Desnudando el periodismo

Félix Madero

No es habitual contar con testimonios sobre la profesión periodísta desde la perspectiva menos conocida y glamurosa como es la temática meramente laboral. Con sus problemas, deficiencias y también bondades. Pero aún no siendo frecuente a veces ocurre que algún periodista tiene las ganas de compartir y sincerarse al objeto de no llevar a engaño a todos los que en un futuro quieren formar parte de este gremio. Puedo decir que he tendio la suerte de recibir una de las más grandes lecciones que sobre periodismo se puedan prodigar. Y no ha sido de un profesor o catedrático de quien ha partido el discurso. No. Tampoco ha salido de figuras televisivas o  radiofónicas, de expertas firmas o renombrados tertulianos. Sino que esta clase magistral, humana y profesional de la que hablo ha estado a cargo de un veterano y sentido profesional llamado Félix Madero, al que el periodismo le sale por los poros. Tanto rezuma oficio y pasión que ha hecho que, un grupo de profesionales y estudiantes a los que nos interesa algo más allá la profesión, vibremos y recobremos ilusiones. A ellos, a nosotros, a mí me ha narrado en primera persona y sin rencor ni pretensión la realidad del periodismo, del periodista y de sus complicadas relaciones con el mundo.

Félix Madero es un profesional de las ondas al que no se le ha olvidado su procencia, tampoco sus esfuerzos y posición. Ni los sacrificios o desilusiones, fracasos y empujones, errores y alegrías. 

La lección que ha impartido hoy y que ha sido más conversación que dogma se ha trasnformado en la confesión de un periodista que no ha dejado de aprender y para el que la radio es la continua escuela de enseñanza cuya extensión abarca la propia vida. Estas palabras sinceras provenientes de un hombre al que la profesión ha maltratado en alguna ocasión, y no le da coraje reconocerlo, resultan sorprendentes pero estimulan. Pero es que Félix Madero no es un hombre corriente. Tiene la mirada serena que proporcionan los disgustos y el paso del tiempo. Tiene la expresión intensa que dejan vivencias y satisfacciones. Sin embargo, lo que más me ha impresionado de este periodista, que a partir de septiembre dirigirá la primera franja del espacio Protagonistas en Punto Radio, ha sido su lección de humildad profesional y cómo ha desnudado el periodismo. Dice que “con cada cese que ha sufrido ha salido reforzado”, y se nota por la seguridad con lo que lo dice, a pesar de que le brillen los ojos y trasluzca emociones (señal de que está vivo y no muerto). Para este locutor radiofónico aquellos que se creen que han triunfado no demuestran más que dos cosas: ser verdaderamente tonto o, lo que es peor, ser perverso. “En la medida en que estamos saliendo y entrando en los medios nos vamos perfeccionando… contribuímos a la perfección de la profesión”, y también afirma que  no permanecer en la misma empresa de comunicación no debe resultar traumático: “lo sustancial de la profesión es ser consciente de que todo cambio nos va a afectar”.

Madero reconoce que “los medios de comunicación son imperfectos pero apasionantes” y que “el periodismo es cambio y evolución”. El periodismo, dice, “es decente pero a veces no es nada bello, y es limpio aunque a veces no sea sincero porque siempre anda al filo del desestre”. Por eso describe la radio, su medio, el medio en el que se siente más cómodo de todos por los que ha pasado incluidos prensa y televisión, como un medio exigente, complicado y que requiere exclusiva dedicación pero a cambio “proporciona grandes recompensas”, y a pesar de los esfuerzos “lo importante es no perder ilusión. A la radio hay que ir con ilusión pero sin hacerse ilusiones”.

