Construir la memoria

'Esto no es una pipa', de René Magritte (1928-1929).

La crítica principal que se vierte sobre la fotografía actual que ofrecen los medios de comunicación es el de la repetición. Los medios con insistente frecuencia ofrecen las mismas imágenes, clones con mínimas variaciones, casi siempre de ampliación o disminución del cuadro. Cuestión que tiene su origen en la dificultad –más aún en estos tiempos de obligada austeridad- de contar con medios propios en la multitud de escenarios susceptibles de atención. Es la fotografía de prensa la que proporciona un plus de verosimilitud sobre lo que se cuenta.

Gracias a la multiplicación de soportes y las facilidades tecnológicas el principal valor de la fotografía radica en documentar el mundo que nos rodea. Sin embargo, no podemos perder de vista otra de las funciones básicas que se asientan en la fotografía: la función informativa. Ambos elementos, informar y documentar, son considerados de primer orden en cualquier publicación independientemente del tipo de soporte en el que sirvan sus imágenes. Para el profesor de la Universidad Rey Juan Carlos, Juan-Francisco Torregrosa,  la fotografía ha pasado “de medio de expresión general a especialidad comunicativa”. Y ambos aspectos siguen un mismo camino, son inseparables, aunque conserven de manera independiente un eje en el que lo relevante es lo expositivo (aspecto), y en el que lo fundamental reside en la conexión directa con la información (función didáctica). A eso se refería el gran Brassaï cuando certificaba que “la fotografía camina por igual sobre las artes plásticas y el testimonio del instante vivido”.

Kim Phuc. Fotografía de Nick Ut. Vietnam, 1972.

Más que nunca tiene sentido afirmar que la nuestra es una dimensión construida por imágenes dinámicas, pero también estáticas; éstas últimas son las que han ocupado buena parte en la vida del historiador de arte, Ian Jeffrey. Para este investigador, autor de numerosos libros sobre fotografía, esa dimensión “comprende gran parte de nuestro entorno”; lo documenta.

En el ámbito periodístico la fotografía se convierte en presente, y pasado el tiempo se transforma en un documento social, reflejo de acontecimientos y épocas con sus protagonistas y sucesivos ambientes.

El profesor Torregrosa es quien ha condensado en un ligero volumen titulado La foto de prensa. Una propuesta documental, la necesidad de  reflexionar sobre este asunto al afirmar que “la fotografía se ha asociado a la transparencia, a un espejo o ventana de la realidad, de lo real”. Una asociación que el recientemente desaparecido fotógrafo y director del Centro Andaluz de Fotografía, Manuel Falces, denunciaba tópica.

Hyde Park, Londres. Hulton Collection, 1939.

Las imágenes en la comunicación de masas se transmiten en forma de textos culturales que contienen elementos reales o posibles, incluyendo la propia imagen del espectador. Estos textos son los que revelan la imagen. Y resulta estrictamente necesario diferenciar entre representación y realidad, entre una imagen y su referente, entre significante y significado.

Son los medios los que construyen o representan la realidad mediante la captura de imágenes que después ofrecen y que no se explican por sí mismas. Los documentos de imagen son, por tanto, comunicación mediada, “no son fragmentos de vida, ventanas abiertas al mundo, o espejos de la sociedad”, dice Torregrosa. Son constructos cuidadosamente elaborados que no dejan nada al azar. No es que no sean reales es que son una imitación de la realidad a la que nosotros otorgamos sentido. Una suerte de realidad y apariencia, de verdad y mentira, de escena original y pertinente copia. Una construcción social de la realidad, idéntica a la inquietante propuesta de Magritte y  su dibujo de la pipa.

Pero la fotografía en prensa posee, además, valor de carácter simbólico que le transfiere esa característica documental –icónica- capaz de suscitar adhesión o rechazo en el observador, en el ciudadano que contempla los periódicos. Quizá valga recordar a otro sabio en la construcción de imágenes, Carter-Bresson, quien desafió su tiempo al proclamar que no era lo mismo ver que mirar. Para el fotógrafo francés “a través de la vista aprendemos y memorizamos. Ver supone ordenar y estructurar lo que nos rodea para hacerlo comprensible en nuestra mente. Mirar va más allá; implica la existencia de dos elementos fundamentales: un punto en el exterior que ha conseguido captar nuestra atención y la reflexión acerca de ese punto”.

La revolución de la fotografía como ‘fotodocumento’, cuyo origen se fue gestando entre expediciones, viajes y curiosidades, encargos estatales y la práctica de un oficio de subsistencia, es incuestionable dado que sólo existe aquello que se cuenta.

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