On holiday

The other 'Flaming June' (stained glass pattern by Chantal Paré).

Flaming June es una obra que conduce hacia el cálido verano. Fue pintada en 1895 por Frederic Leighton (Sir Frederic Leighton en realidad), y hace algunos años que se aloja en una de las paredes de mi salón. Quizá permanezca ahí para no dejar de recordarme una parte de mi vida, aquella que transcurrió entre Alicante y Altea, uno de los muchos pueblos mágicos que tenemos y que todo el mundo debería visitar, a pesar de sus empedrados y de sus inclinadas cuestas.

Esta imagen atrae la mirada, bien por la placidez de su protagonista bien por el reparador descanso que parece abrigar, por esa calma que transpira. En Flaming June el tiempo cálido se detiene. Si recurro a esta obra que durante una larga temporada y empujada por la moda podía encontrarse en cualquier rincón, objeto o complemento es porque, a pesar del empacho, continúa gustándome. Me seduce su tranquilidad, el relax que de esta mujer emana y que invita al descanso y sugiere los afectos.

Ese tiempo suspendido, entre naranjas, sinuosas curvas y horizontes de mar, ocurre también en Altea; y ocurre también en cualquier otro lugar que comparta idénticas características donde el tiempo adquiere automáticamente un privilegio. Ese tiempo, que es igual para todos, en dichos lugares se dilata. Como si los días tuviesen más horas, uno vive más o uno hace más, o eso parece. Sin embargo, al final y echando la vista atrás, he llegado a la conclusión de que los días son largos en todas partes si uno se lo propone (y además le dejan, ¡para qué nos vamos a engañar! La cooperación es necesaria en algunos casos). Pero si los días son largos, los años en cambio parecen breves, pasan rápido. Por lo que no debemos perder ni un sólo minuto de nuestras vidas, cada una de ellas es única e irrpetible, como sus experiencias e idiosincrasias.

Detalle de la cubierta de 'Momo', del escritor Michael Ende (primera edición en 1973).

Este descubrimiento sobre el tiempo, que todos conocemos y raras veces seguimos, aumenta su dimensión según cumplimos años por lo que cuanto antes se interiorice, mejor. Es seguro que nunca contaremos con el tiempo suficiente para poder materializar todos nuestros sueños. Pero la vida tampoco es una competición. Es un período, quizá el único posible, del que disponemos para aprender, disfrutar y compartir.

He de reconocer que forzada por la situación me dispongo a descansar y a compartir mi tiempo. Voy a tomarme unas buenas vacaciones, que por otro lado me hacen falta. En su transcurso intentaré aplicar lo que aquí predico mientras voy cambiando mis escenarios. Me he prometido impedir que la situación, compartida y común, me supere, así que aprovecho para retomar proyectos, desempolvar libretas, retomar lecturas, hacer fotografías y desarrollar ideas, preparar cierto material. El último de estos proyectos (y uno de los que más me entusiasman) es el que explico en el post anterior y que ya está en marcha.

El Diapason y yo estaremos de vuelta en septiembre y muy probablemente lo hagamos desde ‘la bella Italia‘, al menos por unos días. Digo probablemente porque no hay plan que no pueda venirse abajo, por mucha voluntad o por más que apliquemos esfuerzo, o por más calendarios que queramos cumplir, o por cualesquiera de las metas que nos hayamos propuesto alcanzar. No obstante, desde Italia o no, me parece interesante pararme a pensar en que no es lo mismo fijarse metas que adoptar decisiones, pues las primeras una vez cumplidas desaparecen y las segundas requieren esfuerzo, perseverancia o fuerza de voluntad. Fácil es rendirse, es más, creo que verdaderamente nos sobran motivos para hacerlo. Pero si lo hacemos, si cedemos, ¿cuál será el siguiente paso? ¿La desesperación? ¿La apatía? ¿Un absoluto desencanto? Quizás el avance hacia ‘la Nada’ que explicó Michael Ende. Como no podemos permitirlo (al menos yo no puedo), me agarro a mi particular puñado de decisiones. Con ellas me marcho dispuesta, no obstante, a regresar. Es posible que la situación económica no haya cambiado, que los niveles de paro aumenten, que no encontremos trabajo, que poderes varios sigan campando a sus anchas, que nos valoren por debajo de lo que cada uno de nosotros vale. Aún así debemos recordarnos cada día que no somos uno más, por mucho que insistan en ello. Esta es una de las grandes mentiras de este sistema injusto y criminal. También es posible que la indignación repose estos meses estivales para volver a la carga, para estar presente, para ejercer más como “conciencia” que como oportuna “fisiología” social. Ya lo veremos. De momento, apostemos por el retiro, por el descanso y la reflexión. Apostemos por encontrar soluciones. Apostemos por un feliz verano.

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