Donde se funden gastronomía y literatura

Bodegón con botellas. Pintura de Antonio Cano Correa (1983).

Uno de los nombres imprescindibles para literatos, periodistas y amantes de la buena cocina es el de Josep Pla. Su figura, retratada bajo una eterna boina calada, y su obra constituyen un suculento patrimonio. Su vasta sabiduría culinaria supo condensarla, el también periodista y escritor, Manuel Vázquez Montalbán en el libro El arte de comer en Cataluña. Dejó escrito Montalbán en uno de esos artículos que hizo historia que “si la boina de Pla era una declaración de principios cósmicos, su paladar pertenecía al país de la infancia como casi todos los paladares, infancia ampurdanesa al calor de una cocina marcada por las texturas de tierra y mar, por el sustrato de una memoria culinaria ensimismada”. Perturbado por los tiempos, Pla detectó el peligro del olvido, el acuciar de ritmos veloces que dejaban a un lado la esencia y el recetario de una España asombrada por lo extranjero, por lo moderno.

Preocupado, pero sobre todo seducido por el sabor y el placer de una buena mesa, el escritor dedicó buena parte de su escritura a la cocina y a sus gentes. Recopiló, amasó y cuajó, la sustancia del recetario tradicional, abogando por las materias primas y la naturalidad de sus sabores. Se adentró en los fogones y, sin pretenderlo, destapó los indicios del saber alimentarse y disfrutar en ello. El escritor fue punta de lanza en el auge culinario, material y legible, que vendría tras varias décadas de racionamientos. Auge con el que hemos terminado un siglo en el que arte y cocina prometen prolongarse en el tiempo.

Jospe Pla. Llofriu, años 70. Fotografía de Francesc Catalá Roca. Fundación Josep Pla.

Exactamente como su escritura, que sobrevive y se mantiene; como correcto guiso reposado, alienta el apetito, no cansa, no pasa de moda. Su figura aparece estos días para de nuevo degustarle. Su nombre se incluye dentro un libro bien armado; forma parte de la selecta lista de periodistas literarios que componen el recién alumbrado título De Azarín a Umbral. Un siglo de periodismo literario español, publicado por la editorial Netbiblo y coordinado por el profesor Javier Gutiérrez Palacio. Un libro que repasa lo mejor de un plantel de periodistas que supieron combinar el arte de contar a las gentes desde la literatura, en una época en la que, como narra el periodista y poeta Antonio Lucas en un artículo firmado para El Mundo, “escribir un artículo empezaba a ser también una forma profunda de leer la vida”; artistas de la escritura en cuyas manos, las palabras toman “el pulso del idioma hecho observación”. Justa esencia del material literario con el que Pla cocinaba sus textos.

La suma de letras, periodísticas y literarias, fueron el sustento intelectual de un esquivo Josep Pla, periodista y escritor, jamás protagonista, que apreció con sentido la vida. Es su obra un compendio que rebosa descripciones en la que funde géneros. En cuanto a cocina se refiere, sus escritos han hecho historia. Como el legado monográfico, nutritivo, extenso, titulado Lo que hemos comido, en el que abundan sus peripecias y viajes de cocina con sabios detalles, descripción de productos y demás rituales que navegaban por entonces en aquella gastronomía. Auténtica pedagogía culinaria que el maestro Pla hizo llegar como si, frente al lector, desfilasen sabrosas recetas a las que supo pintarle la cara pero también describirles el alma.

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