El nuevo estatus de Barack Obama pasa por el Nobel de la Paz

Pintura del Presidente Barack Obama. Fuente Yab be Yad, blog wordpress.

Pintura del Presidente Barack Obama. Fuente Yab be Yad, blog wordpress.

La última voluntad de Alfred Nobel, inventor de la dinamita e industrial sueco fue la promoción de talentos y compromisos en pos de la humanidad. Seguro que el enriquecido Alfred en su lecho de muerte, algo aturdido y avergonzado por atesorar riquezas, pensó en la necesidad de premiar a los hombres más allá de lo económico. Por eso como señal de reconciliación ordenó la constitución de un premio que llevaría su nombre, con el que premiar a los grandes hombres desposeídos de egoísmos y afanados por mejorar el mundo. Así nace el Premio Nobel, desdoblado más tarde en categorías. Uno de los últimos galardonados ha sido el recién nombrado presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama. Los esfuerzos por una diplomacia multilateral ha sido el motivo por el cual los miembros del comité noruego han decidió otorgarle el galardón en el campo de la Paz.

Pero sin menoscabar esos esfuerzos del presidente norteamericano por la paz en el mundo la designación parece algo precipitada. El anuncio de tan estimado galardón bien puede responder a la necesidad mundial de contar con líderes comprometidos con los seres humanos en su máxima concepción, o bien, a una táctica, sabiamente urdida, de falsos amigos que al ponerle el listón tan alto están bogando juntos para precipitar al gran Obama hacia el suicidio político. Porque si ya ostenta este premio, del que seguro había una lista con nombres de personas trabajando por esa paz de forma menos llamativa y sobre todo, desde muchos años atrás, ¿qué es lo próximo que ha de lograr Obama? ¿No estaremos poniendo demasiadas esperanzas en un líder que pertenece a un partido político que no difiere tanto de la otra gran opción norteamericana y cuyos intereses están ligados a tantas zonas del planeta que padecen la explotación y el paso del terremoto USA? Y por último una reflexión igual de inquietante, ¿no debería contar el premio con el aval de la trayectoria personal y profesional de facto en el terreno que premia?

El propio Obama ha confesado su asombro y entiende el premio como “una llamada a la acción”. Pero resulta extremadamente inocente pretender que un premio pueda forzar el idílico ambiente de paz mundial.

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