¿Quién dijo miedo? Carsten Peter, fotógrafo de lo extremo

Volcan en erupción. Fotografía de Carsten Peter.

Trabajar para National Geographic es el sueño de muchos fotógrafos y fotógrafas. No es cierto que sean pocos los que, finalmente, la publicación centenaria y exquisita cuenta con una amplia red de colaboradores. Pero los que lo consiguen pueden considerarse auténticos seres favorecidos por la diosa Fortuna. Uno de estos afortunados es el intrépido Carsten Peter, un hombre que no experimenta el miedo y para el que no existe fotografía imposible de realizar. Lo suyo son los extremos, la naturaleza en estado puro.

Este fotógrafo de origen alemán pasó tres años en los Estados Unidos en busca de tornados, uno de los fenómenos naturales más violentos de la tierra. Un trabajo arriesgado con el que este cazatormentas se vio recompensado con el primer premio del World Press Photo en 2004.

Glacieres y hielo. Fotografía de Carsten Peter.

Especializado en situaciones límite, Carsten Peter aprovecha los elementos de los que se compone la naturaleza con los que consigue impresionantes imágenes que entrañan la dificultad del hallazgo y de su ejecución. Colgado a cientos de metros de altura, en descenso por cuevas y pozos de hielo, rozando el cráter de un volcán o sumergido en el epicentro de un tornado, el fotógrafo, equipo en mano, se olvida del peligro (¡incluso del tiempo!) para conseguir su objetivo: una imagen nunca vista, siquiera imaginada.

Es la propia fascinación por la naturaleza salvaje la que le mueve a la acción. El caos y la imprevisibilidad de ésta le seducen de tal modo que acepta los encargos más insólitos.

El fotógrafo Carsten Peter, tras la erupción de un volcán, realizando su habitual forma de trabajo.

El fotógrafo Carsten Peter, situado tras la erupción de un volcán, realizando su trabajo de forma habitual.

Ha fotografiado volcanes  en Islandia, Sicilia, Tanzania y Vanuatu (Oceanía), y en Etiopía. Ha pisado hielo en el pozo más profundo del planeta, el Inlandsis, en Groenlandia. Ha tenido que salir corriendo ante la ferocidad de espirales de viento en el Oeste americano, no sin antes realizar su disparo. Ha buceado en el glaciar del Mont Blanc, ha surcado el Sahara en camello y ha practicado la espeleología en Borneo.

Lo arriesgado del oficio le ha llevado a desarrollar sofisticados técnicas fotográficas y a tratar el equipo, por caro que sea, como si fuera desechable. En su mente no se concibe rechazar imagen alguna: cada instnate es irrepetible, la cámara en cambio puede sustituirse.

Cueva de los Cristales, Méjico. Fotografía de Carsten Peter.

Uno de sus últimos trabajos le condujo hacia el norte de Méjico, o más bien al interior de su corazón. En 2008 el fotógrafo bajó a la Cueva de los Cristales descubierta en el año 2000. Bajo mil metros de profundidad, en la mina de Naica, reposaba una belleza natural que parecía esperar a  Carsten Peter y que éste supo atrapar. El resultado de aquel trabajo fueron unas imágenes espectaculares y peligrosas dado que la humedad en el interior de la cueva era del 90 al 100 por cien, y la temperatura en torno a los 112 grados Fahrenheit, lo que elevó considerablemente el riesgo de cada incursión.

Una de las fotografías más impactantes por su tonalidad e inusual belleza es la del volcán Dallol en Etiopía. Situado a 116 metros por debajo del nivel del mar sus corrientes ascendentes crean asombrosos manantiales de azufre y sal.

Formación de azufre y sal en Dallol, Etiopía. Fotografía de Carsten Peter.

Lo que no todo el mundo sabe es que este fotógrafo tuvo que financiarse gran parte de sus aventuras, sobre todo al principio de su carrera profesional. Él mismo reconoce que ha realizado “una amplia gama de empleos inútiles” tan solo para ganar dinero. El riesgo y las forzadas situaciones de su trabajo le llevaban continuamente a reponer el equipo de trabajo, pero gracias a la experiencia y al contacto con la naturaleza Peter asegura que no hay lugar en la tierra que no le interese.

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