El tufo no procede sólo del bufón

silvioberlusconiLeo y releo durante estos días continuas referencias al show Berlusconi.  Y digo show porque a pesar de ser el máximo exponente de esta comedia grotesca, que daría risa si no dejara de dar pena, Berlusconi está ampliamente acompañado. Desde que una de sus juguetonas velinas y no tan velinas, es decir, auténticas profesionales de la prostitución, aparecieran en escena, Il Cavalieri anda día tras día en la prensa (aunque lo hace más en la extranjera dado que domina ampliamente en los consejos de los medios de comunicación italianos). Sus fiestas, sus amiguitas y sus amigotes, sus increíbles declaraciones sobre las fotografías inculpatorias, su empeño en mostrarse “matador” (¡no quiero ni pensar que se nos enfrentase a uno de nuestros Miuras!) para quitar hierro al asunto, el consumo de drogas, los regalos y viajes aéreos a cargo del Estado, y la caja pública que ha pasado a pagar el placer privado, van a dar mucho juego, desde luego. Y más aún con el anuncio de que hay muchas más fotografías ilustrativas de sus correrías y acompañantes.

Lástima que el escándalo no fuera del todo desconocido por sus ciudadanos, como señaló hace bien poco Giovanni Sartori para El País. Pues sonadas han sido (y son) sus radicales políticas, declaraciones y excentricidades personales, además de sus inquietantes e indirecta conexiones con la mafia. A este Berlusconi no le falta de nada, se nota que tiene grandes amistades.

Decía Sartori  que  a los italianos, que permanecen informados a través de la televisión que ofrece mínimas o ninguna noticia del desenfreno del Cavalieri (seis de los siete canales italianos son propiedad del presidente italiano), no les eran del todo ajenos los escándalos, aunque sí su tamaño. Sartori llama al territorio Berlusconi El sultanato como su último libro, increíble y profético sobre el comportamiento, chulería y arrestos desvergonzados de este Cavalieri; ese Berlusconi que con tanta operación y negación de vejez avanza peligrosamente hacia la transmutación polichinesca: un espantapájaros con más trampa que cartón. Para este prestigioso y destacado politólogo Berlusconi gobierna de tal modo que el país parece serle propio.

Decía lástima porque hasta el escándalo de seducción y supuestas relaciones con menores los italianos e italianas parecían conformes con su presidente. “Soy así, y a los italianos les gusta como soy, no cambiaré”, ha dicho Berlusconi en más de una ocasión. Sin embargo, tengo mis dudas: me niego a creer que aquel ancestral territorio, lleno de magníficos ejemplos de creación de pensamiento, cuna de grandes artistas e intelectuales, se haya dejado arrastrar por el (y les pido perdón por el adjetivo) atractivo de este señor.

Pero lo que de verdad brilla de lastimero es que tanto el escándalo como las implicadas que se han decidido a hablar lo hayan hecho porque se les incumplieron ciertas promesas. No les bastaba con el pastón por sus servicios, no. Patrizia D’Addario, prostituta de lujo y candidata política en esa lista de bellezas chirriante y obscena elaborada por el clown más grande que ha pisado un parlamento, confiesa en una entrevista realizada por dos periodistas para el diario La República (publicada en España por El País el 26.06.09) que decidió hablar cuando vio que Berlusconi la había engañado, que nadie la iba a ayudar en el proyecto de construcción de un complejo turístico que tenía en mente, y del que ya había pagado varios, y varias veces, permisos. Porque de haberla ayudado, claro está, habría permanecido en silencio.

Esta actitud inmoral, de extraordinaria bajeza y exceso de grandeza, es el mal del siglo XX y ya vemos que el del XXI. Resiste tanto en gobernantes como gobernados ansiosos de dinero y poder. Esta actitud de encontrar en la política la gallina de los huevos de oro es la que de verdad está acabando con la confianza de los ciudadanos en la democracia. Hoy le toca el turno a Italia, que por ser un país de amplio legado histórico no ha querido que su escándalo fuera pecata minuta, sin embargo, corrupciones, corruptelas y corruptos afloran continuamente alrededor de la política: nosotros ya contamos con la reciente trama Gürtel y el último caso de espías al más puro estilo Gadget . No es que se trate de un tufo nuevo, no, pero es un tufo que desilusiona y cansa. La auténtica amenaza es la pérdida de referentes políticos de altura porque de seguir así los ciudadanos nos vamos a cansar de todos ellos.

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