Sobre la fotografía, de Susan Sontag

Si la magdalena de Proust estimulaba los recuerdos de manera superficial, la clásica obra de Susan Sontag titulada Sobre la Fotografía avala dicha teoría y va más allá. Para Sontag, que escribió este libro hace treinta y siete años, la fotografía -y por tanto el objeto, la cosa- no sólo despierta la memoria sino que la reemplaza por completo.

Desde que la fotografía se presentase en sociedad como símbolo o emblema de modernidad ha ido ganando terreno, afianzándose en el arte y en la vida civil. Atados a recuerdos con el apoyo fotográfico de álbumes, marcos y demás tipos de impresiones caminamos sin reparar en la invasión icónica en la que nos vemos inmersos. Vivimos y sentimos conforme a su orden y mensaje.

Esta teoría o circunstancia, incrustada a veces en ausencia de consciencia, supone la aceptación de una experiencia personal (pasada y presente) desde la distancia para después trasladarse de lo personal a lo general, a lo mundial, afectando a nuestra concepción y percepción del mundo y a la interpretación de sus múltiples sucesos.

Portada del libro Sobre la Fotografía de Susan Sontag. Editorial Alfaguara.

El poder de la fotografía se encuentra en la creencia de que refuta lo que muestra; aquello que aparece se convierte en realidad. Pero esa realidad está impregnada de “un halo invisible, del gusto y la conciencia del autor”. Narra la autora que “a pesar de que el disparo proceda de un acto involuntario o indiscriminado o lo realice una modesta mano inexperta es, precisamente, ese gesto de pasividad inocente el que evidencia todo el poder de la imagen”. En las manos del que sustenta la cámara se encuentra el poder porque escoge y selecciona, fragmenta la realidad (puede alejar, acerca o esconder lo bello y feo en sus sentidos más amplios y variados que quepa imaginar).

Pero esa fotografía que nos sirve para informar, recordar y sentir, también nos sirve para poseer. Uno de los muchos aciertos que lanzó Sontag en Sobre la fotografía fue la detección de la participación activa del observador de imágenes; es el espectador el que decide los efectos de la contemplación. Con el sobreañadido de que el poseedor de imágenes ostenta otro magnífico poder: el de apropiación pues puede observar y disponer de la imagen a su antojo.

Dice Sontag que “la cámara es una sublimación del alma”, que busca a quién devorar. Y es cierto que ante una cámara nuestro habitual y natural comportamiento se transforma (incluso aunque lo haga imperceptiblemente).

Todas estas son razones suficientes para recuperar tan brillante y substancial obra. Hace tiempo que las imágenes dejaron de ser un juguete para formar parte del decorado general del ambiente; se valoran porque proporcionan información. Cualquier fotografía tiene un conjunto de significados y aquella que no explica nada es “una inagotable invitación a la deducción, especulación y fantasía”. Con razón defiende la autora que “en rigor nunca se comprende nada gracias a una fotografía”. “La fotografía implica que sabemos algo del mundo si lo aceptamos tal y como la cámara lo registra”. Un sano ejercicio para comprobarlo puede ser repasar a fondo primero imágenes y luego pies de foto para comprobar como con frecuencia estos suelen invalidar lo que parece evidente a los propios ojos.

El asunto de fondo de esta lectura, el poder que ostenta la fotografía (tan favorecida por la tecnología que sus límites parecen ya infinitos), permanece actual por la demostrada capacidad de duplicar e imitar el mundo. A los fotógrafos se refiere Sontag como “escribas y no poetas” precisamente por esa capacidad de registro.

Sobre la fotografía es una extensa y profunda reflexión de los efectos que las miles de fotografías que rodean la vida provocan en los individuos. También es un buen compendio sobre la evolución y diferentes estimaciones que han rodeado siempre a la fotografía, incluida la polémica entre arte, replica y documento.

Una de las primeras aplicaciones fotográficas fue garantizar la imagen de los seres queridos que habían muerto.

La ya fallecida autora, que llevaba años preocupada por la permanente presencia de las imágenes en la sociedad, reunió en un lejano 1973 los artículos que publicó en The New York Times Review of Books sobre el tema, y dio forma a este imprescindible volumen sobre fotografía. Y lo hizo partiendo de la investigación, aplicando rigor y respeto. Comprobó como desde la evocación y construcción de recuerdos hasta la historia de la humanidad se han estado rindiendo a las “evidencias” de una escena fotográfica. De tal modo que se produce una increíble prevalencia de las fotografías sobre la experiencia. Sontag sostiene durante estas páginas que los seres humanos recordamos instantes y vivencias porque los fijamos mediante imágenes. Su teoría descubrió una fotografía que fue ganando terreno a la experiencia personal que precisaba de su apoyo para ser validada.

Sobre la fotografía puede entenderse como la aguda visión de una autora filosófica sobre la construcción del mundo y nuestra forma de observarlo, traducirlo y entenderlo. O puede proclamarse como el manual de la estupidez humana en cuanto a la aceptación del imperio de uno de sus sentidos, la vista, por encima de todos los demás, dejando en la peor de las posiciones al principal de todos ellos: la inteligencia. En cualquier caso, Sontag nos dejó un imponente legado reflexivo sobre el imperio y la dependencia de las imágenes. Podemos afirmar que la fotografía ha pasado a sustituir experiencia y realidad, relegando palabra escrita o estudio (numerosas investigaciones indican que cada vez leemos menos y miramos más). Pensando así, no es extraño que tras su lectura abracemos la misma conclusión a la que llegó la autora: “No hay muchas fotografías que valgan mil palabras”.

La obra de Sontag no ha perdido interés y continúa siendo una lectura básica para todos aquellos que precisan entender este mundo repleto de imágenes.

Anuncios