Gastronomía y Protocolo Medieval

Este es el resumen final del trabajo que elaboré para el curso de verano Our Romanesque Roots que se desarrolló en el entorno de Aguilar de Campoo (Palencia) entre los días 12 y 15 de julio. Se trata de una iniciativa pionera que pretende cohesionar a los ciudadanos europeos a través de los elementos comunes que compartimos desde hace cientos de años. Entre ellos destacan los ligados a la arquitectura románica donde no podían faltar otros aspectos igualmente cruciales como son la forma de organización social, política y religiosa , y, ¡cómo no!, los rudimentos de la vida cotidiana en los que la gastronomía y la alimentación juegan un papel crucial. En estrecha relación con la alimentación y la caza, especialmente como forma de ocio y señal inequívoca de poder, hallamos las primeras normas de comportamiento o conducta social que comienzan a elaborarse en torno a los banquetes medievales con todo su esplendor. Y esa fue precisamente mi ponencia: alimentación, poder, clases y las normas de conductas generadas en torno a la mesa.

La actividad ‘Our Romanesque Roots‘ estuvo organizada por Soledad García Morales, profesora de la Universidad Politécnica de Madrid junto con la Fundación Santa María la Real, Aguilar de Campoo (Palencia).

EnCrudo nº1. Calentando ‘fogones’

Periodismo gastronómico con otro punto de cocción. Esto es sólo un aperitivo. Aquellos que quieran más tendrán que hacerse con un ejemplar en cuanto salga a la calle y circule de mano en mano. EnCrudo es el primer Fanzine Gastronómico que no se vende y en el que encontraréis contenidos inusuales, singulares y sobre todo ‘gastrocanallas’. Y si queréis conocer más sobre la gestación de este trabajo rebelde y transgresor aquí mismo encontraréis algo de su historia.

‘Narcomordaza’, la Ley en México

Fotografía de Javier Arcenillas, miembro de Gea Photowords.

Sonia López Tello nos acerca la salvaje realidad de México, un territorio donde ejercer el periodismo significa arriesgar la vida. Escribe en GEA Photowords que “el silencio y la autocensura” son las únicas salidas para los periodistas que quieren mantenerse con vida.

Con al muerte de Elizabeth Macías, redactora jefe del diario ‘Primera Hora’ de Nuevo Laredo, ya son once los profesionales muertos en este territorio donde la ley es la del que mata más y más salvajemente. Un país cuyas herramientas para defender los derechos humanos están sobradamente rebasadas pro la criminalidad. Unas veces con la connivencia de los grupos corruptos y otras porque verdaderamente el mal es más fuerte, tiene más contactos, dinero, y por supuesto, armas.

Esta profesional ha pasado a formar parte de los caídos en acto de servicio civil. Su asesinato no hace sino constreñir aún más la mordaza que los grupos criminales relacionados con el narcotráfico tienen puesta sobre los informadores. En ese país, señala Sonia, “donde la muerte se convierte a diario en un grotesco espectáculo amenazante, se encuentra el gran silencio del mundo”. La narcomordaza impuesta avanza ante el temor de perder la vida mientras la impunidad es la respuesta de estos atroces crímenes.

Food Inc. La otra cara de la industria alimentaria

Fotograma del documental Food Inc. del director Robert Kenner (2008).

Mirad. En esto de la alimentación no todo es coser y cantar. Existen factores determinantes que influyen no sólo en el medio ambiente o la fisiología de animales y plantas, sino que afectan directamente al ser humano porque vegetales y animales forman parte de su dieta.

Sabemos que tenemos un problema de explotación y reparto a nivel mundial. Que no todos comemos de la misma manera, incluso que no todos comemos. Que la población mundial está creciendo y hay que alimentarla. Que no todos los gobiernos y sus administraciones actúan igual. Que las industrias alimentarias, así como sus filosofías y/o políticas agroalimentarias, tienen mucho que decir, pero otras muchas veces también tienen mucho que callar, o esconder en el peor de los casos.

