Alimentar el planeta

Hoy se celebra el Día Mundial para la Erradicación de la Pobreza.

Hoy se celebra el Día Mundial para la Erradicación de la Pobreza.

La pobreza tiene muchas caras y demasiadas cifras. Más de 1.020 millones de personas sufren actualmente desnutrición en el mundo y más de 25.000 personas mueren cada día de hambre. De esos 1.020 millones de seres humanos, 448 millones son niños entre los que se encuentran demasiados menores de cinco años, los más vulnerables. 30.000 de ellos mueren cada día por enfermedades que se podrían haber evitado. Y, aproximadamente, 6.000 de estas muertes tienen su causa relacionada con la falta de agua.

Lejos quedan las palabras y los objetivos cuando se publican estas cifras. Corría el año 1992 cuando la Asamblea General de la ONU decidió declarar, el 17 de octubre como el Día Mundial para la Erradicación de la Pobreza. Aquella resolución suponía el compromiso de Estados y ONG’s para organizar actividades con las que recordar que hace falta mucho más que promesas para alimentar al mundo.

Hoy es 17 de octubre, celebramos dicho día mundial, pero ha el tiempo y la situación no mejora. incluso se agrava. El 90% de la riqueza mundial se encuentra en manos del 20% de la población cuando alrededor de 2.800 millones de personas, la mitad de la población mundial, sobrevive con un euro al día, e incluso las hay seres humanos que ni siquiera llegan al euro diario. El reparto de riqueza continúa en claro desequilibrio. 
Más de 1.020 millones de personas en todo el mundo han pasado hambre durante el pasado año 2008.

Más de 1.020 millones de personas en todo el mundo han pasado hambre durante el pasado año 2008.

Tendemos a asociar el hambre con el Tercer Mundo pero la pobreza y el hambre están mucho más cerca. La crisis ha dejado en situaciones extremadamente complicadas a un 20% de familias españolas según el último informe de Cruz Roja publicado en su Boletín sobre Vulnerabilidad Social. Esto significa que uno de cada cinco ciudadanos de nuestro país está en riesgo de convertirse en pobre. La crisis se ha cebado con los débiles, a saber: mujeres, ancianos, inmigrantes. 

El hambre es un fenómeno planetario que se hace más visible en países sin infraestructuras ni gobiernos estables y con graves carencias de desarrollo en todos los niveles que se pueda imaginar. José Luis Ródriguez Zapatero, anunció que la lucha contra el hambre y la pobreza serían las prioridades de nuestra Presidencia de la UE y, en una Reunión de Alto Nivel de la ONU sobre Seguridad Alimentaria en Madrid, en enero de 2009, “comprometió mil millones de euros para este fin en cinco años”, como recuerda la organización Action Aid en un comunicado difundido ayer por la Agencia EFE del que se hace eco el periódico Público. La ONG señala que España ha realizado un esfuerzo para incrementar su Asistencia Oficial al Desarrollo, pero, según destaca El Mundo en su edición digital,  no ha contribuido de la misma manera en ayudas a la agricultura o protección social en países pobres. Queda claro que el esfuerzo debe ser igual de intenso para los hambrientos de España y los del resto del mundo. Pero queda igual de claro que este esfuerzo debe exigirse al  resto de gobiernos. Y más aún cuando “en las próximas cuatro décadas, la población mundial crecerá en 2.300 millones de personas”, como afirma Jacques Diouf, Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en un artículo publicado ayer en la sección Dominio Público del diario Público. Esto significa que para entonces habrá que satisfacer la demanda de 9.100 millones de habitantes del planeta, para lo cual la producción de alimentos deberá incrementarse el 70%. Un auténtico desafío al que debemos sumar las consecuencias del cambio climático y la carencia de agua.
Pobreza en España

La pobreza y el hambre están presentes en todos los Estados incluido el español. La grave crisis económica ha colocado en una difícil situación al 20% de las familias españolas.

Sobre las medidas que habría que contemplar de manera inmediata para garantizar los alimentos al planeta el día de mañana, Jacques Diouf explicaba que “la clave […] reside en la captación y almacenamiento de aguas y en técnicas que mejoren la eficiencia en el uso del agua y la humedad del suelo”. Porque “a medida que disminuya la población rural y agraria, la agricultura será cada vez más intensiva en capital para producir más alimentos y de mayor calidad para una población urbana más rica y numerosa”. Aludía a la inversión en investigación y desarrollo, en infraestructuras, educación, tecnología y sistemas de extracción. Porque los campesinos van a emprender su migración hacia núcleos urbanos, dejando el campo y la agricultura sin personal adecuado para su cuidado y cultivo.

Si la gente pasa hambre, explica, “no es porque el mundo no esté produciendo alimentos para todos […]”, sino porque dichos alimentos están producidos por el 70% de las personas pobres que paradójicamente no pueden satisfacer sus necesidades básicas de alimentación.

La FAO difunde, con motivo de este Día Mundial de la Erradicación de la Pobreza, en una nota la necesidad de establecer una estrategia global para erradicar el hambre en el mundo. El jefe de la Oficina de Información de la FAO para España y Andorra, Germán Rojas, subraya que “el haber superado por primera vez en la historia de la humanidad la barrera de los mil millones de hambrientos nos enfrenta a la gran paradoja de nuestros días: vivimos en un mundo en el que existen suficientes alimentos para todos y, sin embargo, no somos capaces de que todos tengan acceso a dichos alimentos y evitar así el continuo aumento de personas desnutridas”.

Esta es la situación sobre el papel. Mucho más trágica es sobre el terreno. La Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria se celebrará en Roma los próximos días 16, 17 y 18 de noviembre. En ella los Jefes de Estado y de gobierno de los 192 países miembros de la FAO debatirán y tomarán decisiones sobre la política y estrategia a seguir para alcanzar el nivel de hambre cero en el mundo. La reunión de Roma supone un desafío para un mundo necesidato no sólo de voces firmes sino de resoluciones pétreas que denoten compromiso para garantizar el abastecimiento de alimentos a los habitantes del mundo presente y a los que, más allá del 2050, continúen vivos en el planeta.

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