Geometrías comestibles

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‘Cortina Áurea’. Geometrías Comestibles.
Foto: Nuria Blanco.

María Navascués no sólo hace unos roscones de muerte. María Navascués lleva su pasión arquitectónica a la cocina. La introduce, la reta y la moldea. A la complejidad que envuelve cualquier proyección arquitectónica esta mujer añade materia prima comestible.

Desafío personal y parte de su investigación académica, la exposición ‘Geometrías Comestibles’ se ha convertido en realidad gracias a Miriam Estrada (Espacio Trapezio) y a la colaboración de Beatriz Azpilicueta quien ha participado directamente en la ejecución de un proyecto que rondaba a sus artífices hacía tiempo.

Fue ésta una exposición efímera, arquitectura y arte para degustar al momento, en un viernes cualquiera por la noche, (el pasado viernes), y en un escenario donde el protagonismo absoluto viene ostentado por la comida: el Mercado de San Antón en Madrid.

No cometeríamos error alguno si lo llamáramos experimento. Tampoco si lo definiéramos como la traducción del binomio arte-comida cuando son composiciones de alimentos el resultado final, y cuando su pretensión va más allá de la impresión o seducción de los sentidos. Dejando aparcadas las cuestiones estéticas, en esta exposición han brillado por encima de todo los números, las dimensiones, sustento y equilibrio de cualquier obra, cuya dificultad se multiplica cuando los materiales de construcción son tan frágiles como los productos e ingredientes que se emplean en la cocina.

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‘Mozárabe cheese’, ‘Juego de color líquido’ y ‘Panel acústico’. Geometrías Comestibles.
Fotos: Nuria Blanco.

La gastronomía da de sí y en lo que a su vertiente artística se refiere resulta imposible establecer barreras. ‘Geometrías Comestibles’ ha pretendido imbricar la construcción desde la receta base hasta el emplatado a través del juego de la manipulación, la artesanía y el gusto con las medidas como eje vertebrador. “Comemos, disfrutamos… en nuestra vida está presente el arte”, señala la artista mientras se retroalimenta de sorpresas y reacciones. María Navascués añade también que “la finalidad de todo esto no es más que ver cómo actúan y cómo condicionan la gravedad, la altura o las dimensiones al cocinero que tiene que manejar correctamente pesos y medidas” si pretende un plato singular, creativo y con impacto, pero sobre todo aspira a presentar un plato bien armado.

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Jacobo Gavira. Cuando la gastronomía y el arte se unen en un juego malabar


Bastón de mando 2009. Mejor Bodega del Año. Bronce pulido. Grupo Gourmets-Loewe.

Jacobo Gavira dice adiós a su papel como ilustrador en Cocina Futuro. Ha sido el director de arte de esta revista desde 2006. Con él llegó la inteligencia ilustrada en temas de cocina. Trasvasando fronteras, apostó por el concepto. Quiso alejarse de las evidencias a las que nos tenían acostumbrados en este tipo de publicaciones. Su mano conjuga con equilibrio dos mundos tradicionalmente antagónicos. De su talento han nacido portadas históricas. Ahora, el ilustrador, afronta la nueva etapa mientras disfruta del éxito de una exposición en la que muestra su obra pictórica.

Gavira ha sido el responsable de las últimas 68 portadas de una de las mejores revistas de gastronomía que ha alumbrado este país, Cocina Futuro. También es el hombre para quien el tiempo se detiene en Canido, un pueblecito de Vigo. Refugio e inspiración. De allí se trae ideas y verde musgo demasiado fácil de identificar para los que nos emocionamos en terras galegas.

Portada Cocina Futuro técnica mixta sobre papel. Jacobo Gavira.

Ese aire de mar está presente en la galería de arte Mercedes Urquijo de Madrid (Bárbara de Braganza, 4). La sala acoge la obra pictórica del ilustrador, en la que mujeres de ojos grandes miran y subrayan la abstracción del tiempo. Muchos rostros, pero una sola mujer. Inexistente, artificial.

“Mucho de lo que has visto abajo son óleos sobre papel, también hay cartones y algún lienzo. Es la primera vez que expongo dibujos. Hago mucho dibujo en cuaderno que no suelo enseñar. Son procesos que luego pueden tener su reflejo en la pintura, o no”. También anuncian esencias, pero no digo nada.

