‘El periodismo en la era Wikileaks’


Julian Assange. Imagen http://www.clarin.com.

Somos los periodistas los que continuamente estamos revisando nuestro trabajo, y en estos momentos, gracias a la tormenta Wikileaks, analizamos si cumplimos con eficacia el tradicional papel de intermediarios sociales. La investigación sobre asuntos turbios de Estados y gobiernos siempre ha sido cosa de ‘periódicos’. Eso hasta que Julian Assange irrumpió en escena demostrando una asombrosa capacidad para hacerse con información relevante, controvertida y escandalosa que pone en evidencia las palabras de los actores políticos y de la función del periodismo.

Es cierto que la filtración no puede considerarse por sí misma periodismo puesto que los ‘papeles’ tienen únicamente el valor de una documentación oficial y oficiosa que ha visto la luz y que deja en muy mal lugar a sus protagonistas. Para que esos mismos informes puedan convertirse en periodismo precisan de estudio, verificación, contraposición y contextualización. Y ahí es precisamente donde entra en juego la profesión.

Como quiera que sea, Assange ha demostrado ser “un revulsivo para el periodismo”. Así lo definía ayer el fotógrafo y premio Pulitzer, Javier Bauluz, en el debate que organizó ayer el diario El País en el auditorium de Caixa Forum de Madrid titulado ‘El periodismo en la era Wikileaks’. Algo en lo que coincidió el subdirector de ABC, Borja Bergareche, para quien la filtración “dinamiza el periodismo”.

Pero a lo mejor la pregunta que deberíamos hacernos es por qué ha tenido que ser un tipo como Assange el que ha levantado el mayor escándalo de nuestro tiempo. ¿Acaso no es la investigación uno de los principales motores del periodismo?

Javier Bauluz insistió en algo que sí evidencia el compromiso del periodismo con la información. Para el periodista los medios de comunicación no investigan porque hace tiempo que van a la deriva, que “atienden más al negocio que a la vocación de servicio público”. Y si a esto añadimos la función de los gabinetes de comunicación, las ruedas de prensa que no lo son, las comparecencias interesadas y los titulares confeccionados para convertirse justamente en eso, en titulares, obtenemos un periodismo altavoz y poco creativo.

Sobre el hecho de que la información debía ver la luz, a mí, al menos, no me cabe duda alguna porque lo que se está revelando no son chismes, ni cotilleos, ni rumores. Son palabras cargadas de sentido que proceden de personajes públicos con un papel relevante en la dirección de sus países que los ciudadanos tienen todo el derecho a conocer. Más aún cuando estas dejan claro que discursos y acciones van por distinto lado.

Javier Moreno, director del diario El País periódico que está sacando a la luz los documentos de Wikileaks.

Javier Moreno, director del periódico español que está difundiendo las informaciones, explicó lo que es, ha sido y será la base del buen periodismo, la razón de su existencia y el secreto para garantizarse la permanencia. Para el director de El País todo se reduce a la responsabilidad en el trabajo, y aludiendo al caso Gürtel (del que dijo poseer abundante información de contenido sexual) desveló que, de toda la información que poseen sobre la trama corrupta, han publicado tan solo una parte: aquella que no atentaba contra la esfera privada de los protagonistas. Ésta es la labor en la que sí juega un papel clave el periodismo serio. Una labor que atiende directamente a los filtros deontológicos que rigen la profesión. Cabría preguntarse si Wikileaks y Assange hubieran ejecutado con eficacia ese quehacer y esa responsabilidad estrictamente periodísticos.

Alicia G. Montano, directora del programa de TVE, Informe Semanal, que también estuvo presente en este interesante debate, dijo que la filtración “no es periodismo”, aunque reconoció su valor.

¿Ha dejado Wikileaks en evidencia a los medios de comunicación? ¿Ha realizado su trabajo? ¿Lo ha sustituido? ¿Lo sustituirá? En mi opinión, Julian Assange ha demostrado una extraordinaria capacidad y eficacia para hacerse con datos e informes, pero ha tenido que recurrir a grandes periódicos para dotarles de todo el sentido que sin la labor periodística jamás habrían alcanzado, y han sido estos los que le han otorgado lo más importante, la credibilidad.

La jugada de Assange demuestra que estamos ante un tipo que no sólo se hace con la información sino que, con desmesurada inteligencia y estrategia, evita buena parte de los problemas que le habrían sobrevenido de haber afrontado en soledad la difusión. Wikileaks ha transformado el ecosistema de la información, reconocían todos los ponentes en este debate que moderó el periodista Ignacio Escolar (www.escolar.net) y que contó con la participación del corresponsal de The Guardian en España, Giles Tremlett. No sólo lo ha transformado sino que, ahora y en palabras del Pulitzer español, “el megáfono de la información” no está en las mismas manos, aunque sea la función periodística la única capaz de asegurar, con rigor y garantía, la veracidad de aquello de lo que se nos informa.

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