Instinto Margalef

El fotógrafo Sergi Margalef descansa durante una sesión de fotos en el Hotel Palace de Madrid.

Por mucho que se empeñen en universidades, academias y escuelas la formación no procede exclusivamente del saber externo acumulado. Hay cierto grado de materia prima y predisposición, un factor esencial que se esconde en el interior de las personas y que marca diferencias. Que eleva a determinados seres dentro de su campo. Ese es el caso de Sergi Margalef, un fotógrafo para el que el número doce parece ser el número mágico. Con doce años comenzó a disparar la vieja cámara de su padre que andaba por casa y doce son los años que lleva sin despegarse de la fotografía.

Nunca tuvo claro que esto de la imagen fuera a ser su modo de vida. Más bien fue la vida la que le ha ido reconduciendo a través de continuos escarceos fotográficos hasta que en 1998, la fotografía, se convierte en profesión.

Este fotógrafo, al que marcó profundamente la personalidad de su abuelo, un pintor de iglesias muerto ahora hace cinco años y que le acompañó durante su infancia, se declara autodicta pero reconoce que en su vida pesan varios periodos intensos bajo directrices sabias. De la mano de Javier Salas y durante cinco años, Sergi Margalef alcanza el punto teórico que también hace falta en la profesión pero del que poco sirve sin dosis de instinto “La técnica sin intuición proporciona una imagen pobre”. Esa intuición caracteriza la fotografía de este joven de origen catalán. Un sello propio, personal y artístico, adecuado a cada personaje que enfrenta su objetivo.

Margalef trabaja la imagen encaminada al mundo editorial aunque también le gusta realizar fotografías personales disparando en la calle. En estos momentos colabora con las revistas Rolling Stone, DT y Citizen K, y con el periódico La Vanguardia, además de con alguna que otra agencia de publicidad.

Viaja durante todo el año por motivos de trabajo y vive entre Madrid y Barcelona, las ciudades donde tiene casa y a las que siempre regresa porque confiesa que “enganchan”. “Madrid es una ciudad más absorbente que Barcelona, pero me engancha. Lo que me gusta de Barcelona es la tranquilidad. La ciudad es más pequeña y la cultura catalana es más tranquila”.

“No veo la fotografía como un trabajo, para mí es una forma de vivir”, dice. Por eso jamás ha pensado en abandonar, ni siquiera durante los tiempos duros en los que poner copas y tirar cañas garantizaban sustento y aguante.

.

El actor y director de cine Jordi Mollá fotografiado por Sergi Margalef.

Margalef necesita la fotografía para sentirse bien. Ha retratado a intelectuales, músicos y actores. Ahí quedan sus trabajos con Manolo García, Diego “El Cigala”, Viggo Mortensen, Juan Diego o Javier Marías. Es exigente y meticuloso y así se puede apreciar en uno de sus mejores trabajos, aquel en el que un interesantísimo Jordi Mollá se introducía en una destartalada piscina para alejarse de la teatralidad y descubrirse. “Utilicé de cinco a seis flashes y reflectores plata, y, a pesar de ser una escena de exterior está muy bien iluminada, muy pensada”.

No es partidario de retoques pero su ambiente los emplea, suele participar en el proceso y le gusta modificar lo justo, “lo básico, los brillos de la piel y cosas así, y procuro hacerlo teniendo en mente la forma manual, como se hacía antes en laboratorio”.

Margalef tiene una voz intensa, habla despacio y penetra a su interlocutor con la mirada; posee unos ojos cristalinos y su voz se desvela algo trasnochada. Aún así, y a pesar de ser lunes, está listo para la sesión de hoy: una serie de instantáneas de la actriz Marina San José, hija de Ana Belén y Víctor Manuel, que publicará el próximo mes la revista DT.

En su modo de trabajar destacan la ideación de un storyboard antes de cada fotografía y la psicología: “Mucha psicología con el personaje”. Suelen acompañarle de dos a tres ayudantes a los que conoce y le conocen, y con los que lleva varios años trabajando. Y en su mente está visualizando constantemente imágenes. Se confiesa admirador de otros fotógrafos como Peter Lindberg, Annie Leibovitz o Helmut Newton.

Margalef reconoce que le impone el cine al que se acercará cuando llegue el momento porque le gusta. La crisis le ha frenado algún proyecto pero mantiene la ilusión. “El trabajo ha bajado mucho y no tiene pinta de arrancar. Muchas revistas están cerrando porque pierden el principal sustento que es la publicidad. Y sin publicidad no hay publicación”. Es cierto que a la crisis general, los medios de comunicación suman la propia y que muchos echan la culpa a las nuevas tecnologías. Pero para este fotógrafo Internet abre puertas: “Es una forma nueva para que te conozcan. No lo veo como algo malo, más bien te abre campo”.

Entrevista realizada en el Hotel Palace de Madrid, ( 22.02.2010).

Anuncios