A simple vista ya veo que Jacobo Gavira guarda muchos tipos de esencia en su interior. Tiene ojos expresivos que escudriñan a su alrededor y examinan mi persona. Yo hago exactamente lo mismo mientras realizamos esta entrevista en la que intento digerir la noticia de su marcha de esta crucial revista gastronómica. “Me voy porque no se han cumplido los acuerdos”, aclara.

Cocina Futuro es obra de Gaspar Rey, auténtico verbo libre en lo que a gastronomía se refiere. Sus contenidos más que exclusivos han volado sin ataduras, el principal valor de la revista, de la marca CF. Desde que viera la luz, a finales de los noventa, ha sido una publicación que ha arriesgado en un mundo terriblemente conservador. Una transgresión  que no ha cejado y que siempre ha tenido fiel reflejo en textos y portadas. La revista nació como alternativa, en un mundo de por sí pequeño y selecto, para subirse a la ola de todo lo que estaba ocurriendo en el mejor momento, ese en el que nuestros cocineros, batuta en mano, dirigían la vanguardia gastronómica mundial. Pero además, CF, introdujo entre sus bazas la opinión.

Algunas de las portadas del ilustrador Jacobo Gavira realizadas para la revista gastronómica 'Cocina Futuro'.

“Todo el equipo -dice Jacobo- vio muy claro desde esos inicios que, aparte de la información gastronómica, la revista tenía que contener opinión. Gaspar en ese sentido es muy radical, dice lo que quiere y cuando quiere, y la gastronomía, ¡qué estaba en un momento increíble!, se prestaba a ello. Es más, hacía falta la opinión que nadie se atrevía a dar, una opinión valiente”.

La obra que el ilustrador deja en CF es digna de coleccionista. En ella juega con el lector conviertiéndole en espectador privilegiado de los contenidos por descubrir. Las portadas son obras de arte, un verdadero mosaico y una apuesta por el arte de la intuición. Un homenaje a la gastronomía que continúa poniendo en práctica y con el que ha pretende “fomentar la profundidad de lo visual mediante ilustraciones que hablen, y que sugieran al lector antes de que éste lea cualquier artículo”.

Gavira comenzó en Cocina Futuro en 2004, en 2006 pasó a ser su director de arte. Y desde entonces no ha parado. Ha diseñado guías y puesto la imagen a presentaciones, vinos y marcas. La imagen del Salón del Gourmet es uno de sus trabajos más significativos (lo diseña desde 1997), junto con la dirección de arte de CF, a la que infundió coherencia estética y altura intelectual. Lo último que ha hecho ha sido la imagen corporativa y el interiorismo, en Madrid, de la franquicia portuguesa La Mejor Tarta de Chocolate del Mundo (Alcalá, 89).

Collage del artista para la exposición fotográfica de gastronomía que tendrá lugar en La Laguna (Tenerife). Primer festival de cine gastronómico 'Cine es Cena'.

Pero es en CF donde encontramos el estilo personal y su punto de partida. CF fue una de las primeras revistas que fijó su mirada en la figura del cocinero. El primero que saltó a portada fue Juan Mari Arzak, quien apareció en una Harley Davidson. “Esa portada la tiene Arzak en su cocina, le encanta y cada vez que coincidimos me da un abrazo. Ese es el mejor reconocimiento, el trabajo”.  Sí, CF puede presumir de ser un producto selecto, sólo apto para quienes son capaces de ver más allá de famas y espectaculares recetas. Y en ese viaje hacia el éxito el ilustrador ha puesto muchos granos de arena.

El lado menos conocido del ilustrador es precisamente el que tiene que ver con la pintura. La muestra que expone desde febrero en la galería Mercedes Urquijo está siendo todo un éxito. Sus cuadros estarán colgados hasta finales de mes.

En mente tiene una exposición con todo ese trabajo realizado en CF que tan bien se presta a contar la última revolución gastronómica. Mientras tanto, anda volcado en otros trabajos como el diseño del Salón de Gourments y los premios Guía de Vinos Gourmets. Pronto veremos un especial de su revista a la que Gavira incorpora su talento. Con la librería especializa A Punto y la Fundación Autor también está trabajando. Y por si fuera poco, el lunes, podremos ver una de sus composiciones en la exposición sobre fotografía gastronómica que se celebra en la primera edición del festival Cine es Cena, en el centro Casa de los Coroneles (La Laguna, Tenerife) del 14 al 20 de marzo.

http://jacobogavira.blogspot.com/http://gaviradis.blogspot.com/

Entrevista realizada en la galería de arte Mercedes Urquijo (enero 2011).

