Carl Honore y la filosofía del tiempo lento

Carl Honoré, escritor y periodista canadiense.

Carl Honoré, escritor y periodista canadiense. Imagen http://www.carlhonore.com

Es cierto que la evolución opera sobre los principios de supervivencia de los más aptos, no de los más rápidos. Entonces, ¿por qué vamos de un lado para otro intentando ganar tiempo al tiempo? ¿Por qué basamos nuestra vida en la rapidez y el apresuramiento? ¿Por qué la carrera meritoria tiene que ser fulgurante? Todos y todas quieren enriquecerse de forma rápida. Quieren perder veinte kilos en dos semanas, aprender inglés en seis, cursar diez másteres o viajar alrededor del mundo a la velocidad de la luz. Pero si aparcamos esta locura, detenemos por unos instantes la mente, la dejamos en blanco y la conminamos a trabajar más despacio para sopesar lo que con ello ganamos, resulta claro que el plato de la balanza se inclina inequívocamente hacia el lado negativo. Hacia el estrés y los malos hábitos, hacia el aislamiento y la automatización de nuestro propio tiempo.

Esta propuesta de reflexión es la que hace Carl Honoré, periodista y escritor canadiense, en el libro titulado Elogio de la lentitud. (Un movimiento de alcance mundial cuestiona el culto a la velocidad). Un libro que presenta de forma clara lo absurdo que resultan tales exigencias, y que propone la búsqueda personal del tempo guisto en cada una de las actividades que nos propongamos, sin que por ello haya que hacerlas de forma lenta o pausada, pero tampoco a toda máquina.

Este escritor define las sociedades actuales y todas las personas que de ellas formamos parte como esclavas del tiempo, auténticos seres autómatas guiados por las agujas de un reloj que marca y determina todos los instantes de nuestras vidas. El mismo autor es un buen ejemplo de este frenético sistema, y como tal se nos muestra con infinidad de compromisos, viajes, y continuos y variados trabajos que esperan ser entregados en algún lugar, mermando continuamente el tiempo para estar con su hijo. Motivos por los que el escritor decide darse un respiro y recapacitar.

Portada del libro Elogio de la lentitud, de Carl Honoré. RBA, 2008.

Portada del libro Elogio de la lentitud, de Carl Honoré. RBA, 2008.

En Elogio de la lentitud Honoré examina los ritmos actuales en actividades tan variadas como el trabajo, la alimentación, el sexo, el deporte, la educación, las relaciones familiares y sociales, la propia arquitectura y el trazado de las ciudades o la salud y los cuidados médicos. Todos ellos apresurados, acelerados de tal modo que sin saberlo padecemos la enfermedad del tiempo. Y no parece que tenga mucho sentido vivir atrapados en este vórtice, llegando extenuados a todas partes, adquiriendo malos hábitos, mal humor y demasiado estrés, aplicando en casi todos los terrenos la máxima de “hasta que el cuerpo aguante” para obtener casi siempre más en contra que a favor.

Más bien, lo que parece inteligente es afrontar las cosas con más calma y disfrutar de cada momento sin tener que acelerarnos, sin engullir alimentos rápidamente, abusando de productos preparados o conduciendo a toda velocidad en una interminable y extenuante carrera hacia la felicidad. Dejando de lado familia, amigos y vida social. Centrando el ocio en pasatiempos a los que se dedica cada vez menos tiempo, y que se consumen de forma acelerada. Parece que toda diversión ha de poner los pelos de punta, disparar la adrenalina. Leer, escuchar música, pasear, sentarse simplemente a no hacer nada, ¡charlar!, son aficiones que han pasado a la historia. Hoy todo el mundo está atareado.

Sin embargo, la vida apresurada tiende a convertir en superficial casi todo aquello que roza, porque es un tipo de vida que no dispone de paciencia suficiente para poder profundizarlas.

Resulta imposible hacer muchas cosas correctamente y además hacerlas deprisa. Con demasiada frecuencia los trabajadores son protagonistas multitarea a los que se presiona para rendir más en unas sociedades que viven bajo la tiranía de la cultura a la velocidad. Pero eso era hasta la llegada del movimiento slow. Una filosofía basada en la lentitud porque sus seguidores sienten que vivir rápido les proporciona anhelos, insatisfacción.

Descansar y saborear el tiempo, disfrutar de las ciudades, del trabajo, la familia o la cocina, aún a costa de ganar menos dinero o tener distinta posición social, son algunas de sus metas. Y Carl Honoré analiza esta filosofía que ha llevado a miles de personas en todo el mundo a apadrinar el movimiento slow, un fenómeno que vive en pugna por la desaceleración del mundo.

El caracol se ha convertido en la imagen del Movimiento Slow en todo el mundo.

El caracol se ha convertido en la imagen del Movimiento Slow en todo el mundo.

Lentos pero seguros o lentos en pos de la felicidad serían expresiones acertadas para definir la manera de afrontar la vida de estas personas que en ocasiones, tal y como demuestran los testimonios del libro, han cambiado radicalmente su forma de vivir e incluso de ganarse la vida, y en otras ha supuesto un cambio de mentalidad.

Elogio a la lentitud es una lectura interesante en los tiempos acelerados que corren. Sus páginas concluyen que el movimiento slow no tiene por qué resultar inalcanzable o requerir de una dimensión espiritual –aunque en ocasiones la tenga- sino que cada uno encuentra sus propias razones para frenar, emprender la búsqueda del placer de la vida y perseguir la sabiduría de Gandhi para el que “en la vida hay algo más importante que incrementar su velocidad”.

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