Cocinando periodismo

Naturaleza muerta. Paula Arnal. Parnalú, 2006.

La Universidad Complutense de Madrid acaba de presentar un inesperado pero destacado título que tiene que ver con la alimentación y la nutrición, con la cocina y con la comunicación a la que da lugar. Un título propio que lleva por nombre Experto en Periodismo Gastronómico y Nutricional, que viene de la mano de la Real Academia de Gastronomía y de dos grandes profesionales del periodismo agroalimentario, José Luis Murcia y Yanet Acosta. Ambos han puesto experiencia y empeño en una programación académica que ve la luz y que contempla historia y teoría, pero también práctica periodística aplicada a la demanda social.

Nace así una profesión periodística especializada (que ha estado relegada, incluso denostada por las redacciones, por la propia profesión como reconocía el profesor y director académico del curso Javier Fernández del Moral), ligada la alimentación, cuestión básica e imprescindible para la supervivencia humana. Pero la alimentación es eso y mucho más. De necesidad ha pasado a proporcionar bienestar y salud, pilares básicos sobre los que se construyen las civilizaciones; pueblos de inmensos matices que los diferencian y enriquecen. Y ligada a esta función principal de sustento y supervivencia, la alimentación ha ido creciendo y tejiendo con tesón (y un largo transcurrir en el tiempo) lo que hoy denominamos cultura gastronómica. Cultura que vive un gran momento. Disfrutamos de cocinas de prestigio internacional, de páginas y literatura donde platos, ingredientes e industria se han asentado. Es un sector consolidado al que sólo le faltaba un paso, entrar en la universidad y además hacerlo desde un ámbito tan necesario y vital como es el de la comunicación.

De este hecho, tan trivial, venían dándose cuenta las gentes que viven de ello; profesionales que bailan entre sartenes, y todos aquellos que pasan el día escribiendo y organizando tareas en relación con la gastronomía, para divulgar, informar,  iluminar pantallas o desplegar su voz. No hace falta más que echar un vistazo detenidamente para corroborar lo que digo. La cocina comienza a extender sus fuertes raíces hacia el ámbito de la comunicación y lo hace, en parte, favorecida por los cambios de hábito en el consumo que se está produciendo en este siglo. Por el creciente interés que por sí sola conlleva o debido a la fragmentación de audiencias (que abre oportunidades para todos).

Y de esa necesidad profesional nace este nuevo e ilusionante título universitario. Y si unimos la necesidad a la demanda por parte de estudiantes, periodistas y comunicadores obtenemos el curso que han proyectado José Luis Murcia y Yanet Acosta. Ambos, en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid y de su Facultad de Ciencias de la Información (auténtica alma máter de la iniciativa), han conseguido armar un programa perfecto e intenso. Charlas, coloquios y visitas (entre ellas ¡Madrid Fusión!) con las que adquirir conocimientos, detectar necesidades y pulir estrategias. Todo encaminado hacia el servicio público de la profesión. Pero sobre todo con prácticas profesionales durante el período lectivo con las que nutrirse, y que constatan la eficaz pericia y el peso del programa que contará con aportaciones de profesionales como Juan Manuel Bellver (El Mundo), José Carlos Capel (Madrid Fusión), Ana Lorente (Mi vino), Luis Cepeda (On Madrid), Mandi Ciriza (Canal Cocina), Sacha Hormachea (fotógrafo y restaurador) o Rosa Rivas (El País), entre muchos otros.

Desde la Universidad Complutense vienen explicando la necesidad de la especialización en el ámbito periodístico. Y el curso de Experto en Periodismo Gastronómico y Nutricional persigue esa función para que público y sociedad cuenten con verdaderos profesionales. Y es que gastronomía y nutrición no son exclusivamente el placer de comer y beber, que lo son en buena medida para goce de todos, sino que encierran muchas facetas como historia y cultura, la salud que proporcinan y los problemas que conlleva su exceso o una mala alimentación, la necesaria investigación sobre los conglomerados alimentarios, la verdad y la mentira que gira en torno a los transgénicos, las espectaculares técnicas de conservación o de elaboración de platos, los productos, la formación de chefs… Un amplio espectro que ha desembocado en un curso único que pretende ser un referente internacional, y que ya está cocinando su primera hornada de expertos gastronómicos.

