Gay Talese, un hombre serio

Ilustración de Joe Ciardiello para 'Barnes and Noble Review'.

Gay Talese no impresiona por sus supuestas lecciones de periodismo que algunos medios han destacado y que muchos damos por sabidas. No. Tampoco por la insistencia de Juan Cruz en que, el hombre que teníamos delante todos los que asistimos al encuentro organizado por la UCM y El País con el periodista, había dedicado una vida a dignificar el oficio. Ni siquiera me temblaron las canillas cuando redundó en su falta de miedo, en su afición al trabajo o en que  había parido míticos textos. Talese impresiona por demostrar una conducta inversa al estrellato que sin duda merece. Impresiona por ser un hombre sencillo y atento, excelentemente vestido y muy serio. Un hombre con la lucidez intacta. El Talese que vino a visitarnos sigue igual de despierto, es un hombre en perfecta conexión con los tiempos. Pero lo que verdaderamente deja sin habla de este periodista es que cuando se miran sus ojos y al tiempo se escucha lo que habla descubrimos la humildad de un hombre dedicado ala palabra. Yesa misma transparencia desprende su silueta, a pesar del impecable traje y de sus impresionantes zapatos de color granate, de piel y de ante. Coqueto, Talese completa, o da sentido, a la tantas veces injustificada y regalada palabra ‘caballero’. Tiene ojos pequeños y sonrisa sincera. Es agradable y educado, una leyenda viva. (¡Qué decir cuando a pesar de tenerlo todo en contra firmó mis ejemplares, me atendió con igual respeto y añadió un tic de simpatía que me guardaré muy dentro!).

Fotografía de la cubierta del libro 'Retratos y Encuentros' de Gay Talese editado por Alfaguara.

Gentilezas al margen, no puedo descuidar el hecho de que su detallado aspecto no reviste confusión. Quien ha leído sus textos sabe que suele mancharse las manos, que no huye, que se recrea observando. Si algo define a Talese es la afición manifiesta de fijarse en personajes aparentemente secundarios. Personajes que comparten el mismo espacio en el que se concentran los motivos de sus historias y a los que Talese describe con tanto acierto por el empeño de resaltar lo bueno y lo malo, lo humano. Puede que el talento se trabaje, no lo discuto, pero sin corazón no hay talento que valga y este periodista nacido en Nueva Jersey (en Ocean City en 1932), que vive en Nueva York y que ha escrito sobre gángsteres, boxeadores, ladrones y hasta cortadores de césped, se divide entre psicología y corazón. Ha trabajado para periódicos como The New York Times o revistas como Times, Esquire, The New Yorker o Hasper’s Magazine, entre muchas otras. Y en cada una de estas publicaciones ha dejado retratos de imperfecciones, alegrías y penas. Ha sabido explotar su percepción psicológica para acercarse y profundizar en cada uno de sus personajes. Pero lo más importante, el secreto de su éxito, es que a Talese siempre se le han agolpado los interrogantes. Nunca se ha cansado de trabajar, pero de trabajar aprendiendo. Y ha tenido el suficiente criterio para aparcar lejos cualquier prejuicio o convencimiento. Él es el mejor ejemplo porque con semejante aspecto cualquiera podría pensar que se encuentra ante un lord inglés, mas cuando se le mira atento se comprende que es tan bueno porque es paciente, porque guarda silencio y escucha, y es en ese momento cuando aparece la figura periodística que retrata sin traicionar valores y confianzas. “Hoy se puede contar igual que antes”, dijo, “pero no podemos mentir, no debemos sacar ventaja de la gente, violar su confianza”.

Talese, que confesó su desapego por el poder, su desinterés por informaciones lanzadas desde el Capitolio, puede presumir de poder mirar a la cara a cualquiera de sus entrevistados. Nueva clave, si se quiere, pero de lo que no hay duda es de que este periodista sabe que cualquier aspecto de nuestro mundo está rodeado de zonas marginales, “zonas grises en las que se encuentran las razones de determinados comportamientos”, y que para descubrirlas debemos ser pacientes, debemos “tomarnos el tiempo suficiente” y no cansarnos de escuchar. Y ésta sí es una lección que no se puede aprender porque está contenida en la carga genética. Así que sólo me queda darle las gracias al señor Talese. Gracias por venir a la Complutense y seguir representando lo mejor de un clásico.

Publicado en la revista universitaria Alétheia-MuiP.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s