Como no podía ser de otra manera tratándose de alimentación y realizado en un formato cinematográfico que roza el periodismo, no podemos correr velos, no se trata de posicionarse a favor o en contra porque entonces pisaríamos el terreno de la opinión, lícito, necesario, pero no siempre estrictamente periodístico. En cambio, el periodismo gastronómico y nutricional debe tener el claro compromiso de divulgar todo tipo de contenidos, de no dejarse nada en el tintero, por más que resulten amables o desagradables.

Ningún profesional se enorgullecería de escatimar datos a sus lectores. Existen muchos tipos de comunicación, desde luego, pero de periodismo sólo puede existir uno: aquel que investiga y muestra a la sociedad todo lo que en ella acontece, que contrasta su información, que se toma la molestia de acudir a sus fuentes y que huye del rumor. Un periodismo que muestra, para que sea el público el que saque su propia conclusión. Este es el origen y la razón de ser de lo que llamamos periodismo y, ya sea subiendo un post, twitteando, escribiendo un artículo o un reportaje, o realizando una entrevista, los que nos dedicamos a ello nos debemos a esta misión. Responsabilidad y buen criterio, profesionalidad y asunción de un papel crucial en las sociedades acompañan a la profesión. Por este motivo os dejo una película a la que todos deberíamos prestar atención. Como profesionales y como seres vivos que precisan alimentarse para sobrevivir y que explotan su entorno para cumplir ese objetivo.

En España cuesta encontrar trabajos valientes, películas que requieran esfuerzo e inversión económica con la que sufragarse y que esté libre de ataduras. Películas que en definitiva puedan contrariar. Así es precisamente el documental del que os vengo a hablar. Se titula Food Inc. de Robert Kenner y muchos ya tendréis conocimiento de su existencia.

Food Inc. es un documental centrado en la producción industrial de carnes, granos y verduras, que profundiza en el poder económico que les rodea así como en las grandes corporaciones implicadas, un documental que tampoco se olvida de mostrarnos los hábitos del consumo de la sociedad norteamericana. Un trabajo interesante aunque orientado a la población autóctona del director, pero sin duda un trabajo con muchos ángulos interesantes y que os invito a ver. Sí, no es muy amable ni es comercial, en el sentido estricto del término, tampoco está exento de intereses. No obstante, nuestro papel como periodistas es el de acercarnos a todas las fuentes para tratar de hallar esa ‘quimera’ llamada ‘realidad’.

El escritor y también periodista Miguel de Unamuno dejó una frase a la que recurro con frecuencia: ” Sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe… Sólo la cultura [!el conocimiento¡] da libertad…”. Por este motivo Food Inc. se convierte en algo imprescindible. La verdad es que pocas veces, todos los que nos dedicamos a este tema, podemos encontrar documentales con sentido crítico, necesarios, como digo, para profundizar en un material tan sensible como la comida, la economía, la producción y su explotación.

Texto publicado en cursoperiodismogastronómico.com de la UCM.

Turn off our technologies?

Confieso que tras mi lectura de Superficiales de Nicolas Carr, me asaltan dudas sobre la manera de procesar la información que nos llega, principalmente o casi en exclusiva, a través de Internet, así como el modo, también cibernético, de comunicarnos. Hace escasos días leía en un diario francés el vaticinio del fin de los periódicos impresos a los que ponían fecha de caducidad: 2040. Es un hecho que el ansiado modelo de negocio que persiguen los medios de comunicación en España, esa ‘gallina de huevos de oro’ no fructifera, y los proyectos comerciales que se emprenden, prenden en la red. Y es que la red se ha vuelto indispensable; para muchos hace tiempo que lo era, sin embargo, esa dependencia se ha generalizado.

No hace falta ser ejecutivo, empresario o director. A nuestro alcance tenemos móviles con los que andar perpetuamente conectados, ordenadores, dispositivos de lectura, navegadores, tablets… y todo un sin fin de aplicaciones que nos facilitan la vida, la gestión de trabajo, de ocio, y hasta de amistades. La red y las tecnologías se han popularizado, con algunas excepciones en países y territorios donde este tipo de necesidades está en ciernes, en el mejor de los casos.

