Annie Leibovitz: intimidad y compromiso

Annie Leibovitz

Annie Leibovitz

Vulnerabilidad, fastuosidad, tragedia, seducción, fuerza, dolor. Todos estos sustantivos y muchos otros están presentes en la obra de Annie Leibovitz, la fotógrafa americana que ha retratado a los personajes más relevantes del siglo XX y XXI. A sus ya indispensables fotografías de celebridades se unen ahora, en una singular exposición organizada por el Gobierno regional de la Comunidad de Madrid, instantáneas de su espacio privado. Bajo el título Annie Leibovitz: Vida de una fotógrafa 1990-2005 subyacen momentos íntimos y trascendentales que han marcado una vida.

Retratista contemporánea pero por encima de todo artista, Leibovitz no se declara periodista como cabría esperar, explica que “un periodista no toma partido y yo no quiero pasar así por la vida”. Y se nota. Su voz es más poderosa cuando expresa un punto de vista. Muchas de las fotografías que reúnen esta exposición, el trágico brillo de sus contenidos, traslucen compromiso, denuncia. Es el caso de la colección Sarajevo, o Ruanda, o los instantes dramáticos y agónicos de Susan Sontag.

Retrato de Susan Sontag

Susan Sontag

Todo un flujo de imágenes que resumen parte de la historia y que estarán disponibles en la Sala Alcalá de la Comunidad de Madrid hasta el 6 de septiembre. Retratos y composiciones de políticos, actores, cantantes, personajes anónimos pero relevantes por su extraordinaria humanidad, y también numerosas (y no siempre tristes) escenas de miembros de la familia de Leibovitz componen el repertorio fotográfico. Imágenes familiares de sus padres, sus hermanas, sus sobrinas, y de su amante. Quizá son las de Susan Sontag, por todo lo que encierran, las que dejan intensa huella en la memoria.

La imagen de la bicicleta y la mancha de sangre se hizo segundos después de que el chico que iba montado fuera derribado por un francotirador. Sarajevo, 1994. Fotografía Annie Leibovitz.

Imagen tomada segundos después de que el chico de la bicicleta cayese abatido por un francotirador. Sarajevo, 1994.

Leibovitz reconoce en uno de los textos elaborados para la ocasión que puede entender que uno quiera dar la espalda a la sociedad y pintar lagos y montañas. Resume así la sensación de impotencia o de frustración ante la tragedia de la vida, de las guerras e injusticias. La fuerza de las imágenes captadas por esta fotógrafa, exaltada con bastante frecuencia por la personalidad y peculiaridades del personaje, no pueden olvidarse fácilmente. Es el caso de los retratos de los actores como Daniel Lewis o Al Pacino; de la saga familiar de actrices Richardson; o de la magnífica y elaborada escena, capturada en blanco y negro y protagonizada por los bailarines Mikhail Baryshnikow y Rob Besserer, realizada en Georgia en 1990. Una exhibición de grises en la que se funden la tensión del esfuerzo con el control y absoluto dominio de ambos bailarines.

Mikhail Baryshnikov y Rob Besserer. Georgia, 1990.

Mikhail Baryshnikov y Rob Besserer. Georgia, 1990. Fotografía Annie Leibovitz.

Algunas de las escenas resultan sobradamente conocidas, otras suponen auténtica novedad, pero absolutamente todas ofrecen una calidad inusitada y refrescante. Leibovitz, que no tiene nada que demostrar, vuelve a consolidar la calidad de su trabajo y la particular forma de observar el mundo con los personajes que la rodearon en algún momento de su vida. Con esta muestra nos abre un espacio íntimo en el que podemos espiar retazos de su vida. La propia Annie declaró el día de la inauguración que la exposición responde a una necesidad interior y no al mero escaparate. Y reconozco que resulta grato volver a leer, precisamente hoy, día en que se liquida la película Kodachrome: “Impresión en gelatina de plata”, materia prima de muchas de las imágenes capturadas. En total, más de 200 imágenes, repartidas en dos alturas, resumen aspectos personales y profesionales de los últimos quince años de esta fotógrafa.

Una recomendación: no dejen de observar con detalle los nueve paneles que encierran la selección completa de fotografías que componen el libro de esta exposición, a la venta en la propia sala. Sopesen la adquisición porque merece la pena llevarse a casa el testimonio y su calidad.

 Annie Leibovitz: Vida de una fotógrafa 1990-2005 puede visitarse hasta el 6 de septiembre en la Sala Alcalá (C/Alcalá, 31) de la Comunidad de Madrid.

La exposición, organizada por el Gobierno regional de la Comunidad de Madrid en colaboración con el Brooklyn Museum de Nueva York, es posible gracias al patrocinio de American Express y Vanity Fair España, dentro del marco de PhotoEspaña 09 que estos días se exhibe en diferentes espacios de la capital de España.

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