Waterboys, The Whole of the Moon (1985)

The Waterboys

Ando completamente afanada tratando de mejorar tanto en lo personal como en lo profesional. Ampliando horizontes porque presiento que mis lecturas van a ser mi único consuelo, mi guía hasta el final. Esforzándome y robando tiempo a una plácida y regalada vida con el único objetivo de clarificarme aún más. A veces, lo confieso, contengo mi rabia porque me asaltan ganas de abdicar, de rendirme a la vida, y también a la nevera olvidando grasas y kilos de más, de rebuscar en mi bodega y descorchar una, dos o tres botellas para beberlas y agotarlas sin escatimar una sola gota. A estas alturas y con este panorama social, me pregunto ¿a qué viene tanto esfuerzo?, ¿para qué este desgaste personal? Con la que parece ser una verdadera revolución en ciernes a nivel social, y con la moda de omnipresencia digital en nuestras vidas, cada vez me encuentro más fuera de lugar y no por cuestión de adaptación o intolerancia. Afortunadamente mis alergias son triviales y obvias, rozan lo vulgar. Sin embargo, para alguien como yo, que le gusta la profundidad (¡me gusta tanto que cada vez escribo menos y pienso más!), resulta difícil ver en estos momento con claridad. Pero mi despiste es universal. Así que me sumo a tantos otros, a escépticos, indignados y vulgo en general.

La cuestión es que siempre andamos con la maldita relatividad. Parece que resulta imposible vislumbrar la totalidad de la luna, que estamos condenados a permanecer en una de sus dos caras, de sus dos polos opuestos, de su intrínseca dicotomía entre claros y oscuridad. Y no es cierto, a pesar de la deliberada insistencia y de los Waterboys y este tema que aquí dejo para armonizar mi discurso tan ecléctico como (ir)racional. Ahora más que nunca el mundo está siendo consciente y está aplicando una mirada global. Yo también la estoy ejerciendo porque tenemos un gigantesco abanico de problemas, no sólo problemas que nos atañen directamente y no sólo problemas de crecimiento, empleo y seguridad. Tenemos un fuerte problema de identidad como pueblo en su conjunto, como humanidad, como sociedad global. No hay valores que defender porque estamos rendidos, plegados a un mundo meramente comercial. Despistados y plegados: personas, medios, partidos… ¡hasta en mi vecindad! Ésta es incapaz de poner orden en los garajes y así andamos con motos y bicicletas por los pasillos y hasta muebles y bidones en algún que otro lugar. Que más que un garaje parece un rastrillo, eso sí, un rastrillo muy universal.

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