La democratización de Internet, sin entrar en su coste para el usuario donde abría mucho que matizar, es, sin duda, buena noticia. Queramos o no, e independientemente de sus efectos, estamos inmersos en un mundo digital, un red que extiende su tela de araña inexorablemente.

No sé si Google nos vuelve estúpidos o no, porque a este respecto y en todos los ámbitos siempre ha habido personas más diestras que otras. Analógicos o digitales, lo importantes es el uso de las informaciones y herramientas que tenemos a nuestro alcance. Todo se aprende. Y una vez aprendido sus rudimentos, la clave es realizar una buena gestión para nuestro beneficio y el de nuestra sociedad, la sociedad de la información.

En lo que nos atañe directamente (gastronomía y alimentación), tenemos la suerte de contar con un nutrido grupo de profesionales y empresas que se dedican a desarrollo de aplicaciones informáticas que tienen como objetivo conectar sus productos y/o servicios con la clientela. Desde la virtualización y enriquecimiento de guías como la Guía Repsol, hasta aplicaciones para móviles con los que confeccionar un menú o que nos indican los restaurantes que se encuentran a nuestro alrededor.

La última de estas aplicaciones tiene sello andaluz, concretamente malagueño. Gracias aSobreGustos, empresa dedicada al Marketing y la Comunicación del sector hostelero, tenemos a nuestra disposición una ‘carta electrónica para vinos y restaurantes‘ con la que obtener información de antemano. Para no llevarnos sorpresas, para tener la certeza de que hemos elegido disponiendo de toda la información posible y conforme a nuestros gustos.

Sí, nuestro mundo cada día es más tecnológico. Maquinaria y aplicaciones nos rodean y no sólo para hacer negocio, afortunadamente también para compartir información libre, para divulgar y educar. Y aunque no creo que la tecnología y su posible influencia en nuestras mentes posean tintes malignos por el mero hecho de haber trastocado nuestro mundo, sí comparto la idea de que resulta saludable apagarlo todo de vez en cuando. Actitud que deberíamos adoptar, sobre todo, en vísperas de fin de semana. Necesitamos recargar las pilas al estilo tradicional, cambiar de batería (ya sea en el pueblo, haciendo turismo en el interior o en la playa, leyendo, durmiendo, comiendo, bebiendo, reencontrándonos con viejos amigos y compartiendo momentos y emociones). Gracias a la tecnología podemos confeccionar opciones y planificar el tiempo de ocio. Pero creo que una vez planificado conviene desconectarnos. Descubrir nuestra naturaleza porque, al fin y al cabo, somos seres emocionales. Y las emociones son lo que nos mantiene vivos.

Texto publicado en cursoperiodismogastronomico.com, UCM.

Periodismo y gastronomía de la mano

Como Guiseppe Arcimboldo nuestra mente se debate entre alimentos. Pero también experimenta pasión por el periodismo así que un año más, el curso de Experto en Periodismo Gastronómico y Nutricional de la UCM va unir lo periodístico y lo gastronómico para desgranar el mundo de la cocina, los alimentos, y todo lo que gira a su alrededor. Desde su origen hasta las innovaciones de cocineros, productos y salas. Desde el escenario principal donde tienen su origen los platos elaborados hasta los escaparates más internacionales. Sin olvidarnos de políticas e intereses agroalimentarios y de nuestra exigencia más personal: aprender a narrar los acontecimientos gastronómicos y sus noticias periodísticamente, para todos y cada uno de sus formatos, incluido el Periodismo 2.0.

Todos los que decidan acompañarnos en esta tercera edición de Expertos en Periodismo Gastronómico y Nutricional que promueve la Universidad Complutense de Madrid, aprenderán a elaborar noticias, redactar pequeños y grandes reportajes con notas de color, abordar entrevistas en relación con la gastronomía y sus protagonistas, y, por supuesto, a confeccionar con elegancia y espíritu constructivo una buena crítica gastronómica.

Os enseñaremos no sólo a informar del hecho gastronómico y todas sus aristas (políticas, económicas, sociales, sensoriales, culturales…) sino que prestaremos especial atención al resultado. Un texto original, novedoso, es garantía de éxito y notoriedad.

