Polanski, la pena y los colegas

El director de cine, Roman Polanski, permanece en una celda de Zúrich a la espera de conocer si será o no extraditado a EE.UU. para ser juzgado por violación y sucuestro de una menor hace treinta años y darse a la fuga tras el proceso judicial iniciado entonces. El director reconoció su implicación pero temió una pena "ejemplar" por lo que decició abandonar el país.

El director de cine, Roman Polanski, permanece en una celda de Zúrich a la espera de conocer si será o no extraditado a EE.UU. para ser juzgado por violación y sucuestro de una menor hace treinta años y darse a la fuga tras el proceso judicial iniciado entonces. El director reconoció su implicación pero temió una pena "ejemplar" por lo que decició abandonar el país.

Toda esta controversia en torno al director de cine Román Polanski le quita a una las ganas de ver cine. Esa es la verdad. Al menos de ver su cine. Porque toda obra de arte tiene sus propios límites, y porque cuesta digerir que un hombre portentoso como Polanski, herido por sus tragedias o perdido en psicodelias  pudiera haber caído tan bajo como para encontrar consuelo en la violación a una niña de 13 años.

La genialidad del cineasta no puede servir para eludir sus compromisos pendientes con la justicia, como pretenden sus correligionarios. Un delito es un delito, y es y será el mismo tipo de delito lo cometa quien lo cometa. Que el caso tiene elementos insidiosos como el pretendido perdón de la víctima o el supuesto pago por el agravio cometido hace treinta años cuando Samantha Geimer era una niña de 13 años con cuerpo desarrollado y ganas de éxito, como denuncia la BBC en su web, no voy a discutirlo. Pero creo que la justicia está para algo más que para mandar a la cárcel a delincuentes con o sin talento. No se puede apelar a la creatividad y talento del cineasta ni tampoco a la prescripción de un delito semejante. Polanski asumió su culpa, es cierto, pero huyó creyendo que se le aplicaría una pena “ejemplar”. ¿Acaso un delito de tamaña envergadura no se merece una pena ejemplar? La merecía entonces y la merecería ahora, a pesar del tiempo y de los años.

Y, aún siendo cierto, el discurso de persecución y favores entre Suiza y Norteamérica me parece una cortina de humo para evitar la el asunto principal. El quiz de la cuestión sigue siendo el mismo, la violación a una menor, el resto de asuntos o informaciones es colateral a la trama central de este triste argumento de película real.

¿Y qué decir del absurdo alegato en su favor por parte de compañeros, directores como él o actores y actrices de todo el mundo que pretenden aferrarse a su talento como eximente? Como bien apuntaba el pasado día treinta, en el periódico La Razón, el columnista José Luis Alvite: “Ebrios de soberbia, los coristas de Polanski se resisten a creer que la Ley pueda ser con ellos más severa que la crítica cinematográfica. Obviamente, se equivocan. Los dioses del cine suelen morir inmortales, pero raras veces mueren impunes”. Al menos eso es lo que cabría esperar del sistema judicial, que a cada delito le acompañe una pena con el o los culpables.

Escribe este periodista que “su cierre de filas [en torno al director] da a entender que tratándose de alguien a ratos genial, un crimen no es más grave que cualquier pintoresca ocurrencia intelectual”. Polanski debe ser juzgado y en ese nuevo juicio sus abogados podrán alegar tanto como quieran. Pero la justicia no puede permanecer inmovil ante este tipo de delitos. Mal vamos con la crisis internacional, pero si la justicia sigue los mismos derroteros de postrarse únicamente ante el dinero y el poder, ofreciendo así argumentos para delinquir y no poniendo trabas a comportamientos depravados ¿qué nos queda a los hombres y mujeres, triste plantel de mortales invisibles, para encontrar sentido a este sistema?

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