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Redjeson Hausteen y Óscar Vega

Rescate en Haití. El bombero español, Óscar Vega, sostiene al pequeño Redjeson Hausteen. Fotografía de AP.

La imagen del pequeño Redjeson Hausteen ha dado la vuelta al mundo. Ha sido portada de prácticamente todos los diarios. El principal protagonista, de tan solo dos años, que ha permanecido bajo los escombros 48 horas, debe su vuelta a la vida a un bombero español, Óscar Vega. Un sentido del deber, que va más allá del contrato suscrito con la administración para el que trabaja, le ha llevado hasta Haití; la desgracia ha convertido a este leonés en héroe.

Sin duda, habrá muchos más como él, sin fotografía, ni atención mediática. Compañeros y profesionales, o simples ciudadanos, haitianos sobrecogidos por la tragedia. Seres anónimos. Invisibles salvo para aquellos a los que han prestado su ayuda, por insignificante que sea.

Nosotros, hemos de lamentar la pérdida de tres compatriotas. Cifra que podría aumentar. Hay muchos desparecidos y entre ellos, varios españoles (cuatro o cinco, leo en Europa Press).

Sin embargo, la fotografía del pequeño Redjeson Hausteen es la imagen del milagro. La imagen de la esperanza para todos los que están cerca, y para el resto de nosotros, que permanecemos ajenos a la destrucción. La fotografía expresa lo terrible de esta situación. La soledad de los sepultados; su agonía en el pulso por salvar la vida; la esperanza de ser localizados. Y en el caso de este pequeño, además, la vulnerabilidad del indefenso. Pero también su fortaleza, sus ganas de vivir.

Cuesta imaginar la magnitud del desastre y las dimensiones de lo ocurrido. Nos llegan a través de testimonios e informaciones difundidas por los medios de comunicación a los que las devastaciones provocadas por la naturaleza, y a veces (aunque no sea el caso), por el propio ser humano, llegan para ser tratadas rápidamente. Con la premura que mueve a la noticia, y sin que,  a veces, nos dé tiempo para absorber todos los tintes de su adversidad.

Las últimas noticias que llegan de Haití: alrededor de 200.000 muertos, el comienzo de pillajes, la desesperación.

Papin y la irrupción del guiso exprés

Todas las ollas del país andan zumba que te zumba, guiso va y guiso viene porque experimentamos un frío intenso y obstinado. Un frío que no deja un rincón sin su aliento y que de nieve ha mutado en lluvia y desapacible viento.

Necesitamos entrar en calor. En casa, en la oficina, ¡hasta en la cafetería! Pero me sorprende como los mayores nos acusan de blandengues y olvidadizos; y como las noticias nos acusan y acusan al cambio climático de los estragos. El reproche transmite sensación de nuestra inferioridad frente a su fortaleza, denegada a las posteriores generaciones y cuyas culpas, muchos de nosotros, achacamos a los cambios alimenticios y a la falta de calidad de nuestras comidas habituales. Pero la acusación deja un poso de responsabilidad y de culpabilidad, y unas ganas (casi irrefrenables) de salir y emprender la cruzada contra los desalmados que no sacan sus (al menos) tres bolsitas de basura clasificada, contra grifos incontrolados y lastimeras bocas de riego, contra industrias, administraciones y comercios, o contra insensatas fuentes de las que se escapa el agua.

Aunque reconozco que me frena en seco un plato bien caliente y que todo lo anterior sólo es un pensamiento, éste se está volviendo recurrente. Sin embargo, todos andamos prestos, faltos de tiempo y  con carencia de calorías combustionadas para combatir el frío con las que encarar la anterior batalla; y por eso son las cucharas y los platos caldosos los que conceden sosiego y cierta redención.

