El periodismo débil, de Teodoro León Gross

El periodismo débil, de Teodoro León Gross. Editorial Almuzara, 2005.

El periodismo débil, de Teodoro León Gross. Editorial Almuzara, 2005.

La simplificación y el reduccionismo constituyen una amenaza para el periodismo. Y entre las tareas que conciernen y competen a la prensa, no solo como actividad empresarial sino como servidor de información de la gestión política y administrativa de los Estados, resultan cruciales los conocimientos sobre el funcionamiento de los periódicos, la distribución temática de sus espacios, y los elementos que componen sus páginas.

Esta propuesta se encuentra en el libro El periodismo débil de Teodoro León Gross, toda una invitación para profundizar, desde la crítica, en aspectos del periodismo que en el caso español muestra evidencias de fatiga. Si se considera que la Unesco fijó el índice 100,  en cuanto a circulación de prensa, como registro de referencia para considerar desarrollado a un país, y si tenemos en cuenta que en España la venta de periódicos está en 100 ejemplares por cada 1000 habitantes, encontramos -como recuerda este autor- un panorama de precariedad inquietante.

Teniendo estos datos en mente y reflexionando sobre una de las catorce paradojas que sobre el periodismo y su actividad propone o detecta este profesor titular de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Málaga, extraemos que a pesar del prestigio de la prensa y de su demostrada eficacia en cuanto a control y vigilancia del sistema democrático, su lectura es una práctica muy poco extendida en España. Ya en el año 2004, señala el profesor Gross, se vendía un periódico por cada diez ciudadanos. “Eso no explica todo sobre las debilidades del sistema, pero explica bastantes cosas”, apunta.

Teodoro León Gross, que considera estas cuestiones clave para el periodismo y para la correcta formación e información de los ciudadanos, aborda en el libro aspectos cruciales para ambos, para lectores y profesionales.  Desde la ventaja que supone “asomarse a la realidad con la información de lo que sucede, la interpretación de por qué sucede y con opiniones acreditadas”, pasando por las vinculaciones e intereses económicos de los grupos de prensa, hasta la relevancia de conocer el proceso de elaboración de las informaciones que componen las páginas de los periódicos.

Como bien señala el autor de El periodismo débil “la forma de ejercer el periodismo tiene estrecha relación con la cultura nacional”, y tampoco podemos desligarnos de la revolución tecnológica que ha trastocado el mercado a lahora de analizar todo el entramado de la prensa. Está claro que “el [periódico en] papel da síntomas de fatiga en tanto que el negocio florece en los digitales”. Pero a pesar del auge y de las posibilidades que brinda internet, en cuanto a información se refiere, visualizamos un nuevo género el infotainment o infoentretenimiento, una especie de mutación en la “identidad social del periodismo” cuyos efectos, apunta el profesor Gross,  están por ver.

En cualquier caso, los contenidos, elemento característico de la identidad de la prensa, hasta que pasan a formar parte de las páginas diarias del periódico atraviesan por diferentes fases que resulta imprescindible conocer.

Teodoro León Gross, autor de El periodismo débil.

Teodoro León Gross, autor de El periodismo débil.

 Desde la valoración del hecho o noticia en sí, a la selección de los datos, su redacción  o  su contribución no como reflejo de la realidad sino como una construcción de las muchas posibles que ofrecer finalmente al lector. Cuestiones técnicas, estilísticas o deontológicas que es imprescindible manejar con criterio.

El autor también profundiza en la manera en que las redacciones se mueven, se transforman y funcionan. Asalta igualmente la precariedad del sector y la depreciación del profesional periodista que no encuentra lo suficientemente dignificada su profesión por cuestiones económicas pero también deontológicas. No resulta nada nuevo las prácticas irregulares, la deficiente calidad de lo que hoy en día se entiende por periodismo de investigación, o la propia institucionalización de la información que, tal y como es proporcionada o pronunciada, aparece en impresión. Este último aspecto, el de la fuente única demuestra mejor que ninguna otra la debilidad del periodismo al que trastoca en ente sumiso.

Detectados los peligros, Teodoro León Gross ofrece soluciones como el más que necesario equilibrio de las fuentes, la necesidad de distinción de los géneros periodísticos (que siguen teniendo sus fuentes en los tres macrogéneros por excelencia: ensayo, opinión e interpretación), el principio de mediador entre la información y el lector que ha de estar presente en cada redactor. Así como la necesidad o el convencimiento de trabajar de forma aséptica o sin incluir injerencias en los textos a pesar de que la objetividad sea una quimera.

Para dar respuestas a la complejidad de la realidad y de la historia, dice el autor, el periodismo requiere de un sistema de implantación abierto y plural además de una deontología coherente con la cultura democrática. Porque sólo detectando las debilidades y describiendo las fortalezas de nuestro periodismo se puede demandar periodismo de calidad.

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