Minuciosa mirada norteamericana

"El problema con el que todos vivimos". Norman Rockwell pintó en 1964 esta ilustración para revista Look.

Para muchos compatriotas, Norman Rockwell es el artista más famoso en su tierra. Aquel capaz de plasmar el espíritu y estilo de vida norteamericana desde el lado amable. Su obra está llena de escenas costumbristas y comunes que el ilustrador impregnó en más de trescientas portadas de la revista Saturday Evening Post, el imprescindible magazine del hogar norteamericano. Ilustraciones que contemplaron millones de personas y que se coinvertirían en símbolos de la nación durante la Segunda Guerra Mundial. De su mano salieron escenas patrióticas como Willie Gillis –eterno y común soldado raso- y Rosie la remachadora.  

Fotografía de Norman Rockwell. El ilustrador simula ser un viajero en la estación de cercanías de Crestwood (1946).

Perfeccionista y consumado artesano, Rockwell dedicó los sesenta años que duró su carrea a la pintura tradicional al óleo. Apuntes, dibujos y bocetos que luego serían reproducidos en portadas y anuncios.  

El pintor, escrupuloso, preciso, tenía una curiosa forma de trabajar. Desarrollaba una idea  y la plasmaba en bocetos que enseñaba a editores y amigos de los que observaba minuciosamente sus reacciones. Tras ese particular visto bueno, buscaba modelos, vestuario y accesorios. Todo lo necesario, sin reparar en gastos, para materializar ese boceto. Pero con el tiempo el ilustrador, como tantos otros, se ayudó de la fotografía para registrar efectos fugaces o poses difíciles.  

Su devoción al arte se aprecia en cada uno de sus cuadros; su sentido del humor y su extraordinaria habilidad para contar historias que, aún hoy, aparecen vivas arrojan el perfil de un hombre volcado en su obra y su tiempo. Es en el museo que lleva su nombre, ubicado en Stockbridge (Massachusetts) donde se encuentra la mayor parte de estos dibujos, también de su propia historia personal.  

A la simpática Mary Whalen no le asusta la visita al director del colegio. "Muchacha con una moradura en un ojo", Rockwell, (1953).

Perceval Rockwell nació el 3 de febrero de 1894 en Nueva York. De niño pasó largos veranos en una granja, cuya contribución se encuentra en esa idealización de la vida campestre tan presente en algunos de sus cuadros. El propio artista declaró en una ocasión ser un “caso grave entre los americanos que sienten nostalgia por la vida limpia y simple del campo, tan opuesta al complejo mundo de ciudad”. 

Las habilidades para la plástica despuntaron en el joven Perceval en contraposición a su frágil aspecto físico. En 1909 abandonó la escuela secundaria para dedicarse por completo al estudio del arte. Pasó por la Academia de Arte de la Ciudad de Nueva York, y en 1912 comenzó a publicar sus primeras ilustraciones para Boys’Life, la revista de los Boys Scouts de América. Al poco tiempo se convirtió en director de arte de la publicación.  

En 1915 Rockwell fija su estudio en New Rochelle (Nueva York) junto al famoso dibujante de tiras cómicas Clyde Forsythe. En muy poco tiempo los dibujos de Rockwell aparecen en revistas como CountryGentlemanLiteraty Digest. Finalmente, el 20 de mayo de 1916 publicará la primera portada para The Saturday Evening Post, Muchacho con cochecito; la primera de un total de 321. El ilustrador dedicó cuarenta y siete años de trabajo a esta publicación con la que se consolidó artísticamente. Algo más tarde comenzaría a trabajar para otras publicaciones relevantes como Life.  

"Muchacho con cochecito" fue la primera portada de Rockwell para The Saturday Evening Post. El autor se sirvió de un único modelo para dibujar a los tres chicos. (1916).

Dado el período convulso a nivel mundial de principios de siglo XX, Rockwell convivió con el ajetreo de la Primera Guerra Mundial. A los dos años de casarse, en 1916, tuvo que enrolarse en la marina, en la que prestó servicio en la Base de la Reserva Naval de Charleston (Carolina del Sur).  Pero sus funciones no fueron estrictamente militares sino que trabajó como editor artístico de Afloat and Ashore, la publicación de la base. Retrató a oficiales de la marina compatibilizando trabajo militar y civil porque sus ilustraciones no dejaron de aparecer durante el conflicto bélico en cada primera del Evening Post.   

