Redjeson Hausteen y Óscar Vega

Rescate en Haití. El bombero español, Óscar Vega, sostiene al pequeño Redjeson Hausteen. Fotografía de AP.

La imagen del pequeño Redjeson Hausteen ha dado la vuelta al mundo. Ha sido portada de prácticamente todos los diarios. El principal protagonista, de tan solo dos años, que ha permanecido bajo los escombros 48 horas, debe su vuelta a la vida a un bombero español, Óscar Vega. Un sentido del deber, que va más allá del contrato suscrito con la administración para el que trabaja, le ha llevado hasta Haití; la desgracia ha convertido a este leonés en héroe.

Sin duda, habrá muchos más como él, sin fotografía, ni atención mediática. Compañeros y profesionales, o simples ciudadanos, haitianos sobrecogidos por la tragedia. Seres anónimos. Invisibles salvo para aquellos a los que han prestado su ayuda, por insignificante que sea.

Nosotros, hemos de lamentar la pérdida de tres compatriotas. Cifra que podría aumentar. Hay muchos desparecidos y entre ellos, varios españoles (cuatro o cinco, leo en Europa Press).

Sin embargo, la fotografía del pequeño Redjeson Hausteen es la imagen del milagro. La imagen de la esperanza para todos los que están cerca, y para el resto de nosotros, que permanecemos ajenos a la destrucción. La fotografía expresa lo terrible de esta situación. La soledad de los sepultados; su agonía en el pulso por salvar la vida; la esperanza de ser localizados. Y en el caso de este pequeño, además, la vulnerabilidad del indefenso. Pero también su fortaleza, sus ganas de vivir.

Cuesta imaginar la magnitud del desastre y las dimensiones de lo ocurrido. Nos llegan a través de testimonios e informaciones difundidas por los medios de comunicación a los que las devastaciones provocadas por la naturaleza, y a veces (aunque no sea el caso), por el propio ser humano, llegan para ser tratadas rápidamente. Con la premura que mueve a la noticia, y sin que,  a veces, nos dé tiempo para absorber todos los tintes de su adversidad.

Las últimas noticias que llegan de Haití: alrededor de 200.000 muertos, el comienzo de pillajes, la desesperación.

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