Incertidumbre, decepción y despidos a mogollón

Web o prensaReducción del número de páginas, despidos masivos de trabajadores, empleados temporales para ediciones concretas, publicaciones digitales que sustituyen al papel… La prensa está cambiando. Pero el problema no radica exclusivamente en el cambio, más bien tiene que ver con una permuta improvisada de la inercia de movimientos aplicados en el sector con motivo de la crisis. Pérdida de lectores y auges tecnológicos prometen desbancar, cuando no hacer desaparecer literalmente, a los periódicos. La falta de definición o reinvención de este tradicional medio de comunicación evidencian lo fatídico de la situación. Y ni que decir tiene que esa falsa expectativa en el periodismo ciudadano contribuye también con su particular daño en la profesión y sus profesionales. En España, entre junio de 2008 y abril de 2009, más de 2.200 periodistas han perdido su puesto de trabajo. Y lo peor de todo es la creencia generalizada para empresas y público de que cualquiera es capaz de pensar, desarrollar y redactar óptimamente cualquier tipo de contenido.

A nuestros políticos se les llena la boca con innovación y tecnología, con profesionalidad y competitividad del mercado, pero al parecer, y hablo como profesional implicada, esa competitividad en lo que atañe al mundo del periodismo no requiere demasiados estudios o formación, ni siquiera tiene en cuenta el aval de la experiencia. Esta evidencia resulta tan fácil como revisar los hechos que son los que demuestran esta línea y tendencia en la actual coyuntura económica, empresarial e incluso social que para nuestra desgracia nos ha tocado vivir.

Nunca como en nuestros días los diarios han contado con una audiencia tan voluminosa. Y los tiene gracias a Internet. La proliferación de soportes nuevos de difusión de la información y del ocio, vía Internet o los teléfonos móviles abre oportunidades. Sin embargo, el sustento principal de la prensa en la web, la publicidad, no despega. Pérdidas y ganancias no se equilibran. Y la sospecha apunta hacia el cobro de toda lectura en Internet que proceda de cualquier diario digital.

Pero lo más preocupante, al menos para el sentido de la prensa, es la pérdida de credibilidad y la falta de interés que suscitan en los lectores encontrar esos contenidos a los que me refería anteriormente desperdigados por la red que crean la falsa sensación de información y que están concebidos sin rigor ni norma periodística alguna. Y ver cómo cada día el peso recae sobre la opinión y no sobre los hechos.

Como bien explica Le Monde Diplomatic en su edición en español del mes de octubre “la obsesión actual de los diarios por la inmediatez les lleva a multiplicar los errores. La demagógica solicitud al “lector periodista” para que cuelgue en la web del periódico su blog, sus fotos o sus vídeos, incrementa el riesgo de difundir engaños. Y adoptar la defensa de la estrategia de la empresa como línea editorial (cosa que hacen hoy los diarios dominantes) conduce a imponer una lectura subjetiva, arbitraria y partidaria de la información”. La amenaza que planea sobre los periódicos es bastante seria, y, como podemos comprobar, lo es para todos.

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