Acabada la guerra un veterano Rockwell regresaría de nuevo a su estudio y se pondría al servicio de marcas comerciales. Sin embargo, otro conflicto reclamará su atención. La Segunda Guerra Mundial irrumpirá y a dicha etapa se deben algunos de sus más famosos cuadros, entre ellos Las cuatro libertades, pintadas en 1943. En ellas el pintor expresa la base de las libertades humanas como la libertad de expresión o la libertad religiosa, también la necesidad del ser humano de estar libre de temores y libre de penurias.   

"Las cuatro libertades" de Norman Rockwell, (1943). Las ilustraciones muestran el motivo de lucha y participación norteamericana en la Segunda Guerra Mundial.

Durante su carrera Rockwell paseó temáticas agradables de índole costumbrista, paisajes urbanos y escenas industriales, reflejos del estilo de vida norteamericano, a los que enfrentó desigualdades e injusticias, sobre todo las de carácter racial. El artista, con especial elocuencia y capacidad de observación, se detuvo en algunas de las contradicciones de su tiempo. A él debemos imágenes muy poderosas, que retratan con una estética visual realista el sufrimiento humano y la problemática racial. No obstante, hay que concluir que las aventuras de la infancia, los adolescentes y sus primeros amores o el placer de las reuniones familiares fueron las temáticas más comunes.  

"Los antepasados de Willie". Norman Rockwell, (1944).

Rockwell elaboró ilustraciones para libros infantiles, anuncios publicitarios de marcas comerciales y dibujos propagandísticos encargados por el gobierno estadounidense que ocuparían algunos de sus longevos años de pintor. Desde 1952 hasta 1972 retrató a los principales candidatos presidenciales. Y todo ello desde la base y la técnica aprendida de su maestro George Bridgman

Pero la popularidad de su obra descansa en el centro de su atención: pintó América y a los americanos. Sus temas están arraigados en los valores de la nación y en el enorgullecimiento de los mismos. Se decantó por los aspectos positivos del carácter americano. Y aunque hizo una interpretación del Movimiento en defensa de los Derechos Civiles y de otras cuestiones morales, es la familia el núcleo principal en el que trabajó el artista.  

El ilustrador, uno de los más relevantes e influyentes en épocas inmediatamente posteriores a su etapa de consolidación, sufrió la incomprensión y el desprecio de sus contemporáneos durante algunos años. Unos le criticaron por exceso de realismo, atípico en aquellos años, y otros por exceso de bondad. Demasiado liberal o moderno, fueron los argumentos esgrimidos entonces. Sin embargo, el artista ha pasado a la historia como un verdadero protagonista de su tiempo; su obra representa la esencia de la vida ordinaria norteamericana.  

Enlace a la web del museo The Norman Rockwell Museum www.nrm.org. Stockbridge, (Massachusetts).

Angéline Mélin, ilustradora de moda. Joven promesa

Nuria Blanco vista por la ilustradora de moda Angéline Mélin.

La imagen que ven no es otra que la mia.  Es la construcción y el reflejo de mi persona realizado a partir de la percepción y singular mirada de Angéline Mélin, la ilustradora de moda cuyos dibujos están enamorando a empresas y marcas del ambicioso mundo del diseño y la moda.

Absolutamente todos los campos andan revolucionados y las nuevas tecnologías, las investigaciones y demás avances nos están sumiendo en lo que muchos resumen con la expresión: “El siglo del cambio”. La parcela de la moda y el diseño tampoco permanecen ajenos a esta frase, y los ilustradores están demostrando que son capaces de transmitir, con aires nuevos, las demandas y estilos afines a los tiempos. La moda es uno de esos campos en el que las revoluciones, que venían fraguándose desde finales de los noventa, han eclosionado ofreciendo modelos y productos equiparables en estilos a las grandes firmas, pero a precios asequibles. Sus dibujantes, actualizados o protagonistas de una nueva generación, también desafían normas con representaciones que toman el pulso al constante y evolutivo mundo de la imagen personal.

