La cocina y el amor

Ilustraciones de Jacobo Gavira, fanzine gastronómico EnCrudo nº 1.

Me incomodan las miradas ajenas que lanzan otros comensales al examinar mi plato cuando estoy sentada a la mesa en un restaurante. Me parece descarado, de mala educación. Tal es así que se me antoja una intromisión en toda regla, y en cierto modo, dicha intrusión hurta parte del que se suponía iba ser deleite personal. Es como si desnudaran mi plato, como si me viera obligada a compartir su sabor, sus texturas y aromas. Y aunque creo que todos ojeamos los platos que van y vienen mientras esperamos a que nos adjudiquen mesa, cuando esto sucede, siento que mi elección pierde exclusividad. Soy consciente de que el chef elaborará otros tantos platos iguales al mío, pero el mío es especial y por eso me muestro celosa. Todo es culpa de la gula, de la que soy culpable y de la que hablaré más adelante.

Comprendo que muchos hacen ley de la expresión ‘comer con los ojos’. Pero hacerlo de forma descarada no sólo se debe a una manía, sino que es síntoma de malos modos, y si van a practicarlo mejor háganlo con tacto. No sean ‘gastrovoyeurs’, echen un vistazo rápido y jamás se detengan o pretendan captar todos los detalles del emplatado, porque entonces, entonces, habrán quedado al descubierto y habrán perdido elegancia y buena parte de su sex-appeal.

Esa manera de fisgar en comida ajena afecta sobre todo a los indecisos, a los que están incapacitados para escoger o querrían escogerlo todo; también les sucede a los descarados y aquellos a los que no les gustan las sorpresas y quieren garantizar éxitos. Pero han de saber que no hay nada que se oponga más al concepto de gastronomía, donde atreverse a probarlo todo debería ser la única norma. La segunda y con la que se soluciona lo anterior es fácil y corta: repitan. Repitan platos y restaurantes, vayan probándolo absolutamente todo porque es la mejor manera de curarse.

Portada nº1 EnCrudo. Fanzine gastronómico. Ilustraciones de Jacobo Gavira.

Se come con los ojos, escribo, y estoy de acuerdo. Pero también nos guiamos por el olfato y no sólo en lo que a platos concierne, en cuestión de amores también olfateamos antes de emparejarnos. Comida y amor, alimentación y sexo. Una asociación que ha estado y está presente en todas las épocas y en todas las culturas. No es difícil adivinar los porqués: los dos son placeres de este mundo cuya meta es la felicidad. Pero para que el amor arraigue hay que estar dispuesto, sembrar apego y no dejar de prestar atención al órgano capaz de transmitirnos las emociones y que se halla bastante más arriba de lo que puedan imaginar: la amígdala cerebral. Algo parecido sucede con la comida y sus aciertos. Para acertar con un plato sencillamente hay que arriesgarse y tener cierta predisposición por lo nuevo. Hay que probar tanto como tantas oportunidades se presenten. Ir creando un listado particular de sabores, de olores y texturas, ir tejiendo nuestro mapa gozoso y sensorial.

¿Qué sería de nosotros si la vida no contuviese placer? De fusionar amor y cocina, de mezclar eróticamente ambos deleites se encargan los afrodisíacos. Afrodisíaca es cualquier sustancia que despierta nuestro deseo, sin embargo, y siento la decepción, las evidencias nos conducen de nuevo al cerebro. La realidad es que cualquier síntoma de deseo que brote ante manjares y delicias se debe más a la interpretación de formas u olores que a sus supuestos efectos en el estómago o a  los órganos sexuales implicados. La búsqueda de la prolongación del placer ha sido harta estudiada, y existen manuales y recetarios de cuyos resultados deberíamos sobrealimentarnos para caer víctimas del deseo. Sí, casi todo se debe al engaño, a la ilusión. A las connotaciones fálicas o a las insinuaciones de vulvas y pliegues marinos que presentan ciertos alimentos. El deleite y la distracción que proporciona la mesa hacen que la imaginación se dispare y es probable que, tras la degustación, muchos comensales quieran prolongar su placer, reconducirlo hasta la alcoba. Y así, entre plato y plato, van detectando tímidas señales que anuncian la necesidad de pasión. La cocina es el gran aliado de la seducción y con frecuencia contribuye a recortar los pasos que distan entre el dormitorio y el salón. Ya sabemos que para enamorar es fundamental una buena cena. Aunque, avisados quedan, el éxito no está garantizado, ni siquiera a la primera.

Recuerden que todo es cuestión de insistir y, si no, siempre les quedará el recurrente tema de los afrodisíacos. Porque los afrodisíacos son el puente que une la gula con la lujuria, dos de los siete pecados capitales. Ambos proscritos, perversos, malignos. Así lo describieron numerosos literatos y puritanos que no pudieron en cambio borrar la evidencia de que el amor y sus variedades han estado presentes en libros, sonetos, murales y hasta en las paredes del Vaticano donde, a mediados del siglo XVI, Giulio Romano pintó en tan sacrosantos muros una serie de posturas que fueron inmortalizadas por Pietro Aretino en unos sonetos muy famosos.

Del amor y sus representantes, de la cocina y los alimentos nos han llegado leyendas, esculturas y poemas, recetarios y exóticos manuales, muchos de ellos ilustrados con excelentes pucheros en lo tocante a comida y con numerosas posturas en lo que a deseo carnal se refiere. No es para menos. Comer y amar son necesidades que pueden convertirse en arte. No hace falta haber nacido en la campiña francesa o en la bella Italia o en esta España tan rica y variada, mucho menos pertenecer a academias o clubes de gastronomía. Tampoco tienen por qué ser playboys o contar con dos buenas pechugas para gozar de un buen plato. Simplemente tienen que lanzarse, dejarse llevar. Láncense a la comida. Láncense a la comida, concéntrense en su plato y regálense amor.

Texto publicado en el fanzine gastronómico EnCrudo, nº 1.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s