Numerati, de Stephen Baker

Portada del libro de Stephen Baker, Numerati. Editorial Seix Barral, 2009.

Desde hace tiempo los científicos de todo el mundo se preguntan  cómo enseñar lenguaje y pensamiento a los ordenadores. Y muchos, casi todos, han optado por el método lógico: siguen la tradición iniciada por Aristóteles, quien consideraba a las matemáticas una división de la filosofía. Aristóteles dividía el mundo del conocimiento en vastos dominios, en diferentes entes en los que habitaban sus propias realidades, reglas y relaciones.  Pero para poder acercarse a esas realidades se precisan datos, y los datos son la principal materia de la que se compone la obra Numerati, de Stephen Baker.

La cuestión más inquietante que plantea Baker, son las consecuencias de esa tradición aristotélica que ha saltado siglos y siglos.  Su aplicación al campo de la mercadotecnia y las ciencias políticas se está desarrollando gracias a unos individuos a los que Baker denomina Numerati, científicos, matemáticos e ingenieros de programación con la máxima graduación de estudios.

Los Numerati tienen una única obsesión: conocer pasos para así descubrir conductas. Y para llegar al fin están desarrollando lo que el autor denomina “el modelo matemático de la humanidad”.

Gracias a las nuevas tecnologías, la intuición de los anunciantes se ha cambiado por el análisis. Son las pequeñas cookies (galletas) que se envían o quedan alojadas en el ordenador las que permiten seguir el recorrido de los usuarios de una página web a otra. Esas respuestas que ofrecemos, o esas huellas que dejamos, compuestas de interminables cadenas de ceros y unos, son el preciado tesoro que obsesiona a los Numerati y que  reportarán dinero y votantes. Desde empresas farmacéuticas hasta compañías de seguros, partidos políticos, consultoras y gestores de personal, tendrán en sus manos los datos y perfiles con los que modificar conductas o preverlas; inducir o dirigir las compras; encontrar seguidores potenciales y “votantes bisagra” (aquellos que son proclives al cambio ideológico). Empresas que podrán hacernos más productivos, incluso ofrecernos la mejor de las parejas, o detectar cambios emocionales simplemente analizando la estructura de lo que escribimos o el lenguaje que empleamos.

La moda numeraria, filosofía de nuestra era, nos llevará a un mercado en el que la empresa o institución que cuente con las mejores bases de datos dispondrá del conocimiento con el que se comercializará en las próximas décadas. Contempla aspectos positivos como la detección y prevención de enfermedades, pero también inquietantes como la detección de personas malévolas o no. Porque al contar con estos datos, que harán posible la identificación de cualquier individuo, están exponiendo y coartando la libertad a los habitantes del planeta.

El periodista y escritor Stephen Baker es especialista en blogs, matemáticas y nanotecnología.

Nadie está ajeno, y lo más inquietante o paradigmático consiste en asumir que hoy en día somos nuestros propios espías. Minuto a minuto enviamos actualizaciones electrónicas y dejamos un rastro de migajas que los Numerati o recopiladores de datos, usurpando la identidad de Hansel y Gretel, persiguen con obstinación. Su objetivo es captar las tendencias sean cuales sean.

La idea no se centra en la individualidad sino la pertenencia de grupo. De ahí la relevancia de acumular datos con el máximo de variantes para luego cruzar la información y obtener grupos con rasgos comunes. O, mejor aún, con los rasgos que verdaderamente nos diferencian, que nos hacen insólitos, individuos aislados individualmente pero potencialmente interesantes en su conjunto.

La suma de los datos proporciona determinados perfiles. Los Numerati apilan esta información en columnas de “datos no estructurados” que luego separarán para identificar pautas. Sirven para cuantificar, modelar y convertir a los individuos en instrumentos financieros. Hoy, estos seres tienen en sus manos la base del negocio futurista en el que todos estaremos definidos. Nuestra suerte o  salvación radicará en que de esas listas no se salva nadie, ni siquiera ellos. Todos nuestros clics forman parte del experimento.

Sin embargo, el escritor e investigador, Stephen Baker no da nada por perdido porque como señala en el libro, “por mucho que se empeñen en medirnos contamos con la mejor y más potente arma: el cerebro humano, el ordenador más potente y sofisticado del planeta”. Somos y seremos imprevisibles en muchas de nuestras acciones, por lo que predecir con fiabilidad continuará siendo, a beneficio de la humanidad, la mejor de nuestras opciones.

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