Agur ETA

La banda terrorista ETA anuncia el abandono de la lucha armada.

20 de octubre, día histórico que recordaremos como el día en que la banda terrorista ETA anunció su adiós a las armas. Un día que anotaremos bien en el calendario, que perdurará durante muchos años en nuestras memorias. Un día que recordaremos como un anuncio de paz. Tenemos motivos de alegría pero es una alegría incompleta. No puedo dejar de sentirme defraudada. Reconozco los esfuerzos, y soy capaz de entender que habrá que mover muchas otras fichas hasta que podamos vivir completamente en libertad. Por eso, a pesar del anuncio tengo un poso de tristeza. Por eso y por algo más. La banda ha dicho lo que durante tantos años hemos estado esperando, ha dicho adiós a las armas. Ha anunciado el fin de la lucha armada. Pero seguimos sin oír disculpas, y por tanto, seguimos sin ver la evidencia de su arrepentimiento por haber sembrado durante años horror y muerte. Por sus asesinatos irracionales, como son todas las muertes que produce la fe ciega, las ideologías excluyentes, el exacerbado nacionalismo, o cualquier otro ismo que tan frecuentemente confundimos con la idea tergiversada de un falso patriotismo. Me alegro de la noticia pero ésta continúa incompleta. Y lo está porque en ese territorio común donde habitan los criminales (¡de yo qué sé cuantos conflictos y guerras!), continúa abonándose con rencor. Es un lugar donde no existe el arrepentimiento, y tampoco existe la palabra perdón.

On holiday

The other 'Flaming June' (stained glass pattern by Chantal Paré).

Flaming June es una obra que conduce hacia el cálido verano. Fue pintada en 1895 por Frederic Leighton (Sir Frederic Leighton en realidad), y hace algunos años que se aloja en una de las paredes de mi salón. Quizá permanezca ahí para no dejar de recordarme una parte de mi vida, aquella que transcurrió entre Alicante y Altea, uno de los muchos pueblos mágicos que tenemos y que todo el mundo debería visitar, a pesar de sus empedrados y de sus inclinadas cuestas.

Esta imagen atrae la mirada, bien por la placidez de su protagonista bien por el reparador descanso que parece abrigar, por esa calma que transpira. En Flaming June el tiempo cálido se detiene. Si recurro a esta obra que durante una larga temporada y empujada por la moda podía encontrarse en cualquier rincón, objeto o complemento es porque, a pesar del empacho, continúa gustándome. Me seduce su tranquilidad, el relax que de esta mujer emana y que invita al descanso y sugiere los afectos.

Ese tiempo suspendido, entre naranjas, sinuosas curvas y horizontes de mar, ocurre también en Altea; y ocurre también en cualquier otro lugar que comparta idénticas características donde el tiempo adquiere automáticamente un privilegio. Ese tiempo, que es igual para todos, en dichos lugares se dilata. Como si los días tuviesen más horas, uno vive más o uno hace más, o eso parece. Sin embargo, al final y echando la vista atrás, he llegado a la conclusión de que los días son largos en todas partes si uno se lo propone (y además le dejan, ¡para qué nos vamos a engañar! La cooperación es necesaria en algunos casos). Pero si los días son largos, los años en cambio parecen breves, pasan rápido. Por lo que no debemos perder ni un sólo minuto de nuestras vidas, cada una de ellas es única e irrpetible, como sus experiencias e idiosincrasias.

Detalle de la cubierta de 'Momo', del escritor Michael Ende (primera edición en 1973).

Este descubrimiento sobre el tiempo, que todos conocemos y raras veces seguimos, aumenta su dimensión según cumplimos años por lo que cuanto antes se interiorice, mejor. Es seguro que nunca contaremos con el tiempo suficiente para poder materializar todos nuestros sueños. Pero la vida tampoco es una competición. Es un período, quizá el único posible, del que disponemos para aprender, disfrutar y compartir.

He de reconocer que forzada por la situación me dispongo a descansar y a compartir mi tiempo. Voy a tomarme unas buenas vacaciones, que por otro lado me hacen falta. En su transcurso intentaré aplicar lo que aquí predico mientras voy cambiando mis escenarios. Me he prometido impedir que la situación, compartida y común, me supere, así que aprovecho para retomar proyectos, desempolvar libretas, retomar lecturas, hacer fotografías y desarrollar ideas, preparar cierto material. El último de estos proyectos (y uno de los que más me entusiasman) es el que explico en el post anterior y que ya está en marcha.

