Cocinar hizo al hombre, de Faustino Cordón

Selección, evolución y supervivencia rodean al ser humano desde que nuestros rudimentarios antepasados decidieron descender de los árboles obedeciendo instintos primarios.

Todo lo que sucede “está determinado por la evolución”. Así de rotundo se han mostrado numerosos científicos, y así de categórico se muestra también el desaparecido profesor Faustino Cordón en la obra ‘Cocinar hizo al hombre’, un nutritivo volumen en el que nos explica la importancia e influencia del medio en el origen de la especie humana.

Con frecuencia y casi por obligación, cuando escuchamos hablar de la selección natural de las especies recurrimos a Charles Darwin. Sin embargo casi siempre olvidamos que, en lo que atañe al hombre y su dominio sobre la Tierra, la alimentación y más concretamente la transformación de los alimentos resultó vital. Lo cierto es que la nuestra no es tanto una historia de selección natural como de deliberada intervención animal acuciada por la necesidad de garantizar el alimento.

'Cocinar hizo al hombre' de Faustino Cordón está editado por Tusquets, Colección Los 5 Sentidos.

Una historia humana que comenzó hace 15 o 20 millones de años cuando una especie animal y originaria se dividió dando lugar a dos importantes grupos: los “grandes monos y los grandes homínidos”. Sólo una de estas especies descendió al suelo hasta transformarse en homínido, y fue ese homínido el que evolucionó hasta devenir en hombre.

El medio fue modelando la conducta y la configuración corporal de esta especie en tres cruciales actos, de los que uno transcurre en la fronda del bosque y los dos siguientes en suelo y campo abierto.

El mono que desciende, el que nos interesa, comienza a agudizar su vista, desarrolla tareas de cooperación, se esfuerza en la búsqueda de su seguridad -sobre todo cuando es más vulnerable, por la noche, cuando el cansancio obliga al descanso y la inactividad-. Nuestro antepasado hominidae evoluciona y descubre útiles –pasa de emplear palos y piedras comunes a utilizar herramientas con una finalidad-. Descubre el fuego y precisa del lenguaje para comunicarse; al principio con sonidos guturales que indican la proximidad del peligro, luego con la precisión y variedad de sonidos que señalan determinadas acciones de grupo, sonidos más profundos en cuanto a significación. Y un largo transcurrir finalmente consigue dominar el espacio gracias a la palabra.

En este apasionante viaje es la intervención del hombre la que transforma el equilibrio natural estableciendo diferencias respecto al resto de animales que manifiestan “pautas de comportamiento”; él, en cambio, se “atreve, hace, prueba”.

El trascendental lenguaje, que establece las bases de la incesante actividad humana, fluye gracias a la actividad culinaria. De animal heterótrofo pasa a ser una animal autótrofo que no se limita a un solo alimento sino que lo prepara y produce, distinguiéndose así del resto de animales de su entorno. Fue la aparición del fuego y la posterior actividad culinaria la que establecieron las condiciones idóneas para la comunicación en una primitiva sociedad basada en la cooperación.

Venciendo la repugnancia a comer alimentos extraños nace un homínido cocinante; el único animal para el que paradójicamente el alimento artificial es su natural alimento. Es la cocina la que mueve a la acción, la que perfecciona el lenguaje indicando además de un verbo el predicado; la nueva actividad conlleva una serie de acciones ordenadas que van desde la recolección y el almacenaje a la transformación, para posteriormente ir perfeccionándose y pasar del fuego directo al barro y la cazuela.

Así que en el mismo año en el que Darwin y su crucial obra cumplen 151 años, escoger el trabajo de Faustino Cordón como complemento a la lectura del viaje evolutivo de las especies no está demás.

Cordón, que en su momento sorprendió al universo científico con esta obra, confiesa en la misma que su objetivo fue la persecución del pensamiento verdadero con el que influir en el continuo desiderátum que alberga todo hombre de ciencia. No se olvida este científico y profesor de lanzarnos una crucial advertencia: el disfrute gastronómico es una de tantas formas de gozar. Al igual que elevamos a la categoría de amor el placer sexual, la cocina se ha transformado en gastronomía gracias al afinamiento y conocimiento del paladar. “Como el pintor o el músico, el artista de la cocina debe trabajar para lograr un goce estético que el buen gastrónomo apreciará”. Y por eso, ‘Cocinar hizo al hombre’ es una lectura obligada para todos aquellos que aspiran a convertirse en eficientes estudiosos de la gastronomía porque, al fin y al cabo, es en el origen donde encontramos muchas de las explicaciones a nuestros más triviales impulsos genésicos.

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