimientos gastronómicos y sus noticias periodísticamente, para todos y cada uno de sus formatos, incluido el Periodismo 2.0.

Todos los que decidan acompañarnos en esta tercera edición de Expertos en Periodismo Gastronómico y Nutricional que promueve la Universidad Complutense de Madrid, aprenderán a elaborar noticias, redactar pequeños y grandes reportajes con notas de color, abordar entrevistas en relación con la gastronomía y sus protagonistas, y, por supuesto, a confeccionar con elegancia y espíritu constructivo una buena crítica gastronómica.

Os enseñaremos no sólo a informar del hecho gastronómico y todas sus aristas (políticas, económicas, sociales, sensoriales, culturales…) sino que prestaremos especial atención al resultado. Un texto original, novedoso, es garantía de éxito y notoriedad.

Tampoco perderemos de vista la necesaria diferenciación entre un trabajo periodístico y la promoción de determinadas políticas agroalimentarias, la publicidad de restaurantes, establecimientos comerciales o productos. Esto es la importante labor del especialista en comunicación. Para ello vamos a contar con los principales expertos del sector así como con numerosos responsables de la comunicación de organismos y marcas.

Un año más contamos con la presencia de Yanet Acosta y José Luis Murcia, ideólogos, coordinadores y profesores del único título universitario para periodistas que buscan esta especialización.

Veteranos periodistas como el experto cronista Cristino Álvarez de la Agencia Efe, conocido también por el seudónimo ‘Caius Apicius’, o Pau Arenós, redactor gastronómico del Periódico de Cataluña y colaborador de otros tantas publicaciones, ofrecerán distintas visiones sobre la escritura gastronómica. En dos clases complementarias nos adentrarán en el pasado y nos conducirán de la mano de grandes escritores gastronómicos para llegar a la explosión de la cocina en el siglo XX, sus protagonistas y todas las noticias a las que dio origen la creatividad culinaria de vanguardia. También hablaremos del presente actual de la cocina.

Serán unas clases apasionantes porque es imposible comprender nuestro tiempo sin profundizar en los orígenes de los alimentos y sus rituales sin conocer sus comienzos, sin conocer su pasado.

Espero haberos tentado con este aperitivo, un peculiar ‘llamativo’ que diría nuestro adorado Miguel de Cervantes, o un ‘avisillo’ que puntualizaría veloz Quevedo porque es mucho lo que la gastronomía y el rico mundo de la alimentación tiene para enseñaros.

Publicado en el Blog Universitario del Título de Expertos en Periodismo Gastronómico y Nutricional de la UCM.

Aristófanes, en el s. V a. C. ya se dio cuenta de que desayunar era uno de los primeros placeres que deparaban los días. El que fue uno de los primeros amantes de lo cómico, dejó entre sus escritos una frase para la posteridad que todo buen gastrónomo no debería olvidar. “Los dientes son un mueble inútil si no mastican”. Y razón no le faltaba.

Como buen amante de los placeres terrenales este comediógrafo sabía que tras el plácido y reparador descanso que nos proporciona la noche nos espera una de las comidas más importantes del día: el desayuno. Hoy, cientos de siglos después, sabemos que desayunar correctamente es fundamental para afrontar el día con energía y positividad. A pesar de que estamos hartos de escuchar esto (¡tanto que resulta una redundancia nutricional!) muchos españoles continúan despreciando el primer bocado de la mañana.

Desde el tradicional y sencillo café con churros, o café con una tostada, o el delicioso y clásico croissant plancha, o el tan de moda barritas tostadas con tomate y aceite de oliva hasta los más sofisticados preparados al estilo British, el desayuno constituye el primer aporte calórico y nutricional del día y por esa misma razón ha de estar bien elaborado, es decir, equilibrado. No debe contener exceso de grasas o azúcares, indispensables para el organismo pero en su justa medida. Podemos desayunar como reyes pero siempre con la mente puesta en mimar nuestra más preciada e insustituible máquina, nuestro organismo.

En muchas de las sesiones del curso de Expertos en Periodismo Gastronómico y Nutricional (UCM) así como en cursos anteriores, los numerosos expertos que han participado, como el cocinero Juan Pozuelo, el experto en nutrición y Premio Nacional de Gastronomía Ismael Díaz o la escritora Eva Celada, han abordado el desayuno en sus clases porque es evidente que éste continúa representando una asignatura pendiente en España. No debemos olvidar que en numerosas culturas el desayuno está considerado como la principal comida del día por lo que se le presta mucha atención.

