Fallece Francisco Ayala, el incorregible intelectual

Francisco Ayala

El escritor Francisco Ayala ha fallecido con 103 años.

Francisco Ayala fallecía ayer en su casa a los 103 años. Con su desaparición se desvanece una figura clave de la literatura española. También se cierra una época. Su persona, su nombre, encierran en sí mismos una gran historia. Representan una institución por lo fecundo de su obra y la valiente madurez intelectual de la que hizo gala hasta el final de su vida.

Francisco Ayala, que estudió Derecho y llegó a ser Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, fue precoz y brillante.  Publicó su primera novela, Tragicomedia de un hombre sin espíritu, con dieciocho años. Y un año más tarde, en 1926, lanzaría la segunda de sus novelas titulada Historia de un amanecer.

Colaborador desde 1926 de revistas tan relevantes para el periodismo y el pensamiento avanzado español de principios de siglo como La Gaceta Literaria y Revista de Occidente, el escritor siempre se preocupó de sus contemporáneos. Hombre de vanguardia tuvo que huir con el inicio del conflicto civil de España a la que regresó de Suramérica nada más estallar la guerra demostrando compromiso. Ocupó varios cargos de responsabilidad en el bando fiel a la República. Pero tanto su posición política como su vinculación a las letras en las que se empleo como fiel partidario del pensamiento moderno de aquella época hicieron su permanencia en territorio español una cuestión peligrosa. Cuando Ayala abandona la península deja bajo tierra los cadáveres de su padre y su hermano Rafael, víctimas de un nacionalismo exacerbado.  

Francisco AyalaEl exilio sin embargo le abrió otras posibilidades narrativas. Anduvo en Argentina, Brasil, Puerto Rico y Estados Unidos, donde fijó su residencia hasta su vuelta a España, en 1976. Aunque siempre se confesó huérfano de patria, no cejó de pensar en España. Pero durante su exilio no se desmoronó, trabajó afanosamente acostumbrado como estaba a la actividad intelectual y fundó numerosas revistas en su periplo americano. Escribió casi de todo. También se atrevió a poner un particular toque humorístico en alguna de sus obras. Irónico y brillante, paseó escritura y llenó páginas de literatura y periodismo. Gran ensayista abarcó temas sociales, políticos y artísticos, y fue un apasionado del cine, pero siempre tuvo presente que la figura central de todo aquello era lo humano.

Supo encajar la soledad profunda que deja el abandono y que sólo se rompió cuando en 1969 voces de escritores reclamaron su presencia a través del texto Salutación a Francisco Ayala. Toda una cohorte de escritores entre los que se hallaban Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Buero Vallejo, Camilo José Cela, Miguel Delibes, Carmen Laforet, Pedro Laín Entralgo y Rafael Lapesa, además de muchos otros, clamaron su vuelta.

Alguna semblanza publicada hoy señala que su estilo responde a una intelectualidad orgánica. No cabe duda de que el escritor siempre se mantuvo activo, observando constantemente la vida, participando en ella y creciendo. No hacía falta más que escuchar o ver alguna de sus entrevistas para darse cuenta. En una de sus últimas apariciones Ayala reconocía, consciente de su avanzada edad e inexorable punto final, que la grandeza y la satisfacción de la vida residen en haber actuado conforme a unos principios, afrontando la vida con la convicción de hacer lo que se debía.

Lúcido y fiel a la libertad individual, Francisco Ayala nos abandona dejando a sus espaladas 103 años de intensa vida y magnífica literatura construida con cuidado y precisión. Su extremado conocimiento de la lengua le merecieron galardones como el Premio Miguel de Cervantes en 1991, el Premio Príncipe de Asturias en 1998 y el ingreso en la Real Academia Española en 1983.

Valga esta frase del escritor para guardar su recuerdo: “El intelectual al que le dictan lo que ha de pensar abdica de su condición de intelectual”.

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