Tampoco perderemos de vista la necesaria diferenciación entre un trabajo periodístico y la promoción de determinadas políticas agroalimentarias, la publicidad de restaurantes, establecimientos comerciales o productos. Esto es la importante labor del especialista en comunicación. Para ello vamos a contar con los principales expertos del sector así como con numerosos responsables de la comunicación de organismos y marcas.

Un año más contamos con la presencia de Yanet Acosta y José Luis Murcia, ideólogos, coordinadores y profesores del único título universitario para periodistas que buscan esta especialización.

Veteranos periodistas como el experto cronista Cristino Álvarez de la Agencia Efe, conocido también por el seudónimo ‘Caius Apicius’, o Pau Arenós, redactor gastronómico del Periódico de Cataluña y colaborador de otros tantas publicaciones, ofrecerán distintas visiones sobre la escritura gastronómica. En dos clases complementarias nos adentrarán en el pasado y nos conducirán de la mano de grandes escritores gastronómicos para llegar a la explosión de la cocina en el siglo XX, sus protagonistas y todas las noticias a las que dio origen la creatividad culinaria de vanguardia. También hablaremos del presente actual de la cocina.

Serán unas clases apasionantes porque es imposible comprender nuestro tiempo sin profundizar en los orígenes de los alimentos y sus rituales sin conocer sus comienzos, sin conocer su pasado.

Espero haberos tentado con este aperitivo, un peculiar ‘llamativo’ que diría nuestro adorado Miguel de Cervantes, o un ‘avisillo’ que puntualizaría veloz Quevedo porque es mucho lo que la gastronomía y el rico mundo de la alimentación tiene para enseñaros.

Publicado en el Blog Universitario del Título de Expertos en Periodismo Gastronómico y Nutricional de la UCM.

‘EnCrudo’, coming soon

EnCrudo el primer fanzine gastronómico y canalla. Imagen de Jacobo Gavira.

No cuento la historia porque la narra muy bien una de sus artífices, Yanet Acosta, quien una (¿extraña?) mañana tuvo la fortuna de estar meditando (un tanto retro, reconozcámoslo) al tiempo que su mirada y sus pasos se cruzaban con los del ilustrador Jacobo Gavira. Y en la terraza del Mui, entre cerveza, risas, ideas y unas tapas y una brillante tortilla, parieron la idea. Una publicación artesana, en blanco y negro y muy canalla. Así que entre ponte bien y estate quieto, desde entonces el trabajo avanza y podemos adelantar parte de lo que será su imagen así como parte de lo que será su banda de secuaces entre los que me encuentro.

Como para el proyecto lo democrático era imperativo, sus ideólogos publicaron una entrada en facebook para averiguar y decantarse por el nombre. Y así, sin rubor y poniéndose lo digital por montera como diciendo ‘¡Aquí me sirvan un par de huevos y una rubia pá regar!’, preguntaron a la plaza: ¿EnCrudo o EnGrudo? La pregunta resultó de lo más oportuna porque en realidad escondía más inquina de lo que parecía a simple e inocente vista. Desde dentro y desde fuera son muchas las veces que unos y otros (léase en ‘unos’ a los periodistas y demás personal volcado en menesteres gastronómicos, y léase en ‘otros’ a los públicos) se preguntan los porqués de muchas de las informaciones que nos salpican. Aunque la verdad es que no tenemos por qué ensañarnos con lo gastronómico cuando éste es el mal que desde antaño aqueja al periodismo. Esas informaciones plagadas de intereses que se nos ofrecen y que parece que debemos tragarnos tal cual vienen. Como una desagradable cucharada de aceite rancio, como una masa con exceso de harina, como una crema grasa y pesada, como un engrudo. Hecha pues la pregunta oportuna, que sirvió para tentarnos y definirnos, vino el recuento. And the winner was EnCrudo (mi opción, por cierto).