Paula Ordavás y Andrea de Ayala, artífices de "Livingmypeetoes", ilustradas por Angéline Mélin.

Angéline Mélin es una de estas jóvenes promesas. Sus ilustraciones rebosan juventud y reivindican una mujer protagonista que no tiene por qué esconder feminidad ni adicción por la belleza y la moda. Se acercan a un estilo de arte moderno en el que su mano hace unos cuantos años que viene realizando ligeros trazos que componen livianas escenas con las que presenta modelos y complementos. Mujeres modernas, ajetreadas, vinculadas o fascinadas por escaparates y tendencias. Preocupadas por su imagen, ansiosas de estar correctas y atractivas por el mero hecho de sentirse bien. A nadie se le escapa el vuelco que ha dado la manera de entender la moda, una moda que buscamos y que comienza cuando estamos a gusto con nosotros mismos a través de lo que nos ponemos o llevamos.

Más allá de una simple mirada sobre las láminas de Angéline Mélin, en sus dibujos se aprecian los rasgos de su personalidad. No podía ser de otra manera porque trabaja con la misma transparencia con la que entiende el objeto de su trabajo: documentar la moda sin olivdarse de trasladar los cambios de costumbres y atuendos en lo que a mujer y su papel en sociedad se refiere. Y para muestra de lo que digo ahí está mi propio dibujo. Hablo con ella, le explico cuán complicada es mi vida (¡la de cualquier periodista con deseos de abarcar el máximo posible!) y me entrega la preciosa lámina que abre este reportaje. (¡Gracias, Angéline! Creo que van a comenzar a brotarme admiradores).

Tres de las múltiples ilustraciones de Angéline Melín.

Experiencias personales al margen, la trayectoria de esta ilustradora, para quien la moda es su vida, es breve pero clara. Desde pequeña se inclinó por el dibujo y ¡los colores! Por eso, en cuanto obtuvo su diploma de estudios obligatorios perfiló trayectoria estudiando dibujo en la escuela especializada Bercot, en París.

Angéline se confiesa apasionada de Balenciaga y Louboutin, cuya influencia se percibe en el calzado de sus ‘muñecas’. Angéline Mélin es joven, tiene ganas de llegar lejos pero no corre demasiado y tiene claro que su futuro anda bien encaminado. Sus ilustraciones abordan, con el atrevimiento de una fashion victim que se abre paso con tranquilidad pero a la que no le faltan encargos, los frenéticos ritmos a los que la sociedad nos somete; Mélin pisa fuerte y su talento se dirige hacia un futuro más que prometedor. Desde hace ahora algunos años colabora con la revista Jeune & Jolie. Dedica gran parte de su tiempo al ámbito publicitario en el que destacan sus dibujos para la marca Beefeater. Ha diseñado espacios webs como el de la firma Amèlie, y Do it in Paris. Y ha recibido interesantes encargos como el de Lili Allen.

Aquí, en España, la diseñadora está volcada en la joven propuesta digital en moda llamada lovingmypeeptoes.blogspot.com. Un blog “especializado en consejos y últimas tendencias”, como afirman sus responsables, Paula Ordavás y Andrea de Ayala. Ambas proponen estilos posibles y variados para cada día, y ofrecen noticias sobre el mundo de la moda y el diseño, las nuevas colecciones y demás prendas que acaparan su atención.

La creatividad que Angéline derrocha y su particular forma de entender el conglomerado de atuendos y complementos que componen el mundo de la imagen remiten al gran ilustrador  Renè Gruau, quien desarrolló su talento para las principales casas de alta costura como Givenchy, Balenciaga, Lanvin, Schiaparelli y Dior. Mélin adopta parte de este estilo transformándolo y retocándolo para no traicionar la esencia de la gran maestra ni renunciar a su propio estilo. Sus maniquíes son delgadas, esbeltas y resueltas. Posan en actitudes que dejan muy claro el impacto buscado.

Sólo Alicia. Ilustración de Angéline Melín inspirada en Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll.

Pese a su juventud o precisamente por ella, esta ilustradora francesa también posee una mirada ácida (que no amarga) sobre la mujer y sus múltiples facetas.  Este aspecto se puede apreciar en la revista digital www.doitinparis.com, donde los dibujos y modelos que aloja para la publicación dejan de ser simples figurines y ofrecen con sinceridad algo más que una propuesta sobre los avatares diarios que nos persiguen a todas.