Y no es para menos porque el desayuno irrumpe el ayuno que hemos mantenido durante las horas de descanso nocturno y por eso el cuerpo, nada más despertar, necesita aporte energético para reactivarse. Entre otras sustancias deberemos proveernos de vitaminas, hierro, zinc y calcio si queremos presumir de óptimo rendimiento físico e intelectual.

Por todo ello, en nuestro desayuno no debería faltar alguna fruta (pieza o zumo), lácteos, cereales, grasas y proteínas como la que contienen el jamón o el pavo. En cualquier caso y puesto que de cocina hablamos lo importante es la variedad y para ello nada mejor que echar mano de la imaginación para confeccionar el desayuno que mejor se adecúe a nuestro paladar. El desayuno además de una necesidad puede convertirse en un placer. Afortunadamente disponemos de productos de calidad asequibles así como grandes y modernos mercados donde adquirirlos. Tan sólo falta ponernos ‘manos a la obra’ para cuidarnos y disfrutar de los alimentos desde primera hora de la mañana.

Publicado en el Blog Universitario del Título de Experto en Periodismo Gastronómico y Nutricional de la UCM.

A buen seguro que muchos de vosotros estáis pasando un verano donde el tomate en ensaladas, gazpachos, salmorejos o a través de cualquier otra presentación está presente en vuestros platos, y lo está casi a diario. El tomate es uno de nuestros alimentos clásicos. Lejos quedan promociones como la del ¡Cuate aquí hay tomate!, y, a día de hoy, hemos asimilado su importancia para presumir no sólo de salud sino de regusto en recetas. El tomate es refrescante  y es fuente de vitalidad, es un ingrediente básico de la Dieta Mediterránea,Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. De ahí la importancia de la noticia que os contamos a continuación y es que el sector tomatero va a destinar este año entre un 20 y un 30% menos a la producción de tomate triturado. La perspectiva no es buena porque el cultivo de esta campaña se ha visto afectado por problemas climáticos así como por la  dura competencia que suponen otros cultivos de mayor rentabilidad como el maíz, el arroz o el girasol. Los bajos precios de este año también han hecho mella y es que el precio de venta por tonelada anda en los 72 euros cuando la producción de la misma cantidad asciende a unos 82 euros.

Sin lugar a dudas, la divulgación de estos datos afecta a los agricultores en primer grado, pero también a los consumidores pues son los tomates nuestra principal fuente delicopeno, un caroteno antioxidante que combate las cardiopatías, entre otras muchas dolencias, como por ejemplo la prevención del cáncer de próstata. El licopeno es aún más activo en el tomate procesado como por ejemplo el kétchup, los concentrados de tomate natural triturado o el zumo de tomate. Además, sus beneficios anticoagulantes y su escaso aporte calórico junto a su elevado contenido en vitamina C y fibra convierten al tomate en un alimento indispensable en nuestra dieta y, como vemos, si hablamos de tomate triturado su importancia no es menor.

La otra cara de esta moneda es que gracias a iniciativas como ‘Made in Spain’, nuestras factorías competirán con las multinacionales que acaparan el sector como la suiza Nestlé (que comercializa bajo la etiqueta ‘Solis’), la americana Heinz (‘Orlando’) o la luxemburguesa Bolton Group (‘Prima’). Una lucha complicada en la que tenemos la calidad del tomate español y la perseverancia de nuestros agricultores como principal valor.

Publicado en el Blog Universitario del Título de Experto en Periodismo Gastronómico y Nutricional de la UCM.

The other 'Flaming June' (stained glass pattern by Chantal Paré).

Flaming June es una obra que conduce hacia el cálido verano. Fue pintada en 1895 por Frederic Leighton (Sir Frederic Leighton en realidad), y hace algunos años que se aloja en una de las paredes de mi salón. Quizá permanezca ahí para no dejar de recordarme una parte de mi vida, aquella que transcurrió entre Alicante y Altea, uno de los muchos pueblos mágicos que tenemos y que todo el mundo debería visitar, a pesar de sus empedrados y de sus inclinadas cuestas.