De momento queda poco más que decir salvo los nombres de algunos de los locuelos que se han apuntado para desarrollar tamaña cocina. Arturo PardosEl PingueFernando HuidobroGonzalo Valle-InclanIñaki Berazaluce &Adrián Dominguez,  Javier ReverteLuis VaronaPintxoPeruanovolador, Quique FerrariDavid Farran de MoraJotaErnesto Taborda, Curro Lucas,  El Comidista, Pepe Solla o Sacha, serán algunos de los colaboradores.

Deseadnos suerte pues la vamos a necesitar: ¡en la era del 2.0 y el goteo incesante de twits y amigos facebookeros van estos locos y apuestan por el papel. ¿Estamos locos o estamos locos? Pues eso… como diría un buen amigo: ¡Larga vida al rock and roll! (y al periodismo canalla, igual es la salvación -se me ocurre, así, de pronto-). En cualquier caso, la idea merece un brindis. Chapó.

Gay Talese, un hombre serio

Ilustración de Joe Ciardiello para 'Barnes and Noble Review'.

Gay Talese no impresiona por sus supuestas lecciones de periodismo que algunos medios han destacado y que muchos damos por sabidas. No. Tampoco por la insistencia de Juan Cruz en que, el hombre que teníamos delante todos los que asistimos al encuentro organizado por la UCM y El País con el periodista, había dedicado una vida a dignificar el oficio. Ni siquiera me temblaron las canillas cuando redundó en su falta de miedo, en su afición al trabajo o en que  había parido míticos textos. Talese impresiona por demostrar una conducta inversa al estrellato que sin duda merece. Impresiona por ser un hombre sencillo y atento, excelentemente vestido y muy serio. Un hombre con la lucidez intacta. El Talese que vino a visitarnos sigue igual de despierto, es un hombre en perfecta conexión con los tiempos. Pero lo que verdaderamente deja sin habla de este periodista es que cuando se miran sus ojos y al tiempo se escucha lo que habla descubrimos la humildad de un hombre dedicado ala palabra. Yesa misma transparencia desprende su silueta, a pesar del impecable traje y de sus impresionantes zapatos de color granate, de piel y de ante. Coqueto, Talese completa, o da sentido, a la tantas veces injustificada y regalada palabra ‘caballero’. Tiene ojos pequeños y sonrisa sincera. Es agradable y educado, una leyenda viva. (¡Qué decir cuando a pesar de tenerlo todo en contra firmó mis ejemplares, me atendió con igual respeto y añadió un tic de simpatía que me guardaré muy dentro!).

Fotografía de la cubierta del libro 'Retratos y Encuentros' de Gay Talese editado por Alfaguara.

Gentilezas al margen, no puedo descuidar el hecho de que su detallado aspecto no reviste confusión. Quien ha leído sus textos sabe que suele mancharse las manos, que no huye, que se recrea observando. Si algo define a Talese es la afición manifiesta de fijarse en personajes aparentemente secundarios. Personajes que comparten el mismo espacio en el que se concentran los motivos de sus historias y a los que Talese describe con tanto acierto por el empeño de resaltar lo bueno y lo malo, lo humano. Puede que el talento se trabaje, no lo discuto, pero sin corazón no hay talento que valga y este periodista nacido en Nueva Jersey (en Ocean City en 1932), que vive en Nueva York y que ha escrito sobre gángsteres, boxeadores, ladrones y hasta cortadores de césped, se divide entre psicología y corazón. Ha trabajado para periódicos como The New York Times o revistas como Times, Esquire, The New Yorker o Hasper’s Magazine, entre muchas otras. Y en cada una de estas publicaciones ha dejado retratos de imperfecciones, alegrías y penas. Ha sabido explotar su percepción psicológica para acercarse y profundizar en cada uno de sus personajes. Pero lo más importante, el secreto de su éxito, es que a Talese siempre se le han agolpado los interrogantes. Nunca se ha cansado de trabajar, pero de trabajar aprendiendo. Y ha tenido el suficiente criterio para aparcar lejos cualquier prejuicio o convencimiento. Él es el mejor ejemplo porque con semejante aspecto cualquiera podría pensar que se encuentra ante un lord inglés, mas cuando se le mira atento se comprende que es tan bueno porque es paciente, porque guarda silencio y escucha, y es en ese momento cuando aparece la figura periodística que retrata sin traicionar valores y confianzas. “Hoy se puede contar igual que antes”, dijo, “pero no podemos mentir, no debemos sacar ventaja de la gente, violar su confianza”.

