El mundo en una copa

Ahora que estamos en pleno apogeo de ginebras y tónicas, ahora que la noche se viste de Gin Tonic, combinado que ha evolucionado hasta relegar a segundos puestos prácticamente al resto de licores, hablar del culto al cóctel es más que una moda, es una realidad. Sean las bebidas en general, y los cócteles en particular, la constatación de acontecimientos sociales, reunirse en torno a una copa es también parte de nuestra historia.

Compartir una bebida es un elemento común de todas las culturas, de tal modo que forma parte del ritual de las buenas relaciones sociales. Si nos ceñimos a los cócteles, encontramos, además, el vehículo idóneo con el que festejar cualquier acontecimiento, a cualquier hora y en cualquier lugar, por nimio que éste sea.

El origen del cóctel permanece rodeado de anécdotas y protagonistas con los que deleitarse, pero de los que resulta fácil dudar. Sin embargo, si la buena cocina, como aseguraba J. Berjane, es como el amor, que necesita tacto y variedad, en cuestión de cócteles, además, se precisa una buena dosis de instinto e imaginación con el que alcanzar ese toque particular con el que distinguirse. Cuestión evidente pero no falta de enjundia.

Distinguir el origen del cóctel también es complicado. Éste podría estar en las violentas peleas de gallos, donde los ‘cocks’ (gallos) engullían una mezcla de bebidas alcohólicas con las que se enfurecían todavía más, y donde las ‘talis’ (colas) volaban durante las sangrientas peleas hasta los espectadores, quienes visionaban el espectáculo mientras bebían este mejunje al que finalmente llamaron ‘cocktail’.

En cualquier caso, reconozco que, de todas las historias que sobre su invención circulan, es la de una sensual y jocosa posadera irlandensa de Nueva Inglaterra la más divertida. En plena guerra de la Independencia americana, dicha posadera mimaba a soldados y clientes prodigándoles comida y bienestar, y si se terciaba, ponía a su disposición el resto de sus encantos. Su vecino, también irlandés, no veía con buenos ojos tanta atención y promiscuidad, así que se negó sistemáticamente a proporcionarle buenos gallos con los que alimentar a las tropas. Un día la posadera decidió hacerse con el mejor gallo del corral como venganza, y así, se lo robó para cocinarlo. Una vez guisado, la posadera acompañó cada plato con una peculiar bebida que adornó con las plumas del animal: ron con zumo de frutas. Como veis se trata de una venganza divertida y original.

Invención o realidad, quizás mito o leyenda, pero no cabe duda de la internacionalidad de un producto que ha sabido interpretar lo mejor de cada mundo. Margarita, Wind Surf, Vulcano, Bloody Mary, Dry Martini, Queen Elizabeth, Mojito, Manhattan o Tom Collins son sólo algunos de los combinados que armonizan varios sabores porque la coctelería no es más el arte de la mezcla.

En esa maestría el barman Diego Cabrera tiene mucho que decir. Con varios libros publicados y una carta al alimón con el chef Sergi Arola, es uno de los mejores representantes en esto de las mezclas. En su local, Le Cabrera, podemos comprobar la variedad y originalidad que rodea el mundo del cóctel. Un mundo que domina y que compartirá con los alumnos de la Universidad Complutense de Madrid durante el próximo curso de su original título Expertos en Periodismo Gastronómico y Nutricional.

Texto publicado en cursoperiodismogastronómico.com de la UCM.

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