La formación de la mentalidad sumisa, de Vicente Romano

Expresión de libertad. Pintura de Adriana Richer. Monterrey.

Irene. Expresión de libertad. Pintura de Adriana Richer. Monterrey.

Con una introducción atractiva, Vicente Romano explica en La formación de la mentalidad sumisa (El Viejo Topo, 2004) que la teoría evolucionista confirma que el conocimiento es el resultado de la acción y la experiencia. Pero si la experiencia crea conciencia, ¿qué pasa cuando la inmensa mayoría de las experiencias no las hacemos nosotros mismos, sino que nos vienen mediadas por otros?

La formación de la mentalidad sumisa, expresión que designa uno de los problemas actuales en cuanto aceptación y sumisión de la sociedad ante las órdenes de políticos y poderosos y que sirve, además, de título a la obra de este brillante profesor, consigue explicar muchos de nuestros comportamientos al margen de militancias políticas, pero con frecuencia impuestos desde una ideología concreta, la del capitalismo internacional.

Publicado por primera vez en 1993, Vicente Romano confiesa que, hasta 2006, sólo conocía cuatro reseñas en revistas muy concretas sobre su libro. A pesar del tiempo su lectura resulta fresca y conveniente. Probablemente más conveniente que nunca debido a la situación económica mundial.

Este autor describe en apenas 156 páginas como la sociedad tecnológica que nos invade (y que va en aumento) está deshumanizada. Y pone en cuestión que todo lo tecnológicamente posible resulte verdaderamente conveniente.

La formación de la mentalidad sumisa pretende sopesar esas consecuencias. La economía mundial requiere de un “pensamiento único” que ha relegado conceptos como clase social y propiedad, y que propaga la idea de que el desarrollo tecnológico equivale a progreso. Sin embargo, ese progreso y sus beneficios en realidad están en manos de poderosos que se esfuerzan en mantener el monopolio de la opinión y alimentar la “falsa conciencia”.
Potada del libro La formación de la mentalidad sumisa, de Vicente Romano. Editorial El Viejo Topo, 2004.

Potada del libro La formación de la mentalidad sumisa, de Vicente Romano. Editorial El Viejo Topo, 2004.

Vicente Romano, Doctor en Comunicación Púbica por la Universidad de Münster (Alemania) y en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, explica que para dar una imagen de capitalismo humano los empresarios se han visto obligados a dar a sus trabajadores ciertas concesiones (jornada laboral fijada, antigüedad, salario mínimo, etc.). Pero, y he aquí la razón del libro, en la actualidad todo este terreno se ha perdido.

La desintegración de la URSS y del comunismo en Europa Oriental han afianzado la creencia de que el capitalismo europeo y estadounidense son la solución, idea que se ha ido extendiendo por todo el planeta. Sin embargo, lo que viene a denunciar este reputado profesor es que la clase media se halla cada vez más encogida por una diminuta clase poseedora, escandalosamente rica, que lo tiene todo. Cada vez son más las personas que trabajan por menos dinero en todo el mundo, mujeres y niños incluidos. La jornada laboral se ha incrementado a niveles desconocidos hace muchas décadas. A las familias con varios miembros trabajando en precario hay que sumar el pluriempleo. Si a todo esto se añade la posibilidad de comprar a plazos, las tiendas de “todo a cien”, etc., se entenderá por qué las masas populares siguen consumiendo a pesar de estar más explotadas.

Pero para alcanzar estos objetivos de alienación se requiere algo más que el consumo. Se requieren formadores de opinión. Los formadores de opinión pretenden mantener a la población desinformada, sin otra posibilidad de alternativa sumisa.

Este adoctrinamiento se corresponde con lo que M. McLuhan denominaba “el aula sin muros”, la transmisión de valores (con frecuencia banales o convenientemente manipulados) que se practica a través de los llamados medios de comunicación de masas. El consumo de medios de comunicación, de televisión sobre todo (el 65% de los conocimientos y las informaciones se adquieren a través de este medio), constituye un componente fijo de la vida cotidiana de la sociedad actual. Vicente Romano concluye que resulta más económico y rentable modelar el pensamiento que mantener un costoso aparato de represión, y en esa modelación tienen mucho que ver los medios.

Golconde. Renén Magritte, 1953.

Golconde. Renén Magritte, 1953.

Las formas de entretenimiento y de cultura populares han ido desapareciendo o se producen de forma minoritaria y han sido sustituidas por la producción industrial. Pero esta sustitución, fruto de la imposición ideológica nacida desde la empresa responsable de su creación, no supone más que degradación y depauperación intelectual.

Nuestras opiniones son producto de las informaciones y experiencias recibidas a través de otros. La mayoría de estos acontecimientos y experiencias son mediados. Pero lo más característico de estas opiniones, dice el autor, es que una vez formadas resulta muy difícil cambiarlas. Sobre la opinión escribe que la herramienta con que se hace se llama información.

Para el autor continuamente se falsea la realidad mediante un lenguaje ininteligible para que nadie lo comprenda o a través de eufemismos que suavizan la realidad. Además, el temor de hacer preguntas, que está invadiendo todos los terrenos incluido el periodístico, no es másque el resultado de esa domesticación social.

Romano propone una sencilla reflexión para dar con la solución y poder elegir así no formar parte de la masa sumisa. Por eso escribe que el hecho de que una afirmación sea verdadera o falsa depende de que corresponda o sea conforme a nuestros intereses. Quien comprende que le pueden ocultar esos intereses, sus intereses, ha dado ya un paso para encontrarlos. Los intereses están vinculados a las personas.

El escritor concluye que el carácter inhumano y las desigualdades de este sistema se van conociendo por la experiencia. Gracias a ellas somos más críticos y exigentes. Esa será la salvación porque los límites de la manipulación hay que buscarlos en sus propias contradicciones.

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