Miel, ¡qué gran regalo!

Si escuchan hablar sobre un alimento completamente natural, libre de manipulaciones y añadidos, seguramente piensen en la miel. Recientemente, un buen amigo me ha obsequiado con un soberbio lote de miel de La Alcarria. No se trata de una composición fría y mercantilizada, no. Sino que, en vulgar y reutilizada bolsa de plástico, ha introducido varios tarros de miel de distintas variedades y cosechas, las cuales, lejos de seducir con estudiados embalajes, convencen por textura, aroma y sabor. O sea con lo importante, con lo auténtico.

Las bondades de este alimento, fuente natural de energía, hacen del ambarino néctar un alimento sin competencia. Sus beneficios son muchos. Facilita la conciliación del sueño, mejora el rendimiento intelectual, reduce el apetito, aumenta la respuesta inmunitaria y es un magnífico antidepresivo natural.

Así que no tengo más que palabras de agradecimiento por tan especial y nutritivo obsequio. Creo que los regalos espontáneos, que se ofrecen de manera desinteresada, son una de las mejores señas de identidad con la que reconocer a quienes verdaderamente le importamos. A la hora de escoger entre las múltiples opciones con las que obsequiar a alguien, el hecho de inclinarnos por bebidas y alimentos con las que agasajar indica una consideración especial. Si para más señas, la homenajeada es una auténtica devota de la gastronomía, y el presente se engloba dentro de sus infinitas posibilidades, la cosa cobra aún mayor significación. Y la tiene porque ese dulce al que le tengo tanto aprecio, tan amable con el organismo como con el paladar, cuando procede de pequeñas cosechas, como las que ahora descansan en mi despensa, llevan a cuestas muchas historias que hay que saborear.

Anuncios