La revolución de las letras

La impresión bajo demanda irrumpe en tiempos de crisis. En Estados Unidos su avance es imparable. Abarata costes de impresión, distribución y almacenaje, reduce las tiradas, y equilibra la relación oferta-demanda porque su proceso de producción atiende a un único factor: la petición real y formal del interesado. Los lectores también encontramos ventajas. La más interesante (a falta de comprobar la calidad de impresión in situ, cuestión fundamental) es el precio, considerablemente más bajo respecto a la venta tradicional. El plazo de entrega es otro aspecto destacado: el libro está listo prácticamente de forma inmediata tras su encargo.

E-bookLos que vivimos son tiempos de contrastes y de búsqueda de modelos rentables en lo relativo a lo impreso, ya sean periódicos, revistas o libros. En la recién acabada edición de la Feria del Libro de Madrid, que concluyó con unos datos más que alentadores, incomprensiblemente no tuvieron presencia ni los artefactos electrónicos de lectura ni los distribuidores de sus contenidos. Claro que ambos mundos están reñidos. Tradición y tecnología vuelven a colisionar como ya lo hicieran  en el siglo XV cuando irrumpió la imprenta.

El 29 de abril nos sorprendimos cuando la revista inglesa The Times nos ofreció lo que denominó “el invento del año”: la Espresso Book Machine, un artefacto que ha revolucionado el mundo editorial y que supone el máximo avance en este terreno desde Gutenberg. Reconozco que desde que escuché la noticia en la radio mi único interés fue ver las imágenes del artilugio capaz de imprimir 100 páginas por minuto (algo así como veinte libros al día).experiencia-bubok

Mientras tanto, en nuestro país, la Biblioteca Nacional ha firmado un acuerdo con Bubok, empresa nacional especializada en edición bajo demanda, es decir, en la impresión a partir de un solo ejemplar, para ofrecer la colección digitalizada de la biblioteca. No se trata de un contrato exclusivo (por cierto, el primero de estas características que se formaliza en Europa) porque la responsable de la Biblioteca Nacional, Milagros del Corral, anunció ayer que los próximos acuerdos se firmarán con Amazon.

El fondo actual y disponible de la Biblioteca Digital Hispánica es de 18.000 libros, y en tres años estarán listos para impresión 600.000 documentos más. La idea es que estas colecciones patrimoniales y libres de derechos vuelvan a estar en circulación.  El plazo de entrega de cada encargo oscilará entre diez y quince días.

La directora de la Biblioteca condensa en pocas pero acertadas palabras, en un artículo que firma Javier Rodríguez Marcos para El País, lo que supone la puesta en marcha de la impresión bajo demanda, un viaje de ida y vuelta: “del papel al digital y del digital al papel”. Una solución perfecta, aunque de momento esté sujeta a obras patrimoniales y a la vigilancia del sector editorial mundial.

Lo que no parece tan claro es lo relativo a la supervivencia del resto de editoriales que basan su modelo de negocio en la relación con el autor, sus derechos intelectuales, y los derechos de edición, promoción y distribución de la obra. Y tampoco está nada claro el futuro de los empleados del negocio.

Las opiniones del sector son variadas y posiblemente estén condicionadas por la incertidumbre. Su principal argumento es el de la calidad y la imposibilidad de diferenciar el producto. Aspectos que se mejorarán, sin duda, y si no recuerden los tremendos artilugios que hemos tenido todos y cómo han sido paulatinamente sustituidos. El avance de la tecnología es constante.

Stand Google Book Search

Stand Google Book Search

También son variadas las acciones y las posibilidades a día de hoy en el mundo web. Mientras el Consejo Europeo estudia, a instancia de Alemania, la investigación del Proyecto Google Books (digitalización de libros que podría tener implicaciones legales por vulneración de derechos de autor), España se consolida como uno de los países con mayores cotas de pirateo. Recientemente, Estados Unidos ha denunciado que nuestro país figura en la lista negra de los cinco países menos respetuosos con la Propiedad Intelectual del mundo.

Surgen múltiples interrogantes pero dos de las cuestiones claves  -sobradamente conocidas- son la legalidad de las descargas y el hallazgo del modelo rentable. Eso desde el punto de vista económico y de seguridad. Y una tercera cuestión, que creo fundamental, la encontramos en revalorizar la producción intelectual, el proceso de creación y su producto final, fomentar el valor añadido que supone la cultura (ya sea musical, literaria, periodística, cinematográfica, teatral…). Montserrat Domínguez directora de A vivir que son dos días de la Cadena Ser contó con la presencia en su programa del pasado sábado del cantante Miguel Ríos. Fue una entrevista interesante en la que se abordó, entre otros, este asunto. Nuestro viejo rockero afirmó que el problema se encuentra en la mentalidad de los consumidores cuya forma de entender la cultura reside “en almacenar y no en valorar” lo que se tiene entre manos. Coincido plenamente.

En lo concerniente al enfrentamiento pixel-papel cabe preguntarse si viviremos un tempo híbrido en el que se alternarán ambos formatos. Esto último parece lo único cierto y probable. En esas estamos. Serán las próximas generaciones, acostumbradas al mundo digital, al multiformato que ofrece internet, quienes proporcionen la solución final. Y las que se adaptarán rápidamente a los cambios. Sin embargo, cómo ganar dinero continuará siendo una incógnita para todos, para las empresas de información y ocio, y para los que realizamos sus contenidos. La solución tendrá que aflorar, además, mientras intenta sobrevivir al socavón económico. Las nuevas tecnologías han modificado el sistema y la industria debe adaptarse. Lo verdaderamente difícil y en donde nos la jugamos es en cómo rentabilizar el cambio.

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