Talese, que confesó su desapego por el poder, su desinterés por informaciones lanzadas desde el Capitolio, puede presumir de poder mirar a la cara a cualquiera de sus entrevistados. Nueva clave, si se quiere, pero de lo que no hay duda es de que este periodista sabe que cualquier aspecto de nuestro mundo está rodeado de zonas marginales, “zonas grises en las que se encuentran las razones de determinados comportamientos”, y que para descubrirlas debemos ser pacientes, debemos “tomarnos el tiempo suficiente” y no cansarnos de escuchar. Y ésta sí es una lección que no se puede aprender porque está contenida en la carga genética. Así que sólo me queda darle las gracias al señor Talese. Gracias por venir a la Complutense y seguir representando lo mejor de un clásico.

Publicado en la revista universitaria Alétheia-MuiP.

Periodismo ‘herido’ y no muerto

Dibujo de Celia Hoyos.

Hace tiempo, la periodista Julia Otero manifestó ante los micrófonos de Onda Cero que el periodismo había muerto. Aquella sentencia dejó al colectivo estupefacto, no porque fuese una declaración descarada o reactiva, tampoco porque no se le concediese crédito. La cuestión, más bien, pasaba porque desde hacía tiempo eso era exactamente lo que veníamos percibiendo algunos periodistas. Era una especie de secreto a voces, y no sólo por la revolución tecnológica o la aparente falta de interés sobre la información de los ciudadanos, ni siquiera por la irrupción del periodismo 2.0. No. La desazón colectiva tenía que ver con agentes internos.

Muchos periodistas, hartos de trabajar en medios (interesados todos y cada uno de ellos); pulidos en ruedas de prensa donde las preguntas de un tiempo a esta parte se gestionan o no se pronuncian, también barruntábamos la tragedia.

Transcurrido el tiempo e inmersos en una crisis que afecta a nuestros principales fundamentos debemos, sin embargo, abrigar esperanzas y pensar que el periodismo está herido pero no muerto.

No voy a negar las heridas que le aquejan porque a la vista está su sangre (cierres de cabeceras, recortes en redacciones, jubilaciones anticipadas, disminuciones salariales, afición por el sillón; supresión de corresponsales, investigaciones y proyectos serios; becarios perpetuos, falta de ideas, contratación de showperson; y, por supuesto, la admisión de cualquiera bajo la etiqueta de colaboración. También cuenta lo que, aparentemente, resulta menos visible: la pérdida de identidad, la inexistencia corporativa y el descrédito. Y la desgana, o las prisas sobrevenidas con las que a diario compiten cientos de compañeros). Sin embargo, no es ésta una herida tan amplia ni tan oscuro el color de su mancha como para que levantemos acta y procedamos al entierro de la profesión. Porque, si el periodismo está muerto, ¿para qué seguir ejerciendo? ¿Para qué continuar insistiendo en facultades, seminarios y encuentros sobre la necesidad de una profesión que es vigía y guía en asuntos variados, algunos de vital importancia? ¿Por qué no unirnos a propagandistas y voceros? ¿Por qué no transigir y dar el visto bueno a notas de prensa y discursos hueros? ¿Por qué insistir con artículos como éste sobre la necesidad de nuevos planteamientos?

Ciertamente, tenemos razones de peso para luchar. La buena marcha de la democracia, a la que damos y de la que recibimos pleno sentido, por ejemplo; o nuestro persistente acecho por el bien de los ciudadanos, a quienes por encima de todo nos debemos; pero sobre todo, sobre todo, por la continuidad y la calidad que debe exigírsele a un gremio tan crucial como el nuestro.

Ilustración de Celia Hoyos.