La rapidez ha sido la clave de la producción del siglo pasado y continúa siéndolo en este, y sin la rapidez que confiere la olla a presión, hogares y restaurantes, andarían listos con sus caldos y potajes.

En Francia, en el siglo XVII, se ve que el frío también impresionaba, por eso, el físico Denis Papin, congelado hasta los huesos por los vientos franceses, agudizó el ingenió ante la necesidad de acumular energías.  

Sello conmemorativo con la imagen del inventor de la olla a presión, Denis Papin.

Absorto en el desperdicio de la energía liberada por el vapor de agua a presión Papin se concentró  y esbozó en 1680 una magnífica olla, la madre de todas las ollas, el digestor. También conocido como la olla o marmita de Papin. Un artilugio que, desde su aparición, ha sido reproducido en modelos e imitaciones más o menos ingeniosas y más o menos estéticas a las que se incorporó la imprescindible válvula de seguridad, también ingenio del francés.

Papin transformó sin pretenderlo la cocina en un pasatiempo, eliminando el denodado esfuerzo de rotaciones y observación de los alimentos en cocción. A pesar del la novedad del artefacto y sus posteriores demostraciones (por ahí circula información elogiando sus dotes culinarias), la distribución masiva de la que sería por muchos años la reina de toda cocina, no llegó tan pronto como cabría imaginar. La olla exprés se comercializó bien entrado el siglo XX. En 1953 la sociedad francesa Emboutissage de Bourgogne (SEB) sacaba a la venta su particular modelo ‘supercoctte’, la súper ventas  de la comida rápida y casera con la que poder decir adiós al incipiente fast-food. Y si bien este físico buscaba un aparato con el que demostrar que la condensación de vapor produce efectos comparables a los de la depresión de los gases, ensayo e invento cambiaron la forma de cocinar al punto y de manera rápida los alimentos.

101 Experiencias Gastronómicas que no te puedes perder

Portada del libro '101 Experiencias Gastronómicas que no te puedes perder', editado por Planeta (2010).

Los adeptos a la cocina disponen de un nuevo título literario con el que recrearse en afición y adicción gastronómica. El libro 101 Experiencias Gastronómicas que no te puedes perder ( o que disfrutar antes de morir, según ediciones),  obra de José Carlos Capel recoge, ilustra y aromatiza a través de textos una cocina para paladares exigentes que busca de calidad y distan de injustificadas extravagancias culinarias. La obra de Capel, oportuna y justificada no sólo en la verdad que encierra parte de su título, aborda lo mejor de los sencillos y nada simples fogones nacionales con sinceridad y sin repartir devociones.

Definir el contenido de este libro depende porque en función de la óptica particular con la que se aborde. Podrá parecer otra guía más, sin serlo al uso, pero lo más seguro es que suscite en el lector la necesidad de reencuentro con la fidelidad y los orígenes gastronómicos más auténticos. Con las garantías de encontrar los mejores restaurantes, lugares donde degustar diversos productos, siempre los mejores en su género, que José Carlos Capel se ha encargado de anotar cuidadosamente con la devoción hedonista de un articulista reconocido y galardonado que no se olvida de su misión.

José Carlos Capel, Julia Pérez y Federico Oldenburg, artífices del libro '101 Experiencias Gastronómicas que no te puedes perder'.

El autor, que ha contado con la participación de Julia Pérez y Federico Oldenburg, no esconde sino que muestra y demuestra las delicias de la cocina española que el transcurrir del tiempo ha ido volcando sobre las mejores recetas elevándolas hasta la categoría de glorias en la tierra. De ahí el título, 101 Experiencias Gastronómicas que no te puedes perder. Frase con la que José Carlos Capel quiere asegurarse de que nadie abandone este mundo sin probar una seria recopilación de excelencias gustativas con las que experimentar placer (o al menos sin leer sus estupendas reflexiones y descripciones sobre las mismas).