Ciertamente este periodista ha dejado a la sala sorprendida e ilusionada. Sobre todo cuando resulta frecuente toparse con personas menos cualificadas y mejor situadas a las que los falsos brillos del éxito no les dejan ver ni tampoco apreciar en lo que vale el resto de esfuerzos que tienen a su alrededor. Nos ha recomendado libros, ha prodigado consejos, ha desvelado secretos y ha leído, a modo de despedida, una de las columnas que habitualmente escribe cada lunes para el diario ABC. Y lo ha hecho sin darse bombo ni suscitar soflama, lo ha hecho porque la profesión está herida y sus profesionales, futuros y actuales, algo apagados. Y porque de las cualidades del protagonista al que va dirigida su columna de opinión está hambrienta la profesión.

Aquí reproduzco su artículo Oración por W. Cronkite, que tan oportuno resulta para el periodismo y sus retos (y también para las inquietudes de este blog). Creo que son sus propias palabras las que mejor pueden transmitir las emociones que esconde Félix Madero en el corazón y que hoy, generosamente, ha querido compartir con un puñado de locuelos que han sido capaces de subir hasta los Cursos de Verano de El Escorial de la Universidad Complutense de Madrid, para aprender y gozar, una vez más, de los grandes profesionales con los que cuenta nuestro periodismo. Tan solo me queda darle las gracias por su magnífica lección profesional, y también humana. Gracias, Félix. Gracias, de corazón.

Oración por W. Cronkite, por Félix Madero. ABC (20.07.09)

 QUERIDO maestro que estás en el cielo quiero pedirte que hagas algo por nosotros. Somos muchos, querido Walter, en un oficio que según dicen gerentes y directores de Recursos Humanos y Marketing está en fase de extinción. Aseguran que sobramos, que esto de dar noticias es caro y antiguo. Que ahí está Internet. Que los lectores, radioyentes y telespectadores pasan de nosotros porque nosotros hace tiempo que pasamos de ellos. No está bien que te hayas ido sin decirnos cuál es clave de nuestra permanencia.

De todas las desgracias de nuestro oficio ésta es la mayor: que los grandes os vais sin que los que empiezan pregunten quiénes sois. Los que estamos os hemos olvidado. Sin referencias tendemos a creer que somos los primeros. En las redacciones radiofónicas de mi país nadie pregunta por Manuel Antonio Rico. Mis compañeros creen que Fermín Bocos es un tertuliano, Gabilondo un hombre de la tele, Jesús Quintero un loco, José María García un cascarrabias y Manuel Martín Ferrand alguien que escribe artículos. Todos podrían llamarse Walter en tu país.

Pedro Rodríguez, corresponsal de ABC en Washington, utiliza tres palabras para recordarte: seriedad, confianza y concisión. No sé si Pedro quería escribir una tesis sobre el periodismo que hay y habrá, pero lo consigue. Vuelvo a tus memorias y a tus artículos. Me da igual si un día dijiste eso tan estúpido de que «así son las cosas y así se las hemos contado». Nunca contamos cómo son las cosas. Habrá que recordar lo que Pilatos le dijo a Jesús: ¿Qué es la verdad? Y en esa estamos.

Tú, un gran cínico, lo sabías. Nos acercamos a la actualidad, sabemos que la actualidad nunca coincide con la realidad, y se nos llena la boca de conceptos como neutralidad, independencia y libertad. Pero la neutralidad es renunciar a un sueldo por una verdad que muchas veces es incierta. La independencia, una circunstancia que tiene la consistencia de un pájaro en el alambre. Y la libertad, una palabra que mejor hay que olvidar.

Padre Cronkite que estás en cielo, pide por nosotros. Pide que seamos serios a la hora de trabajar. Rigurosos al confirmar las fuentes. Certeros al pronunciar un calificativo. Valientes cuando tengamos que preguntar. Incómodos siempre. Listos, astutos y mentecatos frente al poder. Y siempre desgraciados ante la injusticia. Este oficio no nos hará millonarios, pero sí personas, y esa es la forma de ser rico por muchas deudas que tengamos en el banco. Puede que así podamos decir lo que nunca creíste: que así son las cosas y así se las hemos contado. Y gracias, de corazón.

 

 

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