Man Ray, un nombre con el don de la ubicuidad

Lágrimas. Esta imágen sirve de metáfora al artificio fotográfico. Man Ray acababa de ser abandonado por Lee Miller. Las lágrimas son brillantes bolitas de cristal. Fotografía de Man Ray. París, Francia, 1932.

Lágrimas, París (Francia), 1932. Esta imágen sirve de metáfora al artificio fotográfico. Man Ray acababa de ser abandonado por Lee Miller. Las lágrimas son brillantes bolitas de cristal.

Man Ray es el nombre fetiche de artistas, críticos y aficionados a la fotografía. Sus obras permanecen en nuestra memoria. “Han enraizado en la conciencia popular con la misma fuerza que en la historia del arte”, como bien definen Noriko Foky y John P. Jacab, ambos responsables de una de las exposiciones más memorables que se han realizado sobre el fotógrafo. Aquella exposición, bajo el título Unconcerned but not indifferent (justo la misma frase que escogió su viuda para su epitafio), mostró obras y objetos personales del artista hasta entonces desconocidos.

La vida y la obra de Man Ray se han convertido en tema de estudio y pasión para numerosos teóricos y expertos que tratan de ahondar en la leyenda de un hombre y en el enigma de su obra. El producto creativo de la mente de Man Ray continúa generando influencias a día de hoy. Y no es extraño encontrar reminiscencias o evidencias, en los casos más clamorosos, de su inspiración en distintos lugares y en diferentes obras de artistas contemporáneos.

La figura de este artista, que también se dedicó al dibujo y la pintura, resulta crucial para la fotografía y su posterior evolución y transformación en arte.

El violín de Ingres, París, 1924. Man Ray.

El violín de Ingres, París, 1924. Man Ray.

Man Ray nació como Emmanuel Radnitzky en Filadelfia en 1890. Sus padres fueron emigrantes rusos que llegaron a Estados Unidos en 1880. Desde pequeño demostró un interés inusitado por el dibujo y la pintura, pero sus padres desaprobaban tal inclinación por las artes a las que no veían ningún futuro. Al terminar la etapa escolar, en 1908, el todavía joven Emmanuel rechazaría una beca para estudiar arquitectura en la Universidad de Nueva York con objeto de dedicarse sólo a la pintura. Sus padres finalmente consintieron y le montaron un pequeño estudio para que pudiera trabajar. Atraído por los numerosos museos y galerías que por entonces abundaban en Manhattan, pronto entró en contacto con la fotografía. En 1912 la familia Radnitzky cambia su apellido por el de Ray, en parte debido al auge del sentimiento antisemita que comenzaba a gestarse y evidenciarse de manera especial. Emmanuel ya era conocido con el sobrenombre de Manny y decidió reducir aún más su nombre de pila con lo que Manny Ray pasa a ser Man Ray.

Aunque su interés inicial por la fotografía tenía que ver principalmente con la finalidad de documentar su obra pictográfica, el artista no sabe muy bien cómo termina abandonando la pintura para dedicarse a la fotografía. “Comencé como pintor -explicaría-. Fotografiando mis lienzos, descubrí el valor de la reproducción en blanco y negro. Y llegó un día en que destruí la pintura y me quedé con la reproducción”.

Uno de los descubrimientos más impactantes fue el hallazgo de lo que el propio Man Ray bautizó como rayografías. Mientras trabajaba en su cuarto oscuro, colocó varios objetos de cristal sobre una hoja de papel fotográfico impregnada con líquido revelador; encendió una luz próxima al papel con lo que obtuvo una especie de fotografía distorsionada por la refracción del cristal. Nace así uno de los sellos de identidad del fotógrafo pero no el único.

Natasha. Imagen solarizada. Fotografía de Man Ray, 1931.

Natasha. Imagen solarizada. Fotografía de Man Ray, 1931.

Desnudos y solarizados abundan en una obra que resulta desconcertante, que fascina por lo incipiente de su puesta en práctica y ejecución pero que evidencia una genialidad abrumadora. Man Ray emprende la búsqueda de la belleza cotidiana a través de composiciones deliberadas y casi siempre de estilo surrealista. Concibe la fotografía como una proyección del pensamiento, motivo por el cual una de sus constantes sería inmortalizar los aspectos psicológicos de los personajes a los que fotografiaba.

Man Ray es el responsable de elevar la fotografía a la categoría de arte a pesar de que el artista declaró en el auge de su carrera que “la photographie n´este pas l´art”. Seguidor de la corriente europea dadaísta, a principios de la década de los años veinte del XX, criticó los valores estéticos y culturales convencionales con la producción de obras marcadas por la parodia o la incongruencia de significados. Por eso la afirmación no resulta contradictoria. Los dadaístas son “antiartistas” que experimentan y trasgreden convenciones tradicionales en busca de una realidad convulsa, menos consciente pero visible.

El ideario estético de Man Ray tiene su punto de partida en la fotografía directa, sin artificios salvo los meramente fotográficos que proporciona el material sensible como los solarizados, sus rayogramas o las sobreimpresiones a los que con frecuencia sucumbió el artista.  Fue todo un maestro de la fotografía, visiblemente influenciado por los principios vanguardistas del siglo pasado que todavía están presentes en su obra. Unas imágenes sorprendentes que mantienen su vigencia y tienen, aún hoy en día, una gran proyección en toda suerte de expresiones artísticas. 

Man Ray

Toda el enigma y la fascinación de la obra de Man Ray parece esconderse en sus ojos.

 

Man Ray falleció en París en 1976. Permanece enterrado en el cementerio de Montparnasse en Francia, junto a su viuda Juliet Man Ray quien falleció quince años más tarde, en 1991. En la actualidad la obra de este importante artista en el campo de la fotografía está gestionada por la fundación The Man Ray Trust.

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