Colocar el placer al alcance de todos es para lo que han trabajado los artífices del libro, el principal y sus dos ‘secuaces’. El título de la obra, por sí solo, aventura bastante la propuesta: lugares y recetas imprescindibles con los que deleitar el alma. Sitios y sabores para dejar satisfecho estómago y paladar (el orden es intencionado) sin recurrir o abusar, en esta ocasión y contra todo pronóstico, de tecnologías y exagerados artificios tan presentes por su espectacularidad.

A través de la buena mesa José Carlos Capel, Julia Pérez y  Federico Oldenbrug conversan, degustan e invitan al lector a disfrutar del goce que proporciona actos tan cotidianos como comer o cenar. El libro es una exposición o recorrido sin demasiados misterios, o justo todo lo contrario, porque nace de la observación para sopesar minuciosamente unos cuantos fogones que ofrecen con extraordinaria calidad esa variedad, nuestra y habitual, que se ha ido desplazando de las principales cartas. Y que lo ha hecho sigilosamente, despacio. Y a fuerza del relego ha dejado vía libre a la tecnología e innovaciones de los nuevos jefes de cocina para los que presentar caldos, estafados y potajes (por poner algunos ejemplos) representan, principalmente, un problema estético.

En el prólogo un afortunado Boris Izaguirre señala un aspecto fundamental sobre el  que basta echar la vista atrás para constatar: la importancia in crescendo que ha ido cobrando la cocina y todos sus productos en nuestro tiempo; y de entre todos ellos, el libro, resurge y sobresale en las bibliotecas para describir también cómo es nuestro siglo XXI.

Aceptar el grueso del título y correr a experimentarlo no resultará extraño tras la lectura y sus sugerencias. Sobre todo teniendo presente que provienen del organizador de Madrid Fusión y miembro de la Academia Española de Gastronomía quien tiene muy presente la irrevocable mortalidad del ser humano y la necesidad de disfrutar en vida.

Libros para emplear en la cocina

¿A quién no le gustaría ser capaz de construir impresionantes recetas? ¿Quién no ha soñado con sorprender a alguien a través del gusto, presentando ante sus ojos increíbles platos confeccionados con sus propias manos?

Cuando nos asomamos a las páginas de los libros que sobre gastronomía han proliferado en los últimos tiempos, asistimos perplejos a un mundo que en la mayoría de los casos nos queda lejos. Los textos, las recetas y las impresionantes fotografías, llenas de calidad  e inimaginable colorido, narran trayectoria y transformación de este sector. La cocina ha experimentado una evolución inesperada. Quizá, ahora, no sorprenda tanto, acostumbrados como estamos a degustar buenos preparados invirtiendo no sólo dinero, también parte de ocio. Cada vez con más frecuencia la gente se decide por sentarse al calor de una buena mesa. Afortunadamente, estamos contemplando esos pequeños homenajes, antaño reservados para muy pocos, en primera persona para disfrutar del sabor y encontrar, durante unas horas, momentos de felicidad protagonizando el placer de los dioses.

Turismo y restauración están más unidos que nunca. Perfecto maridaje con el que disfrutar y regalarnos. Un culto al cuerpo, espiritual y fisiológico, imposible de alcanzar en gimnasios y cabinas de belleza porque sus efectos permanecen y afectan al estado de ánimo a través del gusto. Ni un vino es siempre el mismo, ni la mano de cualquier cocinero es siempre igual. Lo mismo ocurre con nuestras percepciones. Lo que un día entusiasma al otro deja insatisfecho (al menos al mismo nivel). Complejidad interna y humana equiparable a la variedad de oferta enológica y gastronómica.

Hoy, noche de reyes, la posibilidad de sorprender a familiares y amigos con una propuesta original es más accesible que nunca. Atrás ha quedado el tópico para madres y abuelas, como también lo fueron los calcetines, la colonia y las corbatas destinadas a sus equivalentes masculinos. Ahora más que nunca queda demostrado que hay interés en la cocina y que en ésta caben todas las personalidades. Así que conviene no desperdiciar esta buena oportunidad con la que envolver esos maravillosos libros sobre gastronomía que tanta felicidad reparten.

