Ni desnudo, ni muerto. Roberto Saviano transparenta la mafia, a su pesar

Roberto Saviano, periodista y escritor.

Roberto Saviano, periodista y escritor.

La Camorra, la mafia y sus facciones, atraen realidades y ficciones, generan mitos y leyendas. Suele ser uno de esos temas recurrentes que por inacabado vuelve a ponerse en circulación, ya sea para nutrir informativos o producir películas. Italia es un país de contrastes donde han proliferado este tipo de organizaciones que han hecho del sur su centro de operación. Allí ofrece a una desilusionada población oportunidades en una tierra donde esperar algo más que precariedad y subsistencia es pura ilusión. Promete un proyecto efímero, al que las balas probablemente pondrán un final más que accidentado, pero también una venturosa economía con la que rodearse de lujos.
La ciudad de Nápoles, la provincia de la Campania, Secondigliano, Casal di Principe… provincias, ciudades, pueblos, donde la mafia asentada y segura prende sus redes comerciales de extorsión, de odio entre clanes, y de muerte. Lugares donde la única economía es la impuesta por los bosses, los jefes que controlan el negocio. Una reflexión nada extravagante y convenientemente silenciada, con periodos de intromisión mediática, de publicidad y de empresa cinematográfica. Y sobre todo un secreto a voces, de sobra conocido por los que la padecen de cerca, y por quienes la consienten desde lejos cuando no la protegen como parte interesada.

Portada del libro de Roberto Saviano. Editorial Debate, 2008.

Portada del libro de Roberto Saviano. Editorial Debate, 2008.

Moderna, pero igualmente mafiosa
Una muestra de cómo se tejen los lazos delictivos de la mafia con los que se nutren diversas empresas, evidencia la evolución y especialización de las organizaciones mafiosas asentadas en Italia, sí, pero con presencia en todo el mundo. Empresas que usan sus servicios y que ven en sus actuaciones la tranquilidad de sus trastiendas. Un entramado que se ha visto favorecido por el fenómeno de la internacionalización comercial. La Camorra, el clan Di Lauro, los Lo Russo, los Mallardo, la ‘Ndrangheta, y un largo e interminable etcétera, son ahora organizaciones profesionales que conjugan por igual operaciones bancarias, adquisiciones inmobiliarias, tráfico de drogas, de prostitución, de mercancías de todo tipo, sin olvidar las armas o los residuos peligrosos y vertidos ilegales de sustancias tóxicas. También de seres humanos, de esclavos especializados en mano de obra barata. Una forma de actuar que se corresponde con delitos tipificados y penados, y operaciones que burlan, legal e intencionadamente, cualquier control gubernamental. Abogados, economistas, comercios y edificios están, en el siglo XXI, de parte de la mafia.
Industria, comercio y muerte, como demuestra el periodista Roberto Saviano en Gomorra, donde explica que la Camorra ha matado más que la mafia siciliana, más que la ‘Ndrangheta, más que la mafia rusa, más que las familias albanesas, más que el total de muertos víctimas de ETA, o del IRA.

Esencia del relato
Todos los acontecimientos, los asesinatos, las trazas de poder y conexiones internacionales de la moderna mafia italiana quedarán en la mente de los lectores de Gomorra, y también de los espectadores –gracias a la versión cinematográfica- desde que este periodista, víctima y testigo de los movimientos de la Cosa Nostra, pensara en las múltiples dimensiones del problema, y pensara, además, en darlas a conocer con la esperanza de cambiarlas. De incitar a la acción a aquellos que tienen la obligación de solventarlo y desmitificar un estilo de vida en nada particular. Saviano, muestra con el valor de la palabra, el palpitante corazón de la Camorra y su inmutable coraza de perversidad asentada en lugares en los que rezuman los estrépitos de cualquier política económica, social, educativa o formativa.
Este escritor acaba de lanzar el último grito contra la mafia. Y es un grito alto y claro, de más de trescientas páginas, tan potente y fuera de control que le ha costado la peor de las sentencias, la amenaza de muerte. Desde su osadía vive secuestrado; privado de la más trivial de las libertades para garantizar su seguridad. Su delito: no dejarse tentar, no querer callar, responder a la demanda de su conciencia social, quizás tanta que no debiera asumirla solo. Su pecado: mostrar el aparato mafioso, una operatividad que se transparenta en todas sus páginas. Unas cifras millonarias y en buena medida legales gracias a la transformación que ha experimentado la mafia en los últimos años. Como muestra un botón, desde hace pocos días el Café de París de Roma tiene como propietario a la gran familia de los N’drangheta. No tienen por qué saberlo pero es el mismo café donde Federico Fellini enmarcó el romance entre Marcello Mastroianni y Anita Ekberg, en La doce vita. Unos dueños que facturan anualmente cerca de 44.000 millones de euros, situando su conglomerado empresarial en una de las primeras posiciones del ranking de toda Italia.

Cartel promocional de la película Gomorra.

Cartel promocional de la película Gomorra.

Clara misión
La lectura que nos ofrece este autor no va a dejar indiferentes las conciencias, muestra con toda crudeza las facetas del sistema, como ahora se autodenomina la mafia, la mano negra. Un mundo delictivo y cruel que vanagloria sus éxitos y actuaciones, y se rige por un código de instintos, que no de exclusiva ley. En sus páginas encontramos, además de una indiscutible labor de investigación, múltiples afirmaciones y sentimientos personales ante los acontecimientos protagonizados por la Camorra. Y sobre todo hallamos testimonios, el propio y el ajeno, el de los protagonistas y sus víctimas. El de sus procesos judiciales, sus penas y condenas, y su tremenda capacidad para alcanzar la impunidad en el delito.
Con las semillas de Wolf y Capote, este nuevo viejo periodismo con el que está escrito Gomorra, liga la realidad derramándola ante los ojos del lector con la crudeza de la que sólo es posible la vida.
Dice el autor sentirse desnudo, muerto, al contemplar la actuación ilegal de los clanes que quedan impunes, al observar la magnificencia de su poder. Pero Saviano no está solo, no está desnudo y no está muerto. Por su valentía el escritor ha recibido numerosas muestras de apoyo y solidaridad. Apoyos tan importantes como el de Salman Rushdie, autor de Los versos satánicos, que al igual que Saviano viaja con la amenaza aunque en su caso no parte de la mafia sino del fundamentalismo islámico. Ahora, el mal para la mafia está hecho, lo que está por ver es si ésta cumplirá su promesa de acabar con Saviano o comprenderá que la magnitud del delito no acaba en la persona. Siempre ha resultado difícil matar una buena historia, más aún cuando ésta es real.

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