Angéline posee también otros registros menos conocidos como su curiosa forma de interpretar a los protagonistas de cuentos clásicos. Y eso es lo que pasa con su particular Alicia en el País de las Maravillas, para la que propone un cuento bien diferente al original.

Enlace a la página oficial de la ilustradora Angéline Mélin: http://www.angelinemelin.com/

La poesía visual de Bob Dylan de nuevo en Europa

Bob Dylan

El cantante prepara una nueva exposición que llegará a Dinamarca en otoño de 2010. Cerca de 100 cuadros, dotados de colorido y rebosantes de personalidad e influencia impresionista, se exhibirán en la Galería Nacional de este país. No es la primera vez que Bob Dylan escoge una ciudad europea para mostrar su obra que en esta ocasión incluirá 30 pinturas de gran tamaño que jamás han sido vistas.

La primera exposición de cuadros de Bob Dylan tuvo lugar en el Museo de Colecciones de Arte de Chemnitz (Alemania) en 2007, justo el mismo año en que fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes.

En este dibujo de mujer se encierra el origen de la obra pictórica de Bob Dylan. El dibujo está incluido en el libro Drawn Blank publicado en 1994.

Este dibujo de mujer encierra el origen de la obra pictórica de Bob Dylan. El dibujo está incluido en el libro Drawn Blank publicado en 1994.

En esa primera exposición se difundieron 175 dibujos (en pastel y acuarela) que el compositor había realizado en la década de los ochenta. La muestra se tituló Dylan. The drawn blank series y sirvió para manifestar el universo personal del artista, cuyas canciones, auténticos cuadros sonoros, respondían no sólo a la necesidad de dar salida a los sentimientos sino a toda una época y su generación. La magia musical de Dylan se ha escondido siempre en la sapiencia de dibujar, sin prisas y con sus canciones, retazos de pequeñas y grandes historias.

Pero cabría recordar que la incursión del cantante en la pintura comenzaba bastantes años atrás. Concretamente en 1968 cuando recibe, como regalo de cumpleaños y de la mano de su ex-mujer, una caja de óleos que inevitablemente terminarían seduciendo al cantante y poeta estadounidense.

Habría que esperar hasta 1994 para que el mundo conociera el lado artístico de Dylan; en esa fecha aparece en el mercado el libro titulado Drawn Blank de la editorial Random House, que contiene los esbozos realizados desde 1989 hasta el mismo año de la publicación del libro. Son los bocetos con los que se da publicidad a la faceta artística del músico. En el mismo prólogo, Dylan definía la producción visual que englobaba el volumen como “retazos de cuadros que nunca fueron pintados, aún deben ser pintados o, más bien, nunca serán pintados”. El verdadero creador artístico permanecía todavía en el abismo de la indefinición aunque el cansancio de sus temas se adivinaba en cada dibujo. A partir de entonces, además de escucharse podían verse los pensamientos observando cada uno de sus cuadros.

Una temática frecuente en la obra del cantante y poeta son las solitarias e interminables vías de tren.

Una temática frecuente en la obra del cantante y poeta son las solitarias e interminables vías de tren.

Con abundante colorido la obra pictórica de Dylan, dirigida por el pintor Bruce Dorfan, denotaba ya el aprecio por maestros de la pintura impresionista tan relevantes como Matisse, Chagall o Van Goth. Incluso por el impresionismo alternativo de Edgar Degas más centrado en la perfección del dibujo que en el colorido.
 
La segunda exposición llegaría algunos meses después en la ciudad de Londres. Organizada por la Sala Halcyon, en 2008, Dylan daría a conocer alguno de estos cuadros junto con nuevas creaciones que pasaban de ser una afición a afianzarse en el ámbito artístico profesional. La mayoría de las obras expuestas en Londres habían sido creadas durante las giras musicales del cantante y su banda, y en los períodos más tranquilos en los que se confinaba en los estudios de grabación.

El músico nunca ha escondido la inspiración de su pintura, por eso y con motivo de la exposición en Halcyon, declaró al diario The Times que su obra responde a la necesidad de ofrecer una especie de panorámica del mundo tal y como lo tiene ante sus ojos.

La exposición que se anuncia ahora y que se desarrollará el próximo otoño de 2010 en la Galería Nacional de Dinamarca supone un paso más en su carrera como pintor.