El Diapason y yo estaremos de vuelta en septiembre y muy probablemente lo hagamos desde ‘la bella Italia‘, al menos por unos días. Digo probablemente porque no hay plan que no pueda venirse abajo, por mucha voluntad o por más que apliquemos esfuerzo, o por más calendarios que queramos cumplir, o por cualesquiera de las metas que nos hayamos propuesto alcanzar. No obstante, desde Italia o no, me parece interesante pararme a pensar en que no es lo mismo fijarse metas que adoptar decisiones, pues las primeras una vez cumplidas desaparecen y las segundas requieren esfuerzo, perseverancia o fuerza de voluntad. Fácil es rendirse, es más, creo que verdaderamente nos sobran motivos para hacerlo. Pero si lo hacemos, si cedemos, ¿cuál será el siguiente paso? ¿La desesperación? ¿La apatía? ¿Un absoluto desencanto? Quizás el avance hacia ‘la Nada’ que explicó Michael Ende. Como no podemos permitirlo (al menos yo no puedo), me agarro a mi particular puñado de decisiones. Con ellas me marcho dispuesta, no obstante, a regresar. Es posible que la situación económica no haya cambiado, que los niveles de paro aumenten, que no encontremos trabajo, que poderes varios sigan campando a sus anchas, que nos valoren por debajo de lo que cada uno de nosotros vale. Aún así debemos recordarnos cada día que no somos uno más, por mucho que insistan en ello. Esta es una de las grandes mentiras de este sistema injusto y criminal. También es posible que la indignación repose estos meses estivales para volver a la carga, para estar presente, para ejercer más como “conciencia” que como oportuna “fisiología” social. Ya lo veremos. De momento, apostemos por el retiro, por el descanso y la reflexión. Apostemos por encontrar soluciones. Apostemos por un feliz verano.

Breakfast Interrupted

Me encanta desayunar. Lo confieso. Levantarme y acudir a la cocina para preparar el café (sí, soy adicta a ese primer café) es lo primero que hago en cuanto despego un ojo. Luego el ritual habitual de aseo. Pero la verdad es que salvo el fin de semana no suelo prodigarme demasiado en su elaboración. Cereales, tostadas y un zumito entre semana. Sin embargo los sábados y los domingos algo cambia. Pongo más esmero e improviso. Llego incluso a realizar tostadas francesas o algunas tortitas, sin abusar que todo se aloja. Con todo, no llego al festín lujurioso que os dejo en este vídeo que me ha enamorado nada más verlo. Me ha gustado tanto que a continuación os dejo el desglose de su increíble proyección creativa. ¿A qué está para comérselo? Sí, definitivamente, creo que mañana, puesto que es sábado y tendré algo más de tiempo, voy a regalarme algo similar.

Waterboys, The Whole of the Moon (1985)

The Waterboys

Ando completamente afanada tratando de mejorar tanto en lo personal como en lo profesional. Ampliando horizontes porque presiento que mis lecturas van a ser mi único consuelo, mi guía hasta el final. Esforzándome y robando tiempo a una plácida y regalada vida con el único objetivo de clarificarme aún más. A veces, lo confieso, contengo mi rabia porque me asaltan ganas de abdicar, de rendirme a la vida, y también a la nevera olvidando grasas y kilos de más, de rebuscar en mi bodega y descorchar una, dos o tres botellas para beberlas y agotarlas sin escatimar una sola gota. A estas alturas y con este panorama social, me pregunto ¿a qué viene tanto esfuerzo?, ¿para qué este desgaste personal? Con la que parece ser una verdadera revolución en ciernes a nivel social, y con la moda de omnipresencia digital en nuestras vidas, cada vez me encuentro más fuera de lugar y no por cuestión de adaptación o intolerancia. Afortunadamente mis alergias son triviales y obvias, rozan lo vulgar. Sin embargo, para alguien como yo, que le gusta la profundidad (¡me gusta tanto que cada vez escribo menos y pienso más!), resulta difícil ver en estos momento con claridad. Pero mi despiste es universal. Así que me sumo a tantos otros, a escépticos, indignados y vulgo en general.

La cuestión es que siempre andamos con la maldita relatividad. Parece que resulta imposible vislumbrar la totalidad de la luna, que estamos condenados a permanecer en una de sus dos caras, de sus dos polos opuestos, de su intrínseca dicotomía entre claros y oscuridad. Y no es cierto, a pesar de la deliberada insistencia y de los Waterboys y este tema que aquí dejo para armonizar mi discurso tan ecléctico como (ir)racional. Ahora más que nunca el mundo está siendo consciente y está aplicando una mirada global. Yo también la estoy ejerciendo porque tenemos un gigantesco abanico de problemas, no sólo problemas que nos atañen directamente y no sólo problemas de crecimiento, empleo y seguridad. Tenemos un fuerte problema de identidad como pueblo en su conjunto, como humanidad, como sociedad global. No hay valores que defender porque estamos rendidos, plegados a un mundo meramente comercial. Despistados y plegados: personas, medios, partidos… ¡hasta en mi vecindad! Ésta es incapaz de poner orden en los garajes y así andamos con motos y bicicletas por los pasillos y hasta muebles y bidones en algún que otro lugar. Que más que un garaje parece un rastrillo, eso sí, un rastrillo muy universal.

