Las afecciones del fotoperiodista Don McCullin. Testimonio e inquebrantable compasión

Mendigo irlandés en las calles de Londres (1969). Fotografía de Don McCullin.

De origen humilde y escasa educación que ha ido solventado con el tiempo, Don McCullin es uno de los grandes nombres de la fotografía bélica. Presente en los grandes conflictos que han transitado por la historia del siglo XX, el fotógrafo ejemplifica un estimulante fotoperiodismo conjugando tensiones bélicas y políticas con el dolor y las miserias.

Sin embargo y a pesar de la experiencia en desastres, guerras y hambrunas, McCullin no ha caído nunca en la pesadumbre íntima que sí ha conseguido minar a otros grandes fotógrafos, y, así, es capaz de captar con ironía y humor otros aspectos de la vida.

Don McCullin

Vietnam, 1968. Marine de los EEUU. Fotografía Don McCullin.

Los centenares de fotografías realizadas por McCullin señalan del mismo modo su lado más humano; el fotógrafo nunca ha perdido la oportunidad de demostrarlo y además de documentar los hechos, se ha ocupado de profundizar en las situaciones de civiles y soldados miplicados. Sus retratos muestran aflicciones y tragedias, presentes en ambos lados, con un lirismo visual que permite volver a mirar lo que parece a primera vista una escena insoportable.

Este fotógrafo ha recorrido el mundo engrosando un diario con imágenes destinado a la gran memoria colectiva de la humanidad. Un trabajo que le ha pasado factura, “la fotografía ha sido muy, muy generosa conmigo, pero al  mismo tiempo me ha afectado”. Aún así derrocha entusiasmo por la profesión.

Ha estado presente en Vietnam, Biafra, Camboya –donde resultó herido-, Irlanda del Norte, el Líbano, en distintas zonas de África y El Congo, también fue testigo de la construcción y posterior caída del Muro de Berlín. Viajando siempre cámara en mano y realizando reportajes para publicaciones como The Oberserver, The Sunday Telegraph o The Sunday Times. Narraciones en los que a falta de palabras el fotógrafo captura pequeñas y grandes historias gracias a las lentes de sus cámaras. Unas cámaras que ha aprendió a utilizar en soledad porque pertenece a esa saga de fotógrafos de formación autodidacta.

Escena tomada en Beirut por Don McCullin, años setenta.

McCullin, toma su primer contacto con la fotografía a los dieciocho años cuando ingresa en el ejército para completar el obligado Servicio Nacional; la logística militar colocó a este joven y humilde muchacho, perteneciente a la clase obrera londinense, en la sección de fotografía. Un buen destino con el que descubrir las posibilidades de la profesión. Su falta de nivel académico, sin embargo, le impide prosperar. Sus escasos conocimientos de lectura y compresión textual contrarrestan sus posibilidades de ingreso como fotógrafo en la Fuerza Aérea. Así que al terminar el servicio militar McCullin regresa a Londres. El fotógrafo reconoce la dureza de aquellos días, en una ciudad rodeada de pobreza y desigualdades: “Si no hubiera descubierto la fotografía me habría convertido en un criminal”.

Biafra, 1969. Hambruna y desolación. Fotografía de Don McCullin.

McCullin confiesa abiertamente las razones que le llevaron a profundizar y desarrollar su mirada. “Honestamente puedo decir que soy autodidacta porque compré libros de fotografía y la fotografía me miró. No la leí, sino que ella me miró. Así que se puede decir que he adquirido la fotografía a través de la mirada”.

Una mirada experta gracias a la cual debemos una gran exposición organizada en Londres durante el mes de septiembre de este mismo año. Una muestra en la que miles de visitantes pudieron descubrir el retrato personal de una Inglaterra que les era desconocida y que el fotógrafo ha confeccionado mediante cincuenta años de trabajo. Un lapso de tiempo con el que componer el mosaico que evidencia la existente, y muchas veces ninguneada brecha social británica, entre las clases sociales asentadas en Inglaterra desde la década de los cincuenta hasta aproximadamente los años ochenta. Ricos y pobres conviviendo en desigualdad en medio de una nación a su vez dividida.

Don McCullin, fotoperiodista británico.

La fotografía es el sustento de su vida a la que le concede la máxima importancia por su papel testimonial. McCullin, paradigma del fotoperiodismo, asegura que  puede “leer un libro y olvidarlo en menos de una hora. Pero soy capaz de recordar centenares y centenares de imágenes”.

Sabiendo que las palabras no sustituyen a las imágenes, y que algunas de ellas requieren contextualización y explicaciones, el fotógrafo defiende el poder aislado de sus fotografías. La justificación a esta postura, a la que muchos pondríamos objeciones, la hallamos en la sinceridad de un hombre que ha experimentado situaciones inimaginables rodeado de injusticias y de muerte.

Anuncios