Muchos de estos volúmenes dedicados al inabarcable mundo culinario deleitan la vista pero en raras ocasiones pasan del papel al plato. De entre todos los que durante estas navidades se exponen en escaparates y estantes, hay títulos interesantes, que profundizan en ingredientes o materias primas, que narran historias variadas vinculadas a la cocina, y como no, que ofrecen suculentas recetas. Todos ellos cuentan con buena presentación, precio asequible y elevado mimo estético. Combinación que los convierte en esa alternativa con la que la inversión de tiempo y dinero no forme parte únicamente de nuestra particular biblioteca, sino que por su sentido eminentemente práctico puedan pasearse por la cocina y materializarse en nuestras mesas.

El jamón ibérico en la gastronomía del siglo XXI (Everest), editado por primera vez en 2007, es un libro cuenta todo lo que interesa sobre nuestro alimento bandera.  Historia, cualidades, clases y calidades, denominación de origen, industria, dehesas… y, por supuesto, recetas. El mundo del jamón en 288 páginas.

El gran libro del huevo (Everest). Una vez escuché a Carlos Arguiñano decir que si los huevos fueran un producto escaso, automáticamente se convertirían en producto de elite, auténtico oro gastronómico. Y es cierto. No sólo es un gran alimento sino que es la base de una inmensidad de recetas. ¿Alguien puede imaginarse una cocina, siquiera una nevera sin su presencia?

Este libro que cuenta con el apoyo de la Real Academia de Gastronomía Española ofrece todo los datos que se esconden bajo del cascarón, y lo acompaña con recetas plausibles para cualquier mortal. El gran libro del huevo es el homenaje del Instituto del Huevo al príncipe de los alimentos más comunes de la cocina que goza de grandes propiedades y está lleno de posibilidades.

La escuela de cocina de Jaime Oliver (RBA). Para los que prefieren mantener los pies en el suelo y huir de complicaciones. Para los que sienten que algún día deberán ponerse manos a la obra y aprender a cocinar. Y no se dejen llevar por la portada, como han hecho muchas publicaciones, porque comprobadas las artes de la nueva ciudadanía no son exclusivamente los hombres los únicos y posibles destinatarios. Las explicaciones y recetas están simplificadas, son claras y nos guían paso a paso. Con esta obra es posible cocinar los tradicionales platos de siempre, pero también aprender otras recetas, exóticas o de visual elevada, con la que romper la monotonía en la mesa. Lo único que hace falta, además del libro, es interés y algo de práctica. O sea, como en casi todo así que ya no hay excusas que valgan.

Escuela de Cocina Telva (La esfera de los libros). No sólo es práctico sino que resulta divertido. La revista Telva lleva años realizando, con éxito, cursos de cocina por los que han pasado 8.000 alumnos con los perfiles más variados. Técnicas, estilos e innovación repartidos en cursos especializados para todos los niveles. Este año Telva ha condensado, en un nuevo libro, sus últimos descubrimientos. O ha dado la vuelta a las grandes recetas. Las más vistosas, aquellas con las que agasajar y sorprender, y las que proporcionarán un éxito inmediato.

Todas estas propuestas persiguen un objetivo: el de no frustrar expectativas. Resultan sencillos, instruyen y animan.

En los dos primeros casos, además, narran historia, tradición y evolución, acompañándolo con posibles recetas. Los otros dos, más completos y variados, por aquello de no circunscribirse a un solo producto, sacarán al cocinero o cocinera que todos llevamos dentro sin provocar desilusiones.

Un regalo perfecto con el que guiar el arte de la imagen

Regalar un libro es una de las opciones preferidas para mucha gente. A pesar del auge del libro electrónico en el que antes o después entraremos de lleno, hay algunos aspectos que para este artefacto serán difíciles de superar. Aquellos volúmenes en los que las ilustraciones o láminas, fotografías o bocetos son imprescindibles a un nivel superior al tradicional papel estético que con frecuencia se les atribuye, serán insustituibles durante mucho tiempo. Por eso y dado que durante estas fechas las mejores librerías visten sus escaparates con títulos y portadas sugerentes sopesar este tipo de presente no sólo debe ser una intención, sino que ha de materializarse. E incluso puede llegar a ser una auténtica inversión y si no retrocedamos y busquemos nuestros vinilos.    
 