Alela Diane, To Begin (2011)

Nunca he sabido completar la maleta con eficacia. A última hora me asaltan dudas, todas las imaginables que en relación con la temperatura pueda plantearse cualquier viajero. Más aún en Semana Santa, cuyo nombre no hace justicia a su mítico y traicionero comportamiento estacional. Sin embargo, en esta ocasión y a expensas de este inestable período primaveral, mi mes por cierto, creo que nada ni nadie va a conseguir arruinarme este merecido descanso para el que he estado opositando durante bastante tiempo. Demasiado. Tanto que comienzo a pensar que las vacaciones deberían ser una prescripción médica irrenunciable.

Viajar debería ser una obligación. Muchos puntos de vista cambian cuando ampliamos a través de un viaje nuestros mundos. Y es que emprender un viaje, cualquier viaje diría yo, es comenzar a cambiar algo, o una parte de algo, incluso puede llegar a cambiarlo todo. Comenzar es siempre un dejar atrás. Es sacar fuerzas y desplegar optimismo, recuperar  ilusiones. Demostrar que no estamos derrotados, y mucho menos muertos. Que a pesar de que en ocasiones creemos llevar la mala suerte adosada a la suela de nuestros zapatos somos capaces de dar un paso nuevo. Y así es como yo voy a salir de viaje. Con la firme decisión de no hacer otra cosa que disfrutar de campiña y paisaje. De gastronomías y gentes. Durante unos días voy a tratar de estarme quieta, voy respirar sin prisa tratando de escucharme.

Y como no hay ni vida ni viaje que valga la pena sin la compañía de la música, aquí os dejo el que para mí es ya el disco del año, Wild Divine de Alela Diane.

Alela Diane comienza también a disfrutar de algo nuevo, su merecido éxito. Paradójicamente lo hace con el tema To begin, una canción para la que sólo es posible un adjetivo porque es un tema perfecto. To begin es una canción a la que ni falta ni sobra, es redonda en forma y contenido. Yo me marcho estos días con ella puesta. Y quiero que todos los que me siguen comiencen también a disfrutar de ella. No creáis que os dejo cualquier vídeo, no. Las cosas que aquí pongo nunca son casuales. Os dejo su última aparición en público, la más informal, aquella en la que Alela regala casi un minuto extra de melodía que no encontraréis en el disco. Que su dulce voz no os confunda porque esconde mucha fuerza y con ella envuelve de inusual calidad un estilo folk verdaderamente modernizado. Dar con el equilibrio que ha logrado esta mujer en un género tan difícil es la mejor muestra de su potencial. Junto a ella destacan unos músicos igual de perfectos. Escuchadla y disfrutad, porque como ya he dicho es la mejor compañía con la que comenzar algo, y comenzar algo es siempre caminar hacia lo nuevo.

Viva la vida, Coldplay

Acaba este 2010 con alegrías y alguna desilusión, es cierto. Pero no me desanimo, no en un día como hoy. Como muchos de vosotros ando haciendo retrospectiva, tanto en lo personal como en lo profesional. No ha sido un mal año, tampoco ha sido de los buenos. Sobrevivo, que es mucho. Y conmigo sigue adelante este blog que ya tiene año y medio de vida. Un periodo de tiempo en el que ha ido cogiendo forma, adoptando estilo -aunque siempre misceláneo y ecléctico-; y en ese caminar ha ido cobrando amigos.

La tarea de escribir con cierta periodicidad algunas veces ha sido desagradecida. ¡Este blog le hace a una esclava! Pone el listón alto porque es el eterno reto con el que he de cumplir para sentirme cada vez más satisfecha con lo que escribo. He ahí su razón de ser. Pero en ese caminar no he estado sola. No. Me he visto arropada por infinidad de visitas. De gente amiga y de gente que no conozco, que me escribe y que me explica asuntos que les gustaría que abordase. A todos, incluso a los más ácidos (pocos, muy pocos la verdad), quiero darles las gracias porque sus palabras amables han sido mi premio, porque algunas de sus iras me han hecho reflexionar sobre mi modo de ver el mundo. Unas veces para perpetuarme en lo que digo, otras para vislumbrar nuevas perspectivas. No se me ocurre mejor manera de decir adiós, de despedir el año, que con este magnífico Viva la vida de Coldplay. Es sin duda una de las canciones que ha marcado un antes y un después en mi vida. De alguna manera, sé que ha abierto camino. Ahora que estamos a punto de dejar atrás el año viejo y dar la bienvenida al nuevo del que tanto espero (esperamos), me vienen a la mente un sin fin de cosas: de errores y aciertos. Pero la verdad es que no son tan importantes como la de dejar constancia del cariño y la admiración por una de las personas más extraordinarias que se han cruzado en mi vida. Querida Carmen, con esto me salto todas las reglas que intentan regir mi pequeño y personalísimo proyecto editorial (por llamarlo de alguna manera y no perder el hilo con la profesión). Pero creo que merece la pena. Y cuando llegue ese último viaje al que se refería Machado sé que ambas estaremos ligeras de equipaje. Lo importante será el recuerdo que dejamos y la sustancia que hayamos sacado a nuestras vidas.

