Anticipación y educación para ayudar a los menores

Dibujo de Maelo Terkim (www.maeloterkim.com)

Dibujo de Maelo Terkim (www.maeloterkim.com)

Uno de los rasgos de las sociedades avanzadas es la anticipación, es decir, trabajar y aunar esfuerzos para prever situaciones independientemente del área del que se trate. Esta norma tan básica en la que se aúnan esfuerzos para abrazar el ajetreado término “progreso” tiene aún mayor relevancia cuando a educación se refiere, y no sólo porque una buena y competitiva educación favorezca las economías. Las sociedades que progresan son aquellas que educan y buscan permanentemente la evolución de sus Estados. Sin embargo, son los hechos los que frecuentemente marcan y mueven a la actuación de los políticos en lugar de las supuestas habilidades que poseen para mejorar y gestionar instituciones.

El vergonzoso suceso ocurrido en Pozuelo de Alarcón mostró al sociedad a unos “mocosos” adolescentes y su escasa falta de civismo, unos adolescentes con exceso de euforia violenta fruto, probablemente, del exceso de alcohol, pero por encima de todo, los incidentes demostraron su preocupante y particular falta de compromiso con la sociedad que les rodea.

La periodista Pilar Cernuda, colaboradora habitual de medios y tertulia y de cuya reflexión siempre se aprende aunque no se comparta, expresaba su malestar hace escasos días en Madrid Opina, espacio de la cadena de televisión pública madrileña, precisamente por este motivo, por la falta de sentido de pertenencia a la comunidad, de respeto por sus normas y su evidente triunfalismo individual –entendiendo por individualidad las normas del grupo por el que se rigen los menores-. En la actitud de los vándalos de Pozuelo subyace la falta de asimilación de valores, lo que no queda tan claro es si la culpa es de los padres o del sistema educativo o de ambos. En cualquier caso, tanto la brutal escena, que va mucho más allá del resultado de destrozos y lesiones, como la pena impuesta a los menores (recuerdo: tres meses sin sobrepasar las diez y media de la noche como hora de llegada al domicilio familiar) exponen un claro problema, o dos. Uno de ellos tiene que ver con la falta de autoridad y responsabilidad de quienes deben inculcar esos valores, y a menudo se alega que es algo exclusivo del ámbito familiar. Y el otro está relacionado con las penas y sanciones, disponibles y efectivas, encaminadas a la corrección de menores.

A pesar de contar con números expertos en materia educativa y psicológica no parece que nadie tenga muy claro cómo debe hacerse esa transmisión de valores y cómo ha de ejercerse esta autoridad sin caer en el autoritarismo.

Lo que , sin embargo, queda claro es que sucesos como el de Pozuelo alarman a la sociedad y mueven a los políticos a la acción, por lo menos durante los días posteriores al escándalo.

Viñeta violencia colegiosHoy, en casi todos los periódicos, vienen referencias a una iniciativa en materia de educación propuesta por la Comunidad de Madrid, y que se ha hecho pública durante el debate del Estado de la Región que se celebra este martes en la Asamblea de Madrid.

En concreto se trataría del anuncio de una ley que otorga al profesor a la condición de “autoridad pública” colocando a los funcionarios docentes al mismo nivel que los policías, jueces, u otros cargos públicos. Carlota Fominaya, redactora de ABC, escribe al respecto que la angustia e impotencia de los maestros ante el acoso y la violencia en las aulas de enseñanza pública podría tener sus días contados porque la medida supone dar más poder al maestro en todos los sentidos. De tal modo que las faltas que se cometan contra ellos en las aulas tengan a partir de ahora una consideración más grave. Además de perseguir estas faltas de oficio desde la Fiscalía.

Sin embargo, creo que es una medida que será difícil sacar adelante además de ineficaz. Los profesores hace años, y digo años, vienen padeciendo todo tipo de salidas de tono en las aulas, incluidas las agresiones. El problema no es exclusivamente de autoridad por parte de los docentes, a los que es cierto que se les ha ido acorralando sumiéndolos en poco más que voceadores de contenidos. El problema pasa por la actitud de los padres que no son capaces de asimilar críticas, de ejercer su autoridad o hacer valer su voz por encima del mocoso, que a menudo otorgan premios sin ton ni son a los hijos desde que son pequeños en lugar de premiarles base a su esfuerzo, que basan la educación en lo material, y que se dedican más a trabajar que a participar del tiempo con sus hijos acompañándoles en el continuo aprendizaje de la vida.

Los profesores deberían tener más autoridad, sí, pero los jueces no deberían quitarles la razón tan frecuentemente como lo hacen para contentar a los padres y evitarse problemas. Por su parte, los padres deberían dejar de esconder el marrón del fracaso educativo más allá del expediente académico que se transparenta en sus hijos. Sólo en Madrid ysegún el sindicato Comisiones Obreras, el fracaso escolar afecta a uno de cada tres menores madrileños.

Esta futura Ley de Autoridad del Profesor que ha presentado Esperanza Aguirre, no puede responder a las necesidades actuales. Por lo menos no puede responder de todo. Bienvenidas sean todas las normas que fijan comportamientos dentro de los centros educativos y que van encaminadas hacia la sociabilidad y el respeto mutuos. Pero no es tarea de los docentes ejercer de autoridades públicas como policías, su función debe ser la que ha sido siempre, es decir, la educativa. Porque si dotamos de ese tipo de autoridad al profesorado ¿no estaremos deslegitimando en algo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a quienes les corresponde dicha función?

Algo falla cuando el sistema es incapaz de dar solución a este asunto en particular, al fracaso escolar en general, a los malos comportamientos, las agresiones y el modo salvaje de entender la vida que demuestran algunos jóvenes.

El Bálsamo de Fierabrás no se hallará en la posible y futura ley que anuncia Aguirre. No es cuestión de silencio en las aulas, de exigir atención o determinar, ¡fuera los teléfonos móviles! Es algo que va más allá del estricto cometido educativo de profesores. En esto de la educación la culpa y la responsabilidad la tienen todos, incluidos los ciudadanos (padres o no) que hemos venido soportando reformas en materia de educación que rayan el absurdo, los medios de comunicación –sobre todo los televisivos-, y las propuestas de ocio, por no meternos en aspectos como la estética visual que invade nuestras calles a través de los mensajes publicitarios. Y así nos va. Prioricemos las cosas y luego actuemos. ¿Cómo? Entendiendo que la educación debe ser un proyecto global bien definido que incluye la participación de toda la sociedad y no sólo del docente. El colegio, el instituto, la universidad incluso, van más allá de las horas lectivas. Educar, educamos todos desde el momento en que desayunamos y salimos a la calle. Nuestro comportamiento es un espejo para otros.

Dejemos de buscar culpables porque son muchos y actuemos de una vez porque la cosa del desmadre podría ir en aumento si no se trabajan las conciencias. Ni vivimos solos ni podemos hacer lo que nos venga en gana. La clave son los valores y, por supuesto, el respeto y la autoridad que no tiene por qué ser entendida como un deseo de imposición. Es en esa línea en la que hay que trabajar, y debemos trabajarla todos.

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