La situación actual indica que si queremos sobrevivir debemos también admitir nuestra culpabilidad. Nunca hemos sido amigos de legislación propia, de asociaciones o colegios que respalden al periodista al estilo de médicos, abogados o ingenieros. Sin embargo y a pesar de que contar con el apoyo de una ley propia puede resultar ventajoso, el problema no es tanto una cuestión formal como de compromiso firme y ético. Si queremos salvarnos debemos unir fuerzas apostando por un periodismo que examine y vigile todo lo que, a pesar del desinterés ciudadano, interesa para autogobernarnos (tenga que ver con la cultura, la política, la sanidad o las naranjas de la China y su Imperio). También para velar por nuestras condiciones. Para recobrar reputación y frenar la invasión impune de tanto pirata suelto. No podemos transigir porque tirar la toalla y continuar mamando en silencio, cual Rómulo y Remo, de esas empresas mediáticas, conglomerados para hacer dinero, es formar parte del sepelio. Estamos a merced del criterio empresarial, casi siempre alejado del periodístico en pos de la espectacularización. Sobretodo en televisión. Si continuamos cediendo y admitiendo que el periodismo es una empresa más, y respondemos sólo ante “gestores” y no ante “periodistas gestores”, contribuimos a ese periodismo por comercio. La rentabilidad y el sustento pueden converger, lo único que hace falta es tener claro la cota máxima de ese crecimiento. No todo vale para hacer dinero.

Con razón las nuevas generaciones preguntan cómo hemos llegado a esta situación de caos, de indefensión profesional, en un momento en el que cada gremio tiene perfectamente establecido el objeto de su trabajo y la forma de ejercerlo. La respuesta es que esta burbuja es el fruto de nuestra incompetencia. Por un lado resulta obvio que, en la lejana y por entonces recién inaugurada sociedad española (aquella que elaboraba con ilusión una Constitución democrática que daba un portazo a un periodo negro, aquella que por fin decía adiós a intromisiones e injerencias) ningún periodista quiso establecer fronteras. Todos tenían demasiado presente aquel Ministerio de Información y Turismo. Pero al margen de preclaros y buenas (o no tan buenas) intenciones esa inyección de libertad ha terminado por convertirnos en enfermos.

Tan enfermos estamos que perdimos de vista el concepto de profesionalidad y ahora somos incapaces de defendernos con buenos argumentos. Para parte del gran público resulta ya casi imposible distinguir qué es periodismo de lo que no. Este reduccionismo actual al que hemos llegado va a terminar por fulminarnos. Por eso, conviene recordar (y recordarnos) que nunca como hasta ahora hemos tenido tanta necesidad de buen periodismo como de dejar claro lo que no se corresponde con él.

En los años sesenta hubo tímidos intentos por establecer pautas de trabajo. En esa línea vienen trabajando Bill Kovach y Tom Rosenstiel, autores de Los elementos del periodismo, libro al que hemos dado la razón sin mover un solo dedo. Ambos demostraron que las clasificaciones son imprescindibles para la defensa de cualquier trabajo. Prueba de ello son el poder y el respeto del que gozan otros colectivos por contar con un código interno reconocido y respaldado por un verdadero Colegio Profesional, pero sobre todo respetado y en el que no entretejen tantas manos.

Ilustración de Celia Hoyos.

El otro gran debate que nos atañe es el de la objetividad que tanto daño ha hecho. Lo cierto es que con compromiso y voluntad podemos enfrentar cualquier hecho de manera objetiva, siempre que entendamos por objetividad el rigor imprescindible para evitar contaminaciones. El buen periodismo siempre ha sabido responder el cómo y el por qué de los hechos.