Feliz 2011

‘Ni tiro la toalla ni arrío banderas’, Iñaki Gabilondo

Dejo a mis compañeros y amigos estas palabras de Iñaki Gabilondo. No sé muy bien si con el íntimo deseo de encontrar mis esperanzas porque tal y como reconoce este periodista, referente para la profesión, la ilusión no es eterna y lo único con lo que contamos es con nuestro esfuerzo y tesón.

Estas palabras de despedida llegan en un mal momento para muchos de nosotros. Y es el cierre de CNN+ el preludio de que la información no atraviesa por buen momento. Es más, teniendo en cuenta que a los espectadores sólo nos quedará Canal 24 horas de TVE (¡la pública!) para obtener sólo noticias, podemos afirmar que la información no interesa, no es rentable, está herida. ¿Será así de cruda la realidad?

La situación que tan bien describe Gabilondo no es nueva. Desgraciadamente es tan común en tantos otros medios y en tantos otros colectivos que es extensiva a toda la población.

Es la periodística una profesión que desde hace tiempo viene luchando contra la precariedad y que pocas veces da a conocer las limitaciones con las que en ocasiones trabajamos. No es el nuestro un colectivo que aúne esfuerzos y se levante para protestar. Más bien respondemos al tópico de que ‘cada palo que aguente su vela’.

Ahora que el periodismo ve peligrar su papel y su lugar, que atraviesa un periodo de transición para los más optimistas, del fin del periodismo para los pesimistas, conviene que la reflexión que hace Iñaki Gabilondo se haga en todas y cada una de las mesas de redacción de este país. Que se haga en empresas y despachos. Y que no se concentre únicamente en lo que atañe a las generaciones futuras. Salvemos primero las presentes porque sólo así tendrán futuro las que estén por llegar.

Creo que lo que tan bien resume Iñaqui Gabilondo lo venimos digiriendo muchos de nosotros, tanto los que trabajan como aquellos que han sentido esa ‘patada’ o están a punto de sentirla.

Si yo quise ser periodista fue por este señor. Si todavía me siento periodista también es por este gran comunicador, y por tantos otros que nos ponen el listón alto y que, al menos para mí, que no me canso de aprender, son el espejo donde quiero mirarme.

La vida es muy larga. Pasarán muchas cosas, desde luego. Pero a muchos de nosotros, periodistas o no, se nos llevará por delante esta maldita crisis porque fallan muchas cosas. Falla el propio sistema, nuestro mundo.

Podría aducir muchísimas cosas, pero me viene a la mente una que por contradictoria llama la atención. Tiene que ver con las propuestas del gobierno, también de la Unión, no pasemos por alto este piccolo detalle. No se puede pretender sacar adelante una ley que eternice la vida laboral de los que con 65 años han cumplido de sobra, cuando los jóvenes no tienen siquiera un hueco. Y cuando a los que están en la mitad de sus vidas se lo han robado. Este es el crimen de nuestra era. Una absoluta irracionalidad y tomadura de pelo, cuya responsabilidad recae en los gobernantes y su manera de dirigir cada pequeña parte de este mundo. ¿Acaso piensan en otras vidas que no sean las suyas? ¿Acaso cenarán mañana sin la alegría que estará presente en muchos hogares? ¿Pensarán cuando brinden en tantos sueños truncados, en la falta de expectativas, en este desastre social?

Este mensaje que lanza Gabilondo, es esperanzador al fin y al cabo, y no se me pasa por alto que también podemos objetar aquello de que ‘depende del cristal con el que se mire’. Este mensaje es el que muchos quisiéramos oir en boca de quienes realmente mueven el mundo. Pero no. Mira tú por donde, ha tenido que ser un periodista el embajador que porta un rayo de esperanza.

Vídeo disponible también en la web de El País.

Hit the road Jack. Ray Charles

Como para mí comienza un largo fin de semana, que sumara algún día extra, voy a regalarme esta canción que, además de ser un gran tema, tiene efectos beneficiosos para mi salud. Su ritmo consigue que olvide prácticamente todo y esta semana ha sido larga, larguísima. No tanto como para llegar a Albany pero casi.

Aquí la dejo para que engrose mi pequeña videoteca. Estoy segura de que aglutinará fans.