Los diarios pulsan su fin

Juan Luis Cebrián. Fotografía de Diego Martínez para la revista Esquire.

Juan Luis Cebrián. Fotografía de Diego Martínez para la revista Esquire.

“La mejor manera de transformar el mundo es ayudar a los demás a conocerlo”. Esta frase de Juan Luis Cebrián es una buena definición del trabajo que, a diario, realizamos los periodistas. No es que nuestro objetivo sea cambiar o transformar el mundo, sino que como dijo Ben Bradlee al periodismo le corresponde “buscar la verdad y encontrarla”; si el lector, oyente o televidente tiene a su disposición los datos de todo aquello que acontece y encuentra altavoz, es posible que en la toma de decisiones que le conciernen actúe con decidida justificación.

Este concepto tan básico, máxima de la profesión, es el que ha dado origen a la colección de ensayos, reflexiones y conferencias que se recogen en el último libro de Juan Luis Cebrián titulado El pianista en el burdel. Un libro necesario en estos tiempos de confusión, y un libro en el que lo más relevante es la necesidad de recordar (para que no caiga en el olvido) el eje que da fundamento a la profesión periodística. Son aquellos nueve puntos establecidos por Bill Kovach y Tom Rosenstiel, que Cebrián resume o agrupa en dos cruciales: la veracidad de lo que se cuenta y la independencia del medio que lo narra.

Pero Juan Luis Cebrián, que lo ha sido casi todo dentro del periodismo, explica además cómo la actual transformación que se está originando en la profesión se debe primordialmente a un cambio cultural propiciado por el desarrollo de las nuevas tecnologías. Una nueva cultura que nace con el despegue de la red, el auténtico elemento de esta mutación que se va consolidando a la par que sustituye valores.

Portada del libro El pianista en el burdel, de Juan Luis Cebrián. Galaxia Gutenberg. Círculo de Lectores, 2009.

Portada del libro El pianista en el burdel, de Juan Luis Cebrián. Galaxia Gutenberg. Círculo de Lectores, 2009.

Tampoco pierde de vista que los medios de comunicación, además de reproducir o representar la realidad, tienden a construirla para los demás. El papel de los periódicos ha sido siempre el de favorecer la opinión pública, pero en la actualidad son cada vez menos importantes para las sociedades desarrolladas.

Sin embargo, del éxito o de la pervivencia de los periódicos en esta nueva etapa –que el periodista da por hecha- dependerá el hallazgo o la búsqueda de la nueva relación que ha de establecerse entre el usuario y el periódico digital, del que por cierto invita a reflexionar dada la pérdida de sentido de la expresión periódico en un medio donde todo es inmediato.

Dar con la fórmula de negocio, encontrar la rentabilidad, es la gran cuestión dado que “el rol de los periódicos en el mundo de la comunicación se difumina cada día más”.

“Los ciudadanos siempre han preferido la imaginación a la verdad”, apunta Juan Luis Cebrián, para quien en la red las historias falsas abundan. El motivo y principal problema que acecha a la prensa escrita es el apogeo y la mezcla continua que se produce entre información y entretenimiento que conduce a una sociedad de genuinos homo ludens. Tanto es así que la jerarquía de las informaciones viene impuesta desde la televisión. “Todo lo que sucede es en directo”.

El mundo de la imagen tiene un gran poder de fascinación, y ostenta la primacía a la hora de determinar comportamientos sociales, hábitos, gustos, modas… valores. Por lo que cabe demandar la regulación de la red, el establecimiento de un código de buena conducta y de utilización. No será tarea fácil pero es necesaria pues internet y las nuevas tecnologías afectan al diálogo social y mundial.

Por otro lado, las nuevas tecnologías no suponen sólo abaratar costes sino que ofrecen nuevas posibilidades de hacer y presentar las cosas.

La clave para salvar el periodismo que no la información, como casi siempre, está en la propia información, origen y fuente de la profesión. El reto y la capacidad de liderazgo “no se demuestra por disponer de información sino por la capacidad de producirla y utilizarla”, dejó dicho Felipe González y escrito el autor en otro de sus libros. Ahora la dimensión del periodismo es múltiple y la sociedad de la información y del conocimiento está influyendo en el periodismo.

“No debe haber sitio ni para el temor ni para la desesperanza”, afirma Cebrián, porque, a su juicio, “la cuestión fundamental no reside tanto en el soporte de la información -como predicaba McLuhan para quien el medio era el mensaje- como en la información misma”.

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