A falta de corpus indiscutible y teórico al que agarrarnos se transgreden principios básicos. Ahí tenemos nuestro silencio frente al auge del infoentretenimiento. También las tertulias con sus abonados ofreciendo voz por dinero. Contratados millonarios, líderes de opinión a los que seguimos, sin darnos cuenta de que para ser libres lo más propio es manejar la información que dejarnos embelesar por bonitos verbos. Echamos en falta (creo) análisis sobre asuntos útiles con los que llamar la atención del pueblo, al que tanto le afectan los asuntos que gestionan los gobiernos. Consentimos la cesión de espacio y favorecemos el espectáculo en detrimento de la cultura, los valores humanos, las ciencias y cualquier otro apartado de divulgación riguroso y no por ello aburrido ni serio. Mandan las audiencias, Belén Esteban y ‘el vociferio’. Servimos pseudoinformación que hacemos pasar por calidad y seso. Son contados los programas bien hechos, residuales los espectadores de ‘La Dos’, el canal que todos miramos pero ninguno vemos. Y cuando cansados regresamos a los hogares y pretendemos enterarnos de algo de lo que ha ocurrido nos entran ganas de salir corriendo. (‘Good news is no news’ o ‘bad news is good news’?).

Aunque pueda parecer una contradicción, el problema no es Internet ni el 2.0. El principal problema ha sido que hemos ido cediendo terreno, y con ello, además, hemos ido confundido al espectador cuya reacción está en la capacidad de atención: ésta se duplica cuando ‘gritamos más alto’. Somos bastante culpables de su acuciada falta de interés. Si queremos recuperarnos no nos queda más remedio que mancharnos las manos, buscar fórmulas alejadas de intereses, apostar por modelos nuevos. Periodismo Humano, Periodismo Cívico, de Precisión, Independiente… llámenlo como quieran que al final volvemos a lo mismo: lo que necesitamos es recuperar el periodismo. No es la primera vez que la profesión anda herida, tampoco es nueva su lucha contra usurpadores, manipuladores y agoreros. Así que, con el permiso de Julia Otero, más que anunciar la muerte del periodismo, lo que deberíamos hacer es comenzar de inmediato su reanimación. Pasar por encima de las incertidumbres que nos aquejan, taponar cualquier herida y practicar una transfusión para garantizar la larga y próspera vida que se merece esta profesión.

Publicado en la revista universitaria Alétheia-MuiP, UCM.

Mentiras poéticas en la prensa

¿Podemos aceptar la mentira en periodismo? ¿Es correcto introducir la ironía en nuestros trabajos aún corriendo el peligro de que el lector no lo entienda y por lo tanto en su cerebro reine la confusión? Este es un tema recurrente que aflora en el periodismo; a pesar de su inagotable insistencia no pierde sin embargo la categoría de tema mayor.
Entre la ironía y la calumnia anda el juego de los periodistas Arcadi Espada y Javier Cercas; nada nuevo bajo el sol, sus respectivas alusiones vienen de bastante atrás. Quiso el primero pagar con la que considera su moneda al segundo, sin reparar (o reparando) en la magnitud del engaño y sus consecuencias.
Espadas y cercas al margen, el periodismo no puede confundir estos dos términos, no puede bajo ningún concepto equipararlos para convertirlos en sinónimos. Dejando aparcadas las intenciones que llevan a escribir una mentira, aspecto crucial y criticable, lo que debe preocuparnos es el fondo de la cuestión: el hecho de que un periódico publique mentiras, aún siendo estas contestaciones, bajo la disculpa de la ironía y el cobijo de la opinión. Es la ironía arma fina que debemos manejar con puntería. Damos por hecho la comprensión total de todo aquello que escribimos pero… no contamos con la absoluta certeza pues son muchos y variados los perfiles del cliente lector (que debería ser nuestra principal preocupación). ¿Le queda claro a este lector el lugar de cada género periodístico y sus licencias? Ahora ya vemos más nítido el peligro y su solución.
Debemos ir con cuidado porque podemos encontrarnos inmersos en la corrupción del ejercicio profesional, y el periodismo ya lastra por si solo bastantes enemigos.  Como bien apuntaba Manuel Cruz en el programa  La Ventana de la Cadena Ser, “la mentira llama al engaño” por muy poética que sea su construcción; y no podemos admitirla en periodismo, independientemente de las consecuencias y su intención (quien sabe escribir conoce tanto los trucos del lenguaje como sus transgresiones).
Aquí dejo el enlace del programa de la Cadena Ser en el que tanto Manuel Cruz como Manuel Delgado, ambos profesores, diseccionan esta peliaguda cuestión.

Kiosko filosófico (16-3-2011)