Reencuentro con la conquista de Roald Amundsen

Cuatro miembros de la expedición de Roald Amundsen contemplan la bandera noruega izada como señal de conquista sobre el Polo Sur en 1911. Imagen difundida por EFE tras el hallazgo del original por parte del historiador Harald Ostgaard Lund.

Cuatro miembros de la expedición de Roald Amundsen contemplan la bandera noruega izada como señal de conquista sobre el Polo Sur en 1911. Imagen difundida por EFE tras el hallazgo del original por parte del historiador Harald Ostgaard Lund.

Ser explorador nunca ha resultado fácil y menos aún cuando dicha profesión pretende ejercerse a principios del siglo XX, cuando todavía los medios de los que dispone la humanidad son algo rudimentarios. Este aspecto no pareció importarle mucho a un joven llamado Roald Amundsen, un intrépido noruego nacido en 1782 que en 1911 tomó la decisión de emprender rumbo al Polo Sur para dejar allí sus huellas. Amundsen fue uno de aquellos románticos exploradores de principios de siglo que ávido de emociones se embarcó rumbo a lo desconocido para cumplir un sueño: ser el primer hombre en la Tierra que pisaba el Polo Sur.

Amundsen, al que la experiencia le supo a poco, decidió regresar a la Antártida quince años más tarde, solo que esta vez, gracias a una próspera pero todavía escueta tecnología, el brillante explorador alcanzaría la inmensidad de hielo volando en un dirigible junto al ingeniero italiano Umberto Nobile y algún que otro ensoñador aventurero.

Como no hay dos sin tres y como por entonces el curtido explorador no veía satisfechas su ansías de ventisca, empujado por el placer de las bajas temperaturas, y por la búsqueda del desaparecido Nobile que también se dejó seducir por aquel paraje, Amundsen decide en 1928 emprender de nuevo rumbo al Polo. Lástima que para su desgracia también resultara cierto el dicho: “A la tercera va la vencida”. Así que en esta visita, el veterano aventurero, emocionado con el reencuentro con la gélida inmensidad blanca pero sensiblemente compungido por el misterio del paradero de Nobile, optó por quedarse allí. Desde aquel viaje han transcurrido 81 años, justos los mismos que lleva en paradero desconocido.

Retrato del explorador noruego Roald Amundsen.

Retrato del explorador noruego Roald Amundsen.

De su primera huella en aquellas tierras congeladas apenas quedó registro salvo en fotografía. Evaporada durante 98 años, la imagen que testifica y da fe de las gloriosas huellas de Amundsen, reaparece estos días gracias a la exhaustiva búsqueda del historiador Harald Ostgaard Lund. Un afanoso erudito con dotes detectivescas que ha analizado nada menos que 700.000 imágenes digitalizadas en la galería de la Biblioteca Nacional de Australia para por fin dar con tan preciada imagen. Del negativo no queda ni rastro. Así que el original resucitado pasa a convertirse en uno de los pedazos de historia materializada en celulosa y gelatina más preciados del planeta.

La fotografía originaria, la única, fue realizada por el fotógrafo australiano Edgard W. Searle, que tras abandonar la Antártida hizo escala en el puerto de Hobart, capital de Tasmania, donde entregó los negativos a otro fotógrafo, J. W. Beattie.Ahora, mediante un examen documental que se encuentra a la altura que la propia escena de la fotografía, Harald Ostgaard ha encontrado la mítica imagen dentro del álbum Vistas de Tasmania.

Es una imagen rudimentaria, un documento gráfico en el que los cuatro miembros de la expedición contemplan la bandera Noruega izada en lo alto de una frágil tienda de campaña y que certifica el éxito de Amundsen y la desdicha para los herederos (si es que los tiene y viven) de Robert Falcon Scott, capitán de la Royal Navy, que alcanzó el Polo Sur un mes después que Amundsen. Para su desgracia de toda la expedición, la mala planificación del capitán les relegó no sólo a un segundo puesto en la conquista del Polo sino que les deparó la muerte. Ningún miembro de aquella expedición logró superar el viaje de regreso.

Imagen del navío en el que viajó la expedición al Polo Sur. Buque Fram.

Imagen del buque Fram, el barco en el que viajó la expedición Amundsen al Polo Sur.

Lejos queda ese primer viaje de Amundsen al Polo Sur, al que llegó navegando en el Fram, el buque que habitualmente utilizaba para sus expediciones, junto a una experta tripulación en un largo viaje por el antártico. Al mirar la vieja fotografía recuperada hoy podemos imaginar las frágiles condiciones de aquel viaje en el que todo el equipo pisaba hielo un 14 de enero de 1911, esperanzado por cumplir su misión. Tras izar la bandera, señal del logró alcanzado, la expedición  se despedía del Polo Sur el 14 de diciembre de ese mismo año. Para entonces, Amundsen y su equipo ya habían engrosado las filas de intrépidos de la Historia.

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