Imagen y sentido (II)

Che arteLa fotografía de Korda ha sido utilizada por muchos artistas gráficos como el legendario Andy Warhol; la historiadora fotográfica Vicki Goldberg en su libro El poder de la fotografía afirma que “el retrato del Che hizo más por su causa que lo que hizo él en vida”.

Para María Jesús Casals, catedrática de periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, durante los años 80 y 90 la imagen del Che fue utilizada como “lo chic radical para una generación que sabía poco o nada acerca de la persona o de la postura ideológica del hombre al que estaba mostrando”. Con ella se han creado miles de marcas comerciales en todo el mundo. Incluso luce tatuada en el vientre del boxeador Mike Tyson o en el brazo del futbolista Diego Armando Maradona. Finalmente la imagen del Che ha sucumbido engullida por toda la maquinaria  del capitalismo que, sin embargo, no ha podido acabar con el símbolo, la imagen absoluta de unos ideales de justicia social.

Lo relevante de esta imagen se responde con una solo pregunta: ¿podríamos explicar el siglo XX sin esta foto? La respuesta es, a juicio de María Jesús Casals, que sí, “pero no podríamos explicarlo de la misma manera. ¿Qué nos evoca? Seguro que ninguna anécdota concreta, es un tiempo detenido por unos instantes. Su evocación es de significado, de comprensión del tiempo, de nostalgia tal vez por el esfuerzo de tanta esperanza o del prodigio de tanta ensoñación. De icono ideológico, esta imagen comercializada millones de veces, se ha convertido en un simple icono gráfico con unas desleídas connotaciones culturales  pero aquí están condensados los últimos cuarenta años de Occidente. Estos están condensados en una foto y en su transformación cultural”.

Mike Tyson y Diego Armando Maradona lucen sendos tatuajes con la imagen del Che.

Mike Tyson y Diego Armando Maradona lucen sendos tatuajes con la imagen del Che.

Antes de que la fotografía comenzara su periplo en la historia, las imágenes de la memoria como sentido de la vida debían llenarse mediante la pintura  o las palabras. Resulta habitual disfrutar de las imágenes, mantenernos informados o entretenidos a través de ellas, pero no solemos reflexionar sobre cómo cambió la vida, sus formas y su sentido la fotografía por el hecho de poder congelar imágenes, de poder guardarlas como parte de nuestra memoria, como auténtico testimonio.

Y es curioso como el sentido de periodismo, tal y como lo concebimos hoy, es decir, mediante la relación texto-imagen, al poder disponer de noticias a diario, se transforma en periodismo de masas, fenómeno que se expande, aún más; al encontrar su hueco en él, la fotografía testimonia la realidad. La prensa de masas, el periodismo moderno, nació y se desarrolló como la evidencia de lo real, y sin imágenes esa realidad no existe, no tiene evidencias. La fotografía supuso en prensa la revolución.

Hoy no concebimos nada, ni memoria, ni vida, ni conceptos sin imágenes. Todo el mundo recuerda qué estaba haciendo en el momento en que ocurrieron los atentados del 11-S o, aquí, en España, los del terrible 11-M, cuyas imágenes impactaron a toda la población. En cierto sentido, es curioso comprobar cómo todos recordamos qué hacíamos en el momento de producirse una noticia impactante. Ese recuerdo a través de imágenes es una anécdota porque consiste en verse a uno mismo sumido en la rutina en la que vive instalado.

Esto también nos ocurre con los sucesos más importantes de nuestra existencia particular, y desde que existen los medios de masas, hemos incorporado otros sucesos exteriores a esa capacidad de ir argumentando nuestras instantáneas mentales. De tal modo que muchas fotografías, cientos de imágenes son nuestra memoria, despiertan en nosotros no sólo el recuerdo de lo anecdótico o de qué estábamos haciendo en el instante de un suceso impactante sino el significado también de aquellos momentos.

Cientos de fotografías difundidas por la prensa han configurado tanto nuestra memoria que pensamos con ellas. No estuvimos en esos lugares pero allí están las imágenes, en nuestra conciencia. Todo esto es un fenómeno social y psicológico de alcance poco medido o estudiado, (justo la situación inversa que se da en cuanto análisis de la fotografía como parte del arte contemporáneo sobre la que existen numerosos tratados).

“Es sobre el discurso informativo de circulación social del que hacen falta estudios”, afirma María Jesús Casals. El gran escritor, poeta, y ensayista inglés John Berger, autor del libro Mirar, plantea esta cuestión filosófica de la fotografía y dice: “Antes de la invención de la cámara fotográfica no había otro modo de hacer esto -de evocar imágenes- salvo los ojos de la mente, con la memoria. No había nada. Con las fotografías el mundo mediático ha creado un continuo espectáculo y el espectáculo crea un presente eterno de expectación inmediata. La memoria deja de ser necesaria o deseada”.

Tiene razón Berger cuando dice que la imagen carece de significado porque las fotografías no conservan en sí mismas significado alguno, ofrecen unas apariencias privadas de su significado. Para significar, para dar sentido, para establecer las relaciones es necesaria la narración, el encadenamiento y las fotografías son sólo instantes de tiempo encapsulado.

Cartel promocional de la película sobre la vida del Che protagonizada por Vicente del Toro y dirigida por Steven Soderbergh.

Cartel promocional de la película sobre la vida del Che protagonizada por Benicio del Toro y dirigida por Steven Soderbergh.

En un ensayo de Susan Sontag titulado Sobre la fotografía la autora dice que las fotografías por sí solas son incapaces de explicar nada porque también cree que necesitan narración, “mediante la fotografía el mundo se transforma en una serie de partículas inconexas e independientes que precisan de la narración”.

Esto es lo que precisan hoy en día las miles de imágenes que nos rodean y que se encuentran totalmente desvirtuadas, difuminadas o atrapadas por su comercialización. La fotografía del Che es un buen ejemplo, sin duda. Pero hay muchas más, motivo por el cual al ver una imagen debemos recapacitar, evitar la ojeada rápida y acentuar la capacidad de observación desde el detalle y la precisión. Recordando o teniendo presente que ésta última, la precisión,  sólo se logra a través del conocimiento profundo del hecho que se nos muestra, sobre todo cuando la imagen ha salvado la barrera del tiempo.

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