Prostitución en el Mercado de la Boquería: no es sensacionalismo sino información

Una de las fotografías del reportaje Sexo de pago en plena calle junto al mercado de La Boquería, El País, 01.09.09.

Una de las fotografías del reportaje Sexo de pago en plena calle junto al mercado de La Boquería, El País, 01.09.09.

De la terrible, insalubre y denigrante situación en la que está sumido el entorno del mercado de La Boquería estaba enterado, prácticamente todo Barcelona, salvo las autoridades que, finalmente, han intervenido vigilando la zona para calmar a los vecinos, en pie de guerra contra la prostitución desde hace al menos seis años.

Lástima que hayan tenido que ser unas fotografías desagradables pero ciertas las que hayan movido a la acción política y policial. Deberían haber sido las reiteradas denuncias de los afectados motivo más que suficiente para lograr atención y soluciones.

Ahora, esas fotos publicadas por el diario El País se están viendo cuestionadas. ¿Por qué? ¿Por cumplir con su función informativa?, ¿por resultar desagradables y obscenas?, ¿porque evidencia la dejadez de las autoridades? Gracias a estas fotografías el escándalo ha pasado a ser conocido y comentado en todo el país, y lo más importante, ha pasado a formar parte de la agenda política y policial.

A este respecto El País, periódico que levantó el caso, en su editorial del día cuatro exponía: “Un deterioro -el de la zona- ante el que las tres administraciones concernidas han actuado hasta el momento con una imperdonable pasividad: el Consistorio, al dictar en 2006 una ordenanza contra la prostitución callejera que apenas ha hecho cumplir; el Gobierno, competente en materia de extranjería, con su escasa diligencia en la lucha contra las mafias; y la Generalitat, responsable del orden público en Cataluña, al no garantizar una mayor presencia policial en la zona, aunque sólo fuera con propósitos disuasorios. Dispositivo que las autoridades catalanas pudieron activar tiempo atrás, pero sólo lo han hecho a remolque de los acontecimientos, ante el escándalo desencadenado por las fotografías de la Boquería”.

Sí, las imágenes son sórdidas pero informan, denuncian y alcanzan su misión. Por tanto, a pesar de su desagradable temática explícita, han cumplido con el cometido de informar al ciudadano y evidenciar la falta de implicación de los responsables políticos y administrativos. Y de paso han conseguido un par de noches de limpieza y tranquilidad. ¿Se quedará en anécdota hasta que se olviden las fotos o surjan otras en otra localidad?

Como dice Milagros Pérez Oliva, defensora del lector de El País, en su tribuna de hoy “en cuestiones de violencia o sexo es difícil fijar una frontera precisa entre rigor y sensacionalismo”. Pero nadie puede dudar del valor informativo de las imágenes porque éste resulta evidente. De nada nos sirve silenciar lo que incomoda si lo que buscamos son soluciones para esa verdad. El auténtico debate no está en las imágenes en sí sino en qué hacer con la prostitución, sus mafias, los clientes, las meretrices, su posible regularización y mejoras sanitarias… En definitiva, pasa por el deseo formal de buscar soluciones a esta realidad incómoda.

Y en verdad debe ser incómoda, salvo para los vecinos que la sufren -sin entrar a fondo en otras cuestiones como las mujeres que la padecen en sus propias carnes-, si damos cuenta de la detención del fotógrafo de El Mundo, Christian Maury, el día cinco, cuando éste se encontraba fotografíando la redada policial.

El resto de las fotografías objeto de la discordia se encuentran en el siguiente enlace, y sí, son desagradables.

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