20 años sin Muro

Reproducción de uno de los dibujos que adornaron el Muro de Berlín, expuesto hoy en la fachada de la Embajada de Alemania en Madrid. Fotografía Alejandro Gutiérrez

Reproducción de uno de los dibujos que adornaron el Muro de Berlín expuesto en la fachada de la Embajada de Alemania en Madrid. Fotografía Alejandro Gutiérrez.

El 15 de junio de 1961, Walter Ulbricht, presidente de la República Democrática Alemana, RDA, anuncia su intención de levantar un muro en Berlín. Apenas dos meses después y como consecuencia de las continuas huidas a la zona occidental se inician las obras de separación de las dos alemanias. La ciudad de Berlín queda definitivamente cortada en dos ese mismo año.La Guerra Fría se materializaba así en hileras de tanques y armamento en una Alemania dividida entre la zona ocupada por los soviéticos donde rige el socialismo, y un supuesto freedom world, un paraíso rico e igualitario. Las grietas de ese muro dejaron ver la falta de libertad, la escasez de productos y un férreo control sobre la población alemana secuestrada en el lado “equivocado”. Pero también la imposibilidad de desarrollo al ser continuamente torpedeado por intereses económicos. Se construía entonces una Europa cruel en la que las políticas de la primera dama británica, Margaret Thatcher, y del presidente francés, François Mitterrand, sendos pesos europeos, serían de lo más vergonzante al evidenciarse su rechazo a una posible reunificación. 

Helmut Kohl reconoce hoy en El País que de todos sus aliados, “sólo uno estuvo desde el principio a favor de la unidad: Felipe González”, y agradece el papel de Mijaíl Gorbachov, al que los alemanes jamás podrán estarle “bastante agradecidos”. 

Parque de Berlín. Alejandro Gutiérrez.

Detalle de un trozo de Muro original ubicado en el madrileño Parque de Berlín. Fotografía Alejandro Gutiérrez.

Tendrían que transcurrir veintiocho años para que el ministro de Propaganda de la RDA, Günter Schabowski, anunciase que a partir de la medianoche del día 9 de noviembre de 1989 los ciudadanos de Alemania del Este podían cruzar cualquiera de las fronteras de la RDA, incluido el Muro de Berlín. El anuncio estaba motivado por las continuas fugas de ciudadanos que se pasaban a Occidente amenazando seriamente el sistema económico y político del Este. La caída fue fruto de la casualidad y del hastío, leemos con motivo del vigésimo aniversario desde su derribo, pero también de la necesidad de normalización económica y de la movilización social que se organizó nada más anunciarse la posibilidad del cruce de fronteras. Una apertura a la que no se puso ningún tipo de resistencia, ni burocrática ni de fuerza policial o militar. Fue un derribo pacífico, sin disparos ni sangre. Una acción fruto del clamor social, como escribe Sonia Aparicio en su trabajo No se cayó, lo derribaron publicado en la edición especial Berlín 1989, que aparece en el digital de El Mundo.

Numerosos editoriales y reportajes describen el símbolo del derrumbe como el final de una época que nadie añora. Esa fractura de cemento que separó un país y dividió al mundo “refutó en la práctica el experimento comunista”, apunta el editorial de El País. Y a continuación añade que uno de los mayores errores que podría cometerse sería el de considerar que esa equivocación radica en la búsqueda de la justicia social. Si el final del Muro trajo la liberalización del mercado éste no ha demostrado ser un sistema ni más ni menos eficaz que el del sueño comunista. Y Lluis Bassets apunta, en este mismo periódico, que “del epicentro urbano del convulso y violento siglo XX salió el mundo globalizado y multipolar de hoy”. Muchos rasgos de aquella tensión permanecen hoy entre nosotros, como son las armas nucleares y las amenazas de nuevas y viejas potencias militares, sólo que esta vez emplean un aliciente más: la guerra energética, la estrategia de dominación sobre los recursos naturales (aunque esto en realidad resulta más bien viejo) y el uso o paso por los distintos territorios. Hoy y debido a la distancia, constatamos las sorpresas que deparó la caída de ese Muro al igual que el propio desplome soviético. Éstas no pudieron diagnosticarse, siquiera percibirse por los políticos de entonces ni por sus expertos.  

Moisés Naím en su espacio El Observador Global en El País señala cuatro de estas consecuencias inesperadas al inicio del derrumbe comunista-soviético. Indica el analista el ascenso económico de China y el peligro que supone para los europeos dado que, cada día, toca de cerca asuntos relacionados con sus vidas como la vivienda, el consumo, la energía o la medicina. La aparición del euro fue otra de las sorpresas. Con las inverosímiles renuncias a la moneda patria de países como Francia o Alemania, la moneda única pasó de lejana e insegura utopía a transformarse en realidad.   

Construcción del muro

Construcción del Muro de Berlín.

La debilidad política europea también es herencia de lo anterior. De acuerdo con un estudio del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (CERE), la influencia del continente en Naciones Unidas, en relación con los Derechos Humanos (valor fundamental de Europa) ha “caído en picado”. “Hoy, 117 de los 192 países de ese organismo votan regularmente contra Europa”. Información ciertamente desalentadora, pues se suponía que la alianza europea sería más fuerte a medida que aumentasen sus miembros. Añade Naím como dato adicional que, en 2008, Europa ha enviado más soldados a Afganistán que Estados Unidos (de ellos además han perdido la vida 500).Por si fuera poco la cuestión religiosa y de procedencia por no decir de inmigración también deparó sorpresas. La Europa post-Muro  podría convertirse en “Eurabia”; así al menos lo perciben buena parte de los europeos cuyo 57% opina que en su país “hay demasiados extranjeros”. Hoy, los inmigrantes constituyen entre el 10% y el 30% de la población en la mayoría de países de Europa occidental. 

Sí, hoy gracias a la distancia, descubrimos ese efecto colateral descrito por Naím. Veinte años después, esa reconciliación no es tan contundente como parecía. Las diferencias culturales entre alemanes occidentales y orientales, el crecimiento lento del lado oriental y, descubierta la incapacidad del gobierno alemán para condenar los crímenes de la Stasi (policía secreta y de inteligencia de la RDA), ofrecen un panorama que dista mucho de las ilusiones iniciales. Sin embargo, o, a pesar de todo, la Caída del Muro de Berlín supuso el avance de la razón humana. Y la cita de mañana en Berlín, en la que se llevarán a cabo diferentes actos conmemorativos, supone, para el conjunto de la población alemana, un orgullo nacional, porque tal y como declaraba a la agencia Europa Press, Sergi Khrushev, hijo del premier soviético Nikita Khrushev, “cualquier muro va en contra de la naturaleza humana”. 

Anuncios