Robert Capa y Gerda Taro. Artífices de la fotografía bélica deliberada (I)

Barcelona ciudad sitiada. Fotografía de Robert Capa,1939.

Barcelona ciudad sitiada. Fotografía de Robert Capa,1939.

Robert Capa reúne cualidades suficientes para estirar el mito en que se ha convertido su figura y su obra. En la actualidad, experimentamos uno de esos períodos en el que novelas y reediciones, incluso novedosas traducciones como las memorias del fotógrafo tituladas Ligeramente desenfocado de la editorial La Fábrica vuelven a ponerle en circulación. Tanto la persona como el personaje lo merecen. Hace poco Gervasio Sánchez, reconocido y admirado fotógrafo español, escribía en El País acerca de este importante fotoperiodista y afirmaba que prefería a la persona por encima del personaje. En ese artículo explicaba, además, que Capa “nunca fue un carroñero y apenas enfocó su cámara sobre cadáveres”, “nunca se aprovechó de su posición privilegiada para fotografiar de forma indecorosa las trágicas consecuencias de los combates”, y sin embargo, sus imágenes perduran en el tiempo y en la mente de los que las ven como muy pocas lo han conseguido. Pero no sólo por eso. Las fotografías de Robert Capa, nombre artístico con el que firmaba y gracias al cual alcanzó prestigio y fama (su verdadero nombre era André Friedmann), consiguen aunar la visión compasiva de la vida humana en todo su dramatismo y emoción. Por eso su figura ha logrado la inmortalidad.

Una de las exclusivas imágnes del Desembarco de Normandía durante la II Guerra Mundial. Fotografía de Robert Capa, 1944.

Una de las exclusivas imágnes del Desembarco de Normandía durante la II Guerra Mundial. Fotografía de Robert Capa, 1944.

Son  fotografías que demuestran lo que hasta entonces eran sencillos testimonios sin estética o intencionalidad narrativa, son imágenes fruto de la deliberación y por ello encierran su propio discurso. Imágenes que nos hablan y desvelan mensajes profundos encerrados en la aparente información visual que trasciende la nada despreciable función del testimonio.

Los que profundizamos en su obra a menudo solemos preguntarnos cómo debió sentirse este judío húngaro, auténtico buscavidas y superviviente emocional, al ser protagonista y víctima de momentos tan intensos como los que se registraron durante la primera mitad del siglo XX. Rodeado de guerras, amor y muerte.

Las innumerables citas, obras y discursos que se han realizado sobre él llegaron a su momento culminante cuando en la década de los sesenta, Philip Knightley, autor de The first casualty, pusiera en duda una de las imágenes más famosas de la Guerra Civil española.  Muerte de un miliciano o El soldado caído, como también se la conoce, que fue tomada en Cerro Muriano en septiembre de 1936 por el joven Capa cuando apenas hacía un mes que había estallado el conflicto civil, se transformaba entonces y pasaba de ser un hito en la historia de las guerras y del fotoperiodismo a convertirse poco menos que en una estafa, una simulación organizada por el propio fotógrafo.

Detalle de Muerte de un miliciano de Robert Capa. En rojo los detalles de la polémica, ¿la imagen es real o está siendo escenificada?

Detalle de Muerte de un miliciano de Robert Capa. En rojo los detalles de la polémica, ¿la imagen es real o está siendo escenificada?

Para Knighley y otros expertos forenses la postura de Federico Borrell García, el hombre que cae víctima del disparo que capturó Capa y que le convirtió en símbolo de la barbarie y la sinrazón fascista en España, no se corresponde con los patrones de una caída de un hombre en plena carrera sorprendido por una bala. La clave para descifrar la realidad estaría en la pose “antinatural” de la apretada mano izquierda del miliciano muerto mientras se desploma (sujetando o apretando la pierna o el tejido del pantalón).

Otra explicación alternativa se encuentra en el libro de José Manuel Superregui quien sostiene que esta foto se tomó en la localidad de Espejo. Los historiadores españoles afirman que la guerra llegó a esa localidad en fechas posteriores a la toma de Muerte de un miliciano. Lo que demuestra la autenticidad del montaje.

Una posible respuesta para la aceptación de la escena y su verdad la encontramos en un día de guerra tranquilo, sin enfrentamientos, en el que Capa acompañado de varios combatientes republicanos decide salir por los alrededores. La falta de acción le lleva a realizar fotografías que simulan un ataque que bien pudiera haberse producido en algún lugar y que concluye brusca e inesperadamente con la vida de Borrell. El suceso dejó a un André Friedmann sensiblemente tocado; él nunca fue franco con lo que verdaderamente ocurrió, y los negativos de la imagen jamás se hallaron. Tampoco se escondían en la famosa maleta mejicana, última esperanza para desvelar el misterio.

Pero más allá de la polémica que puede responder a intereses para continuar exprimiendo al mito y así alimentar bolsillos, lo cierto es que como bien apunta el periodista Raúl Conde en su blog, imagen y muerto ejemplifican el símbolo de la crudeza del conflicto civil español. Haciendo valer este argumento en defensa de la tragedia española, no podemos obviar la falta de moralidad que implica el hecho de alterar o inventar una escena haciéndola pasar por realidad. Nunca sabremos la verdad, ni siquiera sabremos si verdaderamente Capa inventó esa imagen en su mente o si representó una escena contemplada con anterioridad en el fulgor de alguna otra batalla. Lo que sí certífica la imagen con una desnuda y despojada crudeza es el peso de la muerte.

Página doble de la revista VU donde se público Muerte de un miliciano, Cerro Muriano, 1936. El fotógrafo Robert Capa quería reflejar con todo el dinamismo e intensidad posibles la Guerra Civil española.

Página doble de la revista VU con el reportaje titulado "Guerra Civil en España". Es en este número donde se público, por pirmera vez, Muerte de un miliciano, imagen captada en Cerro Muriano en 1936. El fotógrafo Robert Capa quería reflejar con todo el dinamismo e intensidad posibles la Guerra Civil española.

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