Esta imagen atrae la mirada, bien por la placidez de su protagonista bien por el reparador descanso que parece abrigar, por esa calma que transpira. En Flaming June el tiempo cálido se detiene. Si recurro a esta obra que durante una larga temporada y empujada por la moda podía encontrarse en cualquier rincón, objeto o complemento es porque, a pesar del empacho, continúa gustándome. Me seduce su tranquilidad, el relax que de esta mujer emana y que invita al descanso y sugiere los afectos.

Ese tiempo suspendido, entre naranjas, sinuosas curvas y horizontes de mar, ocurre también en Altea; y ocurre también en cualquier otro lugar que comparta idénticas características donde el tiempo adquiere automáticamente un privilegio. Ese tiempo, que es igual para todos, en dichos lugares se dilata. Como si los días tuviesen más horas, uno vive más o uno hace más, o eso parece. Sin embargo, al final y echando la vista atrás, he llegado a la conclusión de que los días son largos en todas partes si uno se lo propone (y además le dejan, ¡para qué nos vamos a engañar! La cooperación es necesaria en algunos casos). Pero si los días son largos, los años en cambio parecen breves, pasan rápido. Por lo que no debemos perder ni un sólo minuto de nuestras vidas, cada una de ellas es única e irrpetible, como sus experiencias e idiosincrasias.

Detalle de la cubierta de 'Momo', del escritor Michael Ende (primera edición en 1973).

Este descubrimiento sobre el tiempo, que todos conocemos y raras veces seguimos, aumenta su dimensión según cumplimos años por lo que cuanto antes se interiorice, mejor. Es seguro que nunca contaremos con el tiempo suficiente para poder materializar todos nuestros sueños. Pero la vida tampoco es una competición. Es un período, quizá el único posible, del que disponemos para aprender, disfrutar y compartir.

He de reconocer que forzada por la situación me dispongo a descansar y a compartir mi tiempo. Voy a tomarme unas buenas vacaciones, que por otro lado me hacen falta. En su transcurso intentaré aplicar lo que aquí predico mientras voy cambiando mis escenarios. Me he prometido impedir que la situación, compartida y común, me supere, así que aprovecho para retomar proyectos, desempolvar libretas, retomar lecturas, hacer fotografías y desarrollar ideas, preparar cierto material. El último de estos proyectos (y uno de los que más me entusiasman) es el que explico en el post anterior y que ya está en marcha.

El Diapason y yo estaremos de vuelta en septiembre y muy probablemente lo hagamos desde ‘la bella Italia‘, al menos por unos días. Digo probablemente porque no hay plan que no pueda venirse abajo, por mucha voluntad o por más que apliquemos esfuerzo, o por más calendarios que queramos cumplir, o por cualesquiera de las metas que nos hayamos propuesto alcanzar. No obstante, desde Italia o no, me parece interesante pararme a pensar en que no es lo mismo fijarse metas que adoptar decisiones, pues las primeras una vez cumplidas desaparecen y las segundas requieren esfuerzo, perseverancia o fuerza de voluntad. Fácil es rendirse, es más, creo que verdaderamente nos sobran motivos para hacerlo. Pero si lo hacemos, si cedemos, ¿cuál será el siguiente paso? ¿La desesperación? ¿La apatía? ¿Un absoluto desencanto? Quizás el avance hacia ‘la Nada’ que explicó Michael Ende. Como no podemos permitirlo (al menos yo no puedo), me agarro a mi particular puñado de decisiones. Con ellas me marcho dispuesta, no obstante, a regresar. Es posible que la situación económica no haya cambiado, que los niveles de paro aumenten, que no encontremos trabajo, que poderes varios sigan campando a sus anchas, que nos valoren por debajo de lo que cada uno de nosotros vale. Aún así debemos recordarnos cada día que no somos uno más, por mucho que insistan en ello. Esta es una de las grandes mentiras de este sistema injusto y criminal. También es posible que la indignación repose estos meses estivales para volver a la carga, para estar presente, para ejercer más como “conciencia” que como oportuna “fisiología” social. Ya lo veremos. De momento, apostemos por el retiro, por el descanso y la reflexión. Apostemos por encontrar soluciones. Apostemos por un feliz verano.

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