Infausto consejo para un país “desmocratizado”

Foto Cardenal Óscar Rodríguez

La ilegalidad se ha apropiado de la voluntad del pueblo hondureño. Para contar con el amplio respaldo que dice aglutinar el autoimpuesto Roberto Micheletti, y para que éste fuese aceptado conforme a las reglas democráticas que dice respetar, haría falta el inevitable proceso electoral con el que los ciudadanos escogen a sus gobernantes. Pero nada de esto ha tenido lugar en Honduras.

Incomprensiblemente, la jerarquía católica del país se ha puesto de parte de la irracionalidad demostrando ansias invasoras en terrenos que no le son propios. Hoy conocemos que el 28 de junio el cardenal Óscar Rodríguez apareció en la radio y la televisión para respaldar el Golpe de Estado en una alocución inquietante y tenebrosa donde el cardenal pide literalmente a Zelaya que se abstenga de regresar: “Hago un llamado al amigo José Manuel Zelaya para que no regrese al país”. Y continúa, no se sabe bien si en forma de amenaza o como simple recomendación, diciendo “usted respeta la vida, y hasta el día de hoy no ha muerto ningún hondureño. Pero su regreso al país en este momento podría desatar un baño de sangre. Por favor, medite. Porque después sería demasiado tarde”.

Curiosamente este cardenal insiste en que las instituciones del Estado democrático funcionan con normalidad y que “los tres poderes del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial) están en vigor legal y democrático de acuerdo con la Constitución de la República”. Igual se me escapa algo pero por más que rebusco no encuentro ni los resultados electorales ni las fotos de investidura de Michelitti. Así que dudo mucho de tal afirmación.

El representante de la Iglesia y el presidente golpista se han saltado a la torera cualquier conato de voluntad popular, pero su desfachatez no concluye ahí, sino que avanza irreverentemente al insultar la inteligencia nacional e internacional, pues para hablar de democracia hace falta respetar al pueblo con sus normas, que hablan y actúan mediante comicios y a través de las leyes.

En Tegucigalpa, capital del país, la situación se agrava por momentos. El anuncio del regreso del presidente derrocado ha puesto en danza al aparato golpista con sus secuaces militares en una demostración de fingido apoyo popular. El Gobierno interino ha prohibido el aterrizaje de Zelaya que mantiene su intención de regresar tras haber protagonizado un breve exilio en Costa Rica.

No sé muy bien si el aviso es el anuncio de un baño de sangre al que tan aficionados son las calañas golpistas, o si se debe a la exculpación anticipada de una crónica de muerte anunciada con el que lavarse las manos y favorecer actuaciones de gatillo fácil. En cualquier caso, tanto el aviso como su mensajero no deberían hablar en nombre de un Dios al que seguro la situación le desagrada. La Iglesia católica continúa empeñada en deshacer, y actúa cegada por su sed de poder, sobre todo cuando el caos político en el que ha quedado sumida la ciudadanía hondureña puede proporcionarle buenas dosis de control: palabra mágica de esta Iglesia que obedece y manda en nombre de lo etéreo y  que tan mísera se muestra con el orden social y la realidad material de los hombres.

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