Man on a bridge de Bob Dylan.

Man on a bridge de Bob Dylan.

Dylan reconoce que siempre ha dibujado y pintado (algunos de sus dibujos ilustran las portadas de sus discos) pero que “hasta hace poco nadie lo había tenido en cuenta”, y afirma que “hasta ahora no ha recibido ningún apoyo”. Está claro que algo ha cambiado en los últimos años porque el cantante dice con naturalidad que además de ingresar dinero con su música vende bastante bien sus cuadros, incluso se le hace difícil cumplir con la demanda.

Picasso en Barcelona. Génesis del artista

Retrato de Pablo Ruiz Picasso (composición). Museo Picasso de Barcelona.

Retrato de Pablo Ruiz Picasso (composición). Museo Picasso de Barcelona.

No cabe duda de que todo artista experimenta etapas en su carrera y en cada una de ellas reafirma o huye de estilos. Son los primeros años los que desempeñan un papel fundamental, sirven para afianzar conceptos, adaptar técnicas y experimentar. Ese es el caso del joven Picasso que tras abandonar Galicia se instala, en 1895 junto a su familia, en Barcelona, ciudad con la que mantuvo un vínculo especial de por vida.

La espera (Margot). Picasso, 1901.

La espera (Margot). Picasso, 1901.

El museo de la ciudad que lleva su nombre reúne una colección peculiar con las primeras obras del pintor en las que se aprecia la evolución técnica y el posicionamiento personal del artista. Son cuadros, pequeños y grandes, además de cerámicas y alguna escultura, en los que se percibe de forma gradual la tendencia natural del artista que, años más tarde, se consolidará como maestro del cubismo para rubricar sus cuadros con un escueto Picasso.

El propio pintor llegaría a afirmar en relación con su vocación y la profundidad artística que percibía en esos años que “allá es donde empezó todo… Allá es donde comprendí hasta dónde podía llegar”. Palabras que se tornan realidad cuando se visitan las salas del Museo Picasso donde se exhiben obras opuestas y de temática variada que, sin embargo, esconden su inconfundible toque.

Retrato de Jaume Sabartés. Picasso, 1939.

Retrato de Jaume Sabartés. Picasso, 1939.

La idea de instalar un espacio monográfico dedicado al pintor malagueño nace en 1960 del propio artista quien, animado por su amigo y secretario personal Jaume Sabartés, propondrá al Ayuntamiento de Barcelona la creación de un museo dedicado a su obra. Tres años más tarde el mueso era una realidad a la que el genio fue alimentado con sucesivas donaciones de, al menos, dos cuadros al año.

Las obras que exhibe el museo, organizadas por períodos, forman parte de una de las colecciones más importantes del mundo. Corresponden a un joven artista matriculado en la Escuela de Bellas Artas de la Llotja, donde consolidó los estudios académicos iniciados en La Coruña, ciudad en la que había vivido desde 1890 hasta 1895.

Cuando Picasso se instala en Barcelona, la ciudad despunta del resto de ciudades españolas gracias al impulso industrial que abrió oportunidades y concentró infinidad de ideas avanzadas para la época. La ciudad representa el espíritu de la vanguardia barcelonesa.

El joven Picasso realiza por esos años encargos de carteles como el ejecutado para la taberna Els Quatre Gats. A partir de 1901 y hasta 1904 el pintor va asumiendo su primer estilo personal: la época azul, en la que trabaja a caballo entre Barcelona y París. En abril de 1904, se va definitivamente a París. De este período el museo conserva obras importantes. Pero, en conjunto, la valía del contenido se halla en la variedad de estilos que fue probando el joven pintor de cuyas contribuciones nacería el artista final.

Las Meninas (conjunto). Picasso, 1957.

Las Meninas (conjunto). Picasso, 1957.

De entre todas las obras que contiene el museo destaca el conjunto de Las Meninas por los evidentes indicios de otra de sus cruciales obras: El Guernika. Cada una de las piezas contiene tramos creativos de las anteriores y resulta especialmente interesante un retrato inacabado de mujer donde el puntillismo queda desnudo.

El Museo Picasso está situado en el número 15 de la calle de Montcada, en el barrio conocido como Ciudat Vella, de Barcelona. Su visita resulta inevitable dada la importancia de su colección, pero además cuenta con el aliciente de la majestuosidad de los edificios que la albergan.