Hunter S. Thompson: seis años de ausencia

Uno de los magníficos irreverentes del siglo XX, Tom Wolfe, calificó en su día la obra Miedo y Asco en las Vegas, de Hunter S. Thompson, como “una obra cáustica que marcará época y causará sensación. Los dos adjetivos que más le gustan a los escritores son ‘brillante’ y ‘escandaloso’, y Thompson hace méritos para ambos”. A día de hoy sólo podemos concederle la razón.

Hunter Stockton Thompson nació en Kentucky, un 18 de julio de 1937 y pareció venir a este mundo para dejar una profunda huella. Un alegato que, acompañado del escándalo, la ignorancia y la hipocresía, sirvió para denunciar una sociedad norteamericana absolutamente cegada de barras y estrellas.

El autor que en 1971 publicó Miedo y Ascos en Las Vegas, convulsionando conciencias y asombrando al resto del mundo por su franqueza y su confesada relación con las drogas, comenzó su trayectoria profesional de la mano del periodismo deportivo y terminó “consagrándose como una de las grandes estrellas de la célebre revista Rolling Stone”.

Profundo conocedor del mundo de las drogas, Thompson quiso dejar el testimonio de sus más inquietantes alucinaciones, seguramente hostigado por su propia conciencia y el escenario de su época. La ‘cultura de las drogas’, como bautizarían las autoridades estadounidenses al fenómeno creciente del consumo de sustancias alucinógenas y sus fervientes seguidores entre los años 60 y 70, principalmente, se instaló y prosperó en Estados Unidos, extendiéndose a varias generaciones que terminaron dándose por perdidas.

El final de la década de los sesenta estuvo protagonizada por la guerra del Vietnam, por el movimiento pacifista que proliferó a su alrededor como consecuencia de la nefanda política de Lyndon B. Johnson y su obsesión comunista, y con el relevo, nada esperanzador, de uno de los gobernantes más turbios del siglo XX, Richard Nixon.

Hunter S. Thompson. El periodista se suicidó el 16 de febrero de 2005.

Una época convulsa de sentimientos exaltados (pacíficos y belicistas), que contrastaba con el pasotismo de una sociedad civil instalada en el consumo, y con las ansias de expansión, crecimiento y liderazgo de un país.

En este caldo de cultivo, Hunter S. Thompson, al igual que hicieran muchos otros ciudadanos anónimos y soldados incapaces de hacer frente a lo vivido en la guerra del Vietnam, comenzó su destructivo viaje personal hacia una realidad mojigata, obscena e interesada de la sociedad norteamericana. Thompson, no pudo pasar por alto estos hechos, a pesar de ser consciente de que su papel como protagonista de uno de los momentos más intensos de la historia contemporánea también dejaba mucho que desear.

Tal fue su éxito y la impresión causada que su increíble historia fue llevada al cine por el director Terry Gilliam, en 1998, quien delegó las principales interpretaciones en Johnny Depp y Benicio del Toro.

Esa franqueza, esa denuncia social y esa asunción personal en torno a las drogas le llevaron a desarrollar un estilo de narración que posteriormente se ha bautizado como Periodismo Gonzo. Lo que ni a la sociedad norteamericana ni a nosotros nos queda muy claro es si ese sentimiento y necesidad de denuncia nace como consecuencia de su trabajo o de su ‘asco’ personal hacia los acontecimientos; aunque es casi seguro que se deba a una mezcla de ambas cosas. En cualquier caso, su libro fue un jarro de agua fría para Norteamérica y su cacareada búsqueda del sueño americano. Con su obra demostró la consecuencias de esa búsqueda y que otra forma de narrar era posible. Un estilo y una dirección que aportaba sustanciales matices al lector.

Con Miedo y Asco en Las Vegas el periodista desmontó cualquier teoría efectiva sobre esa búsqueda por alcanzar el sueño americano; Thompson puso sobre la mesa un problema al que no podía dejar de prestarse atención, en el que estaba personalmente involucrado. No quiso continuar con los ojos cerrados ante la hipocresía de una sociedad que convivía con ese fenómeno. Thompson evidenció también la necesidad de análisis de los múltiples factores responsables.

