El año de Europa

España va a cobrar especial relevancia dentro del mapa europeo durante los primeros meses del nuevo año que acabamos de estrenar. El 2010 español se estrena con la asunción de la  Presidencia del Consejo de la Unión Europea, por un período de seis meses; la cuarta vez que España ostenta dicha Presidencia. Y parece que el encargo satisface y eleva la moral. El último Eurobarómetro del pasado año señaló que la Unión Europea es la institución que ofrece mayor confianza al conjunto de los españoles (51%). El 24% de los consultados la reconocieron como la institución con mayor capacidad para tratar las repercusiones de la crisis económica y financiera. Y dos de cada tres españoles se mostraron optimistas sobre el futuro de la Unión.

Estos datos, que dibujan optimismo europeo, tienen su sustento en el Tratado de Lisboa. Pero si el Tratado significa progreso y evolución, la representación exterior, con renovado carácter y formalidad, se erige en el eslabón imprescindible con el que potenciar las relaciones con el resto de organismos internacionales durante los próximos doce meses. Esta función de cara al exterior se convierte en el aspecto más relevante. 2010 no sólo va a ser un año histórico para la Unión Europea, sino que ha de ser el año en el que esta Unión imponga soluciones a los problemas coyunturales derivados de la crisis y afronte retos pendientes como son la lucha contra la pobreza y la exclusión social.

Los nombramientos de los nuevos cargos (Herman Van Rompuy, Presidente del Consejo de la Unión Europea, y Catherine Ashton, Alta Representante de Política Exterior y Vicepresidenta de la Comisión) materializaron el deseo, fruto de la necesidad, de potenciar ese proyecto llamado Unión Europea que dio un paso definitivamente al frente con el Tratado de Lisboa. Tras su ratificación, el Tratado, que entró en vigor el pasado día 1 de diciembre, persigue como principal objetivo alcanzar mayor presencia europea en el exterior. Motivo por el cual el Tratado concede a la UE personalidad jurídica única, es decir, entidad jurídica propia que permite celebrar acuerdos internacionales. Europa hablará con una sola voz que conferirá solidez y eficacia a nivel internacional.

El hecho de que disfrutamos de una Presidencia con carácter permanente del Consejo Europeo (renovable por dos años y medio), además de contar con una transcendente figura en Asuntos Exteriores, se debe a esa búsqueda de coherencia en la actuación exterior de la Unión.

Pero el Tratado de Lisboa también tiene importantes consecuencias en política interior. Posibilita una nueva forma de participación política ciudadana en la que un millón de ciudadanos de varios Estados miembros podrán proponer una iniciativa legislativa a la UE.  

Por todo ello, los nuevos instrumentos jurídicos y democráticos que se ponen en juego hacen que el 2010 sea un año trascendente para la política europea, sobre todo la exterior. La partida no ha hecho más que empezar y el balón está en nuestro territorio donde se jugarán importantes partidos como la organización de la cumbre prevista con Estados Unidos, o con América Latina y Caribe, y la celebración bianual de la Unión por el Mediterráneo. Tras ellas y en bajo otra Presidencia esperan otros encuentros con Japón, Rusia y Canadá que completarán la nutrida agenda europea de 2010.

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