Fotografía digital avanzada en Blanco y Negro, de John Beardsworth.

La navidad es un período en el que gozamos de numerosas ediciones especiales. Aparecen recopilaciones sobre los temas más variados. También encontramos reediciones de imprescindibles clásicos además de colecciones o selecciones de los relatos, cuentos o novelas que han creado escuela por pertenecer a autores de culto. Y la fotografía no se queda atrás. En estos momentos disponemos de un buen muestrario sobre el que escoger y sorprender (o sorprendernos). Para facilitar algo la tarea a aquellos que hayan pensado en un libro sobre esta temática, me he tomado la libertad de recopilar algunos títulos con los que ponerse al día con la toma digital, profundizar sobre el papel y las consecuencias devenidas del gran invento de Niepce y, cómo no, sobre cómo se ha de leer la imagen, datos y nociones básicas para conocer y aprender a mirar la fotografía, para entender el mensaje y a su autor.         

La fotografía como documento social, de Gisèle Freund.

La fotografía como documento social, de Gisèle Freund, tiene presente que la fotografía forma parte de nuestra sociedad, de nuestra cultura. Documental, informativa o artística la fotografía se constituye como un elemento de conocimiento sobre la vida social. Con frecuencia manipulada y servil a oscuros intereses es también un importante instrumento de comunicación. Gisèle Freund amplía estos aspectos y ofrece una historia de la fotografía que no reside exclusivamente en su evolución técnica.     

Fotografía digital avanzada en Blanco y Negro. De John Beardsworth. Editorial Evergreen. El blanco y negro es el color de la fotografía por excelencia. Incluso durante décadas era el material fotosensible fetiche de la fotografía analógica realizada por artistas y fotoperiodistas. En la actualidad las tecnologías pueden inducir a pensar que la escala de grises ha pasado a mejor vida; la mayoría empleamos nuestro dispositivo digital para capturar en color. Sin embargo, con este libro queda claro que la toma digital en blanco y negro tiene mucha vida. Y vida de calidad. Este libro es sencillo, ameno y tremendamente didáctico. Incluye ejemplos y casos prácticos con los que digerir con mayor facilidad sus explicaciones. Y no se olvida de las posibilidades de retoque posterior que brinda el PC.    

Cómo leer la fotografía de Ian Jeffrey, Editorial Electa.

Cómo leer la fotografía. Entender y disfrutar los grandes fotógrafos, de Stieglitz a Disneau. De Ian Jeffrey. Un interesante recorrido sobre la historia de la fotografía a través de los principales fotógrafos del siglo XX. Un siglo vibrante y conflictivo en el que la cámara fotográfica fue durante mucho tiempo el instrumento para darlo a conocer. Contextualización e historia de las imágenes con el apoyo de datos imprescindibles de cada autor y su particular visión artística. Fotografía digital avanzada en Blanco y Negro, de John Beardsworth.

Compendio de fotografía digital, de Michael Freeman. Editorial Evergreen.   Guía temática que abarca todas las facetas y procesos de la fotografía. Instruye sobre las nociones básicas de iluminación natural y artificial, el retrato, el reportaje, la fotografía de acción, el paisaje o la macrofotografía. Incluye la toma en color y en blanco y negro, y ofrece recomendaciones sobre equipos y características técnicas así como sus complementos ópticos y de iluminación. Un libro perfecto, con un poco de todo para aquellos que todavía no lo tienen claro.  Este autor tiene otro interesante volumen que se acaba de reeditar pero que no he tenido tiempo de mirar y estudiar a fondo. Se titula 101 Consejos de Fotografía  ‘Digital’. `