Su principal aportación, al margen de lo anterior que toca lo social, fue crear una manera de enfrentarse a los hechos en las que el narrador es también el catalizador. Thompson está allí, inmerso en la historia, en los acontecimientos, para mostrarlos a través de la acción y sus efectos. Involucrándose en los hechos, consigue trasladar con máxima eficacia las experiencias. La esencia de algunos pasajes de sus relatos, en los que aplica el estilo gonzo, en los que están presente el absurdo o el surrealismo de situaciones concretas, quedan así en primera persona, causando fuerte impresión y sumando ese valor añadido inherente en el periodismo que se llama veracidad. De su paso por la profesión y de su vida encontramos grandes dosis en el documental que dirigió en 2008, Alex Gibney. Gonzo: vida y hazañas del Dr. Hunter S. Thompson es al tiempo homenaje y confesión.

Ese periodismo gonzo, que le caracterizó, fue fruto del azar según su creador. Debe el nombre a las palabras de un amigo de Thompson quien siempre empleaba ese término para referirse a “esas personas que tienen la mente peor que los locos”. Pero este asunto es espinoso porque dicho término parece que también lo empleó el periodista Bill Cardoso (del Boston Globe) para describir el artículo de Thompson titulado El Derby de Kentucky es decadente y depravado, un trabajo en el que el periodista de Miedo y Asco en Las Vegas presta más atención a todo lo que rodea el acontecimiento y que es decadente.

Portada del documental dirigido por Alex Gibney (2008) sobre la vida del periodista Hunter S. Thompson.

El gonzo es un estilo periodístico, del que continuamente se está riendo su progenitor -quien también se asombra de ser doctor en periodismo, título sobre el que pretende llamar la atención y que emplea como recurso para mostrar el síntoma de un mundo enloquecido y cegado, un mundo preocupado en fenómenos secundarios y en su propia satisfacción- no le abandonaría a lo largo de su vida. A pesar de haber escrito varios libros, el periodista siempre tildó de crónica cualquiera de sus escritos. Absolutamente todos ellos fueron fruto de la experiencia.

Y de tremendas experiencias está llena la vida de este periodista. Su pasado rebosa episodios escandalosos. En alguna ocasión se autocalificó como delincuente, afirmando que sabía “más de las cárceles que la mayoría de los convictos del país”. De los 15 a los 18 su vida transcurrió entre rejas; su primera experiencia con las drogas duras comenzó precisamente en prisión.

Thompson fue corresponsal del New York Herald Tribune en el Caribe y corresponsal en Sudamérica para el National Observer hasta 1963. A su regreso a Nueva York comenzó a colaborar en publicaciones como Esquire, el magazine del New York Times, Nation, Reporter y Harper’s. En 1966 se vio inmerso en un submundo de violencia y radicalismos junto a la famosa banda de motoristas ‘Ángeles del Infierno’. De esa experiencia dejó buena nota en la que fue su primera novela Los Ángeles del Infierno. Sus múltiples escándalos y su franqueza no impidieron que se reconociera su talento y su aportación al periodismo; Thompson llegó a ser el redactor jefe de la revista Rolling Stone entre 1969 y 1974.

Irónicamente Thompson siguió la campaña presidencial del Richard Nixon por el que no sentía el mínimo respeto. Y aún tuvo tiempo de ofrecer su candidatura a sheriff de Aspen -de haberlo logrado hubiéramos tenido la oportunidad de disfrutar de una nueva y genial entrega de los absurdos que pueden llegar a materializarse, conforme a las bases aleatorias de ese gran sueño americano donde todo es posible-.

Este periodista pletórico de experiencias, desafiante y transgresor, terminó quitándose la vida el 19 de febrero de 2005 a la edad de 67 años. En su obra dejó increíbles pasajes, testimonios de una época. “Lejos de mí la idea de recomendar al lector drogas, alcohol, violencia y demencia. Pero debo confesar que, sin todo esto, yo no sería nada”, reconocía Thompson con una sinceridad sorprendente. Sin embargo, muchos tildaron al periodista de narcisista, y le acusaron de explotar excesivamente su éxito.

Lejos de entrar en polémicas sobre el egocentrismo del autor en su obra y su proyección en la vida real, lo cierto es que Thompson se atrevió a denunciar sin ningún tipo de prejuicios el lado más lúgubre del sueño americano con todas sus consecuencias. Colocando con ello en muy mal lugar al gobierno y a cualquiera de sus prolongaciones administrativas, dejando en entredicho la aparente bondad de un sistema, y ofreciendo al mundo la cara más oscura del ser humano, drogadicto o no.

Publicado en la Revista Universitaria Alétheia-MuiP.

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