Mapas Mentales. Una técnica para la educación inteligente


El empleo de un mapa mental puede ayudarnos a recordar, con mayor facilidad, las características asociadas a cada color. Ilustración de Sara Puig.

¿Se han sentido alguna vez incapaces de retener un torrente de información? ¿Han percibido dificultades en sus hijos a la hora de comprender, recordar y explicar lo aprendido o estudiado en clase? ¿Les cuesta relacionar conceptos o recrear una buena exposición ante jefes y compañeros? Si es así, debe saber que ni son hechos aislados ni sucesos extraordinarios. Existe un ingente número de personas, entre los que se encuentran adultos, jóvenes y niños, para los que digerir o recordar un texto resulta complicado, y para los que la técnica del aprendizaje con mapas mentales puede ser la solución.

¿Qué es un mapa mental?

El catedrático de didáctica de la Universidad de Córdoba y autor de varios libros sobre el tema, el profesor Antonio Ontoria Peña, explica que los mapas mentales se identifican con la expresión “pensamiento irradiante”. Es decir, se identifican con las asociaciones y relaciones que se establecen a partir de una unidad central (sentimiento, idea, imagen, situación) que se expande en distintas direcciones. Un mapa mental es, por tanto, una construcción temática (un esquema gráfico) que nace de una palabra, o concepto clave, colocado en el centro de un folio o en la pantalla de un ordenador. De ahí se extiende y ramifica mediante flechas, números, símbolos o grupos de palabras que guardan relación con la cuestión abordada. De tal modo que al finalizar el mapa mental conseguimos visualizar con un simple golpe de vista todas y cada una de nuestras ideas.

El campo de actuación de los mapas mentales es amplio y va “desde la creatividad hasta la memorización y organización de la información”, señala el profesor Ontoria quien nos recuerda, además, cómo los mapas mentales hacen de jóvenes y adultos seres capaces de recordar, relacionar y transmitir ideas sin necesidad de ayuda extra.

El origen: De la Grecia antigua al siglo XXI

El padre de los mapas mentales fue Tony Buzan, reconocido autor que en su etapa de estudiante, harto de padecer apuntes interminables, optó por relacionar con imágenes, líneas y ramificaciones las ideas principales de lo que escuchaba en clase o leía en libros. Aunque adaptado a las necesidades intelectuales modernas, el sistema ideado por Buzan tomó como referencia el método mnemotécnico de los griegos, basado en el desarrollo de la imaginación a través de la asociación. Buzan se dio cuenta de que el cerebro era capaz de tejer una cantidad ingente de pensamientos, y de que estos, correctamente organizados mediante mapas mentales (esquemas a golpe de vista), proporcionaban al estudiante, trabajador o intelectual la herramienta perfecta con la que, de manera sencilla pero eficaz, exprimir al máximo su capacidad mental. Y el redescubrimiento causó tanta expectación que la cadena de televisión BBC contrató al autor que desarrolló una serie de programas sobre los mapas mentales y su uso en la educación infantil. Y de ahí, el salto de la técnica a numerosos centros de estudios y también a escuelas de negocios y empresas. De hecho, los mapas mentales contribuyen cada día a mejorar la eficiencia y los resultados de los procesos productivos de organizaciones como Disney, Microsoft e incluso la NASA. En su último trabajo, Buzan aborda todos y cada uno de los aspectos que conciernen a las principales áreas de la empresa: desde marketing y venta hasta liderazgo y gestión de proyectos.

Beneficios y aprendizaje sin fecha de caducidad

Los mapas mentales constituyen, tal y como explica Tony Buzan, “una poderosa técnica gráfica que aprovecha toda la gama de habilidades corticales, incluyendo palabra, imagen, número, lógica, ritmo y percepción espacial, y pone en marcha el auténtico potencial del cerebro”. Esto quiere decir que, si somos capaces de manejar con éxito dicha técnica, sacaremos mayor partido a nuestras capacidades mentales. En el campo de la educación, donde es experto el profesor Ontoria, “los beneficios presentes y futuros de estudiantes y mayores pueden ampliarse y potenciarse de manera que la técnica pase a formar parte del modus operandi intelectual, tanto en el trabajo como en la vida personal”.

La metodología que siguen los mapas mentales está basada en el aprendizaje integral, “holístico o global”, en el que confluyen tres dimensiones: pensamiento, afectividad y comportamiento. Con lo que, en el caso de los más jóvenes, se consigue además estimular al estudiante emocionalmente e implicarle directamente en su aprendizaje.

Los docentes que emplean mapas mentales como complemento en sus clases distinguen tres modalidades acordes con el momento psicológico de desarrollo del estudiante:

1) Mapas predominantemente gráficos y simbólicos, utilizados en los primeros años de la educación primaria (imagen y color son los elementos base).

2) Mapas con predominio verbal y gráfico, en los que se emplea la lectura y se potencia el vocabulario (uso de palabras-concepto).

3) Mapas con predominio verbal en etapas de educación superiores, en las que se trabaja la palabra y el concepto con los que ayudar a construir un discurso o una explicación sin necesidad de apuntes o notas.

Con este enfoque se facilita la iniciativa, la  libertad y la responsabilidad del alumnado. “Educar a través de los mapas mentales facilita la integración en la sociedad del siglo XXI”, indica el profesor Ontoria, para el que “andamos necesitados de creatividad y actitudes emprendedoras”. Nuestra sociedad, añade, “está creando formas nuevas de pensar, sentir, actuar y ser”. Por eso, los educadores deben estar abiertos a nuevas metodologías con las que estimular al alumno y motivarle. Y es a etapas tempranas donde el alumnado se muestra más receptivo. Una vez aprendida la técnica, su utilidad se prolonga hasta donde uno quiera.

Publicado en la revista ‘Mejores Padres’, abril 2011.

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