Nuevo Manual de Fotografía, John Hedgecoe

En cuanto a fotografía analógica o tradicional, lo mejor es recurrir a los títulos de siempre. Michael Langford o John Hedgecoe siguen siendo dos autores de referencia. El primero tiene ediciones recientes y actualizadas a las exigencias tecnológicas actuales. Puede ser una buena opción por aquello de sumar al presente la importancia y los saberes del pasado. En cuanto al segundo, la reelaboración de su ahora, Nuevo Manual de Fotografía, editado en 2004 por la casa Omega, es de lo mejor que hay en el mercado sobre las técnicas de toma de imágenes. Si hay un principio, está en este libro.   Técnicas, cultura y evolución de la fotografía a través de las letras. Todo un regalo para los amantes de la fotografía, sin importar el grado de su experiencia.  

El año de Europa

España va a cobrar especial relevancia dentro del mapa europeo durante los primeros meses del nuevo año que acabamos de estrenar. El 2010 español se estrena con la asunción de la  Presidencia del Consejo de la Unión Europea, por un período de seis meses; la cuarta vez que España ostenta dicha Presidencia. Y parece que el encargo satisface y eleva la moral. El último Eurobarómetro del pasado año señaló que la Unión Europea es la institución que ofrece mayor confianza al conjunto de los españoles (51%). El 24% de los consultados la reconocieron como la institución con mayor capacidad para tratar las repercusiones de la crisis económica y financiera. Y dos de cada tres españoles se mostraron optimistas sobre el futuro de la Unión.

Estos datos, que dibujan optimismo europeo, tienen su sustento en el Tratado de Lisboa. Pero si el Tratado significa progreso y evolución, la representación exterior, con renovado carácter y formalidad, se erige en el eslabón imprescindible con el que potenciar las relaciones con el resto de organismos internacionales durante los próximos doce meses. Esta función de cara al exterior se convierte en el aspecto más relevante. 2010 no sólo va a ser un año histórico para la Unión Europea, sino que ha de ser el año en el que esta Unión imponga soluciones a los problemas coyunturales derivados de la crisis y afronte retos pendientes como son la lucha contra la pobreza y la exclusión social.

Los nombramientos de los nuevos cargos (Herman Van Rompuy, Presidente del Consejo de la Unión Europea, y Catherine Ashton, Alta Representante de Política Exterior y Vicepresidenta de la Comisión) materializaron el deseo, fruto de la necesidad, de potenciar ese proyecto llamado Unión Europea que dio un paso definitivamente al frente con el Tratado de Lisboa. Tras su ratificación, el Tratado, que entró en vigor el pasado día 1 de diciembre, persigue como principal objetivo alcanzar mayor presencia europea en el exterior. Motivo por el cual el Tratado concede a la UE personalidad jurídica única, es decir, entidad jurídica propia que permite celebrar acuerdos internacionales. Europa hablará con una sola voz que conferirá solidez y eficacia a nivel internacional.

El hecho de que disfrutamos de una Presidencia con carácter permanente del Consejo Europeo (renovable por dos años y medio), además de contar con una transcendente figura en Asuntos Exteriores, se debe a esa búsqueda de coherencia en la actuación exterior de la Unión.

Pero el Tratado de Lisboa también tiene importantes consecuencias en política interior. Posibilita una nueva forma de participación política ciudadana en la que un millón de ciudadanos de varios Estados miembros podrán proponer una iniciativa legislativa a la UE.  

Por todo ello, los nuevos instrumentos jurídicos y democráticos que se ponen en juego hacen que el 2010 sea un año trascendente para la política europea, sobre todo la exterior. La partida no ha hecho más que empezar y el balón está en nuestro territorio donde se jugarán importantes partidos como la organización de la cumbre prevista con Estados Unidos, o con América Latina y Caribe, y la celebración bianual de la Unión por el Mediterráneo. Tras ellas y en bajo otra Presidencia esperan otros encuentros con Japón, Rusia y Canadá que completarán la nutrida agenda europea de 2010.