Alfredo Gómez Cerdá, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2009

“Acompañar a los niños a las librerías es el mejor ejercicio para fomentar el hábito de lectura”. Alfredo Gómez Cerdá, escritor.

Ilustración de Xan López Domínguez. 'Barro de Medellín' de Alfredo Gómez Cerdá.

Afable, locuaz e infatigable lector, la trayectoria de Alfredo Gómez Cerdá da vértigo. El escritor aboga por la complicidad con los pequeños para fomentar su pasión por los libros. Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2009 por su novela Barro de Medellín, acaba de publicar otro título, El botín de Atolondrado, una peculiar historia de piratas en el que propone un cambio de roles de acuerdo con los tiempos.     

Barro de Medellín es un  libro estrella ¿Esperaba nuevo galardón? Este libro no voy a poder olvidarlo en la vida. Y el colmo ha sido el Premio Nacional. El Premio Nacional es lo máximo, no lo esperaba aunque sí sabía que se encontraba entre los 20 finalistas.   

¿Hubiera preferido el reconocimiento a toda su trayectoria, con 93 títulos publicados? Cuando supe lo del Premio Nacional experimenté una satisfacción enorme.  Las bases indican que se premia un libro, no una trayectoria. Pero mucha gente pensamos que este premio debería reconocer la trayectoria de una carrera literaria.         

El escritor y Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, Alfredo Gómez Cerdá.

 ¿Por qué ha resultado tan especial esta novela? La escribí en un mes, era una historia que tenía muy clara. Nace de un viaje a Colombia. La gente de Medellín, a pesar de pertenecer a un barrio marginal, es encantadora. Es un barrio de chabolas, de casuchas, de calles mal pavimentadas. Pero tiene una gran biblioteca de la que la gente se siente orgullosa.      

Ése es precisamente el inicio del libro. Háblenos de él. En el fondo no es más que esa metáfora que han adoptado los habitantes de Medellín como lema: “Contra la violencia, cultura”. Los libros son los protagonistas, tabla de salvación de los dos niños protagonistas, Camilo y Andrés. Su paisaje es real, pero los personajes no, aunque resultan verosímiles. El libro trata de las familias desestructuradas, de la pobreza, la marginalidad… Pero es positivo, ofrece una salida y está en los libros. 

Las miserias del mundo no es precisamente un tema que los padres, generalmente, consideren como formación. En ocasiones, ni siquiera son capaces de contar tantas injusticias.  No y por eso resulta interesante. Incluso en esas circunstancias dos niños son capaces de la mayor amistad posible. Y cuentan con la complicidad de una bibliotecaria que abre un camino a la esperanza.     

¿ Desde cuándo la vocación por la literatura? Desde que tenía diez u once años ya estaba escribiendo. Era un juego, inventaba  personajes… pero hacía mis novelitas e incluso las encuadernaba.  Dejaba hojas en blanco porque me gustaba que los libros tuviesen dibujos, y ahí  hacía mis dibujos.   

¿Siempre quiso ser escritor? No, pensé en ser periodista, luego estudié filología española y más tarde descubrí que mi verdadera vocación era la de escritor. 

¿Cuándo decide apostar en firme por la literatura infantil y juvenil? Cuando tuve quince o veinte libros publicados decidí dar el salto. Al principio tenía ciertas dudas sobre sí podría conseguirlo o no. Pero ahora reconozco que soy un privilegiado porque vivo de la escritura.     

No descansa, nuevo libro en el mercado de la mano de Edelvives y de nuevo con temática actual y sugerente. El botín de Atolondrado es una historia de piratas con trasfondo familiar. Pendenciero es un pirata casado al que le gusta estar en casa, así que en la historia se produce un cambio de papeles y será su esposa la que surque el mar.  

 ¿Dónde encontramos la mejor información para descubir los libros idóneos para jóvenes y niños?  En revistas especializadas, circuitos muy concretos, pero en los medios populares solamente aparece literatura infantil cuando se acercan las navidades y cuando comienzan las vacaciones de verano.    

Alfredo Gómez Cerdá acaba de publicar El botín de Atolondrado en la editorial Edelvives.

 ¿Cuál es su técnica, si es que emplea alguna? Es muy diferente escribir para una franja de edad de entre 3 y 4 años hasta los 8 o 9, y de ahí en adelante hasta los 15 o 16. La verdad es que no hago concesiones. A los niños puedes contarles cualquier cosa, lo importante es que se entienda la historia.     

La tecnología invade a adultos y a niños. ¿Cómo compatibilizan los padres toda la oferta de ocio existente? Si queremos enfrentarnos con los videojuegos y cualquier artefacto tecnológico que ofrezca distracción y ocio, tenemos la batalla perdida. La literatura es otro complemento del ocio actual, lo que hay que hacer es no descuidarlo.      

¿Qué pueden hacer los padres para fomentar el hábito de lectura de sus hijos? Recomiendo un ejercicio relativamente sencillo y es que padres e hijos vayan juntos a la librería a comprar un libro. Que visiten juntos la estantería infantil, miren, escojan el tema, participen… Es el comienzo para aprender a conocerse literariamente y tomar contacto con la literatura.    

El libro infantil y juvenil atraviesa un buen momento, está más vivo que nunca. ¿Cómo ve su futuro? Ahora tenemos la suerte de contar con libros infantiles muy interesantes, curiosos y que se prestan al debate. Creo que si el niño ve que el padre lee su libro y luego lo comentan, se da un paso de gigante. Buscar esa complicidad es vital para favorecer el aprecio y el gusto por la literatura. Entonces, habrá mucho futuro por delante para todos.  

Publicado en la revista Mejores Padres, 2009.

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