Contigo, de Ángel Gabilondo

Portada del libro de Ángel Gabilondo titulado Contigo. Editorial Aguilar, 2009.

Contigo es un libro breve, intenso y sincero. Un ligero volumen que encierra breves y profundas redacciones, reflexiones que parecen haber sido anotadas durante años, muy ligadas a experiencias y situaciones. Una especie de carta de múltiple encabezado  dirigida a otro, o a otra, en las Ángel Gabilondo expresa, analiza y ahonda en sentimientos vívidos o acaso imaginados. Contigo es un libro que nace del objeto de observación, y de la preocupación personal del autor por el presente.  También de su  necesidad de no dejar aparcado u olvidar el pasado. De la admiración por los complejos sentimientos que afronta y a los que se enfrenta el ser humano.

La propuesta que lanza el ministro no es otra que la recomendación de un hombre que conoce, sabe y aprecia la importancia de decir, expresar y sentir con las palabras. Un poder que descubrimos cuando escogemos adecuadamente lo que decimos si es que nos atrevemos a mostrarnos; cuando no tenemos miedo y apostamos por la sinceridad con uno, y con los otros a los que nos dirigimos.

Contigo lo forman cuarenta y cinco capítulos en los que pesa la necesidad de rendir y pedir cuentas. Presta atención  a los deseos, a las necesidades, a los miedos, a lo hecho y deshecho. Contigo se dirige a todos aquellos que tratan de buscar sentido a su vida más profunda, a aquellos que, alguna vez, han necesitado ser escuchados para conocerse u observarse en el efecto o reflejo de sus palabras.

Sin huidizas conclusiones Gabilondo concede la dimensión adecuada a cada palabra, íntima o pública. O ambas a la vez, porque sorprende la honestidad con la que se despoja del traje de ministro para presentarse exclusivamente humano. Contigo es una confesión de lo mucho que no vemos en su persona. El olvido, el amor, los miedos, lo real, las pérdidas, un paseo, un libro, lo que decimos u ocultamos, los distintos tipos de afectos y sus grados. Todo está en este libro desde una dimensión única: la de no olvidarnos nunca que la vida siempre trae múltiples posibilidades y que, a veces, nos faltan las palabras en el momento adecuado, un momento que parece haber hallado al fin su sitio en este libro que viene a darles voz.

Este Ángel Gabilondo, que vemos, leemos, que percibimos altamente poético, está muy alejado de la pompa y requisitos que exige su cartera de educación ministerial. Sus páginas ofrecen el testimonio de lo que viene reflejándose en sus ojos: una incesante búsqueda intelectual, deformación profesional o cualidad personal, a la que se ha dedicado toda su vida. El libro rezuma y reivindica la necesidad de comprensión de los actos cotidianos pero también de los complejos. Gabilondo deja constancia en estas páginas de su confesión y reconocimiento ante la incapacidad que siente al constatar que resulta imposible desvelar todo lo que somos. Ni siquiera, reconoce, resultan visibles nuestros propios e íntimos secretos.

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