Sonia López Tello nos acerca la salvaje realidad de México, un territorio donde ejercer el periodismo significa arriesgar la vida. Escribe en GEA Photowords que “el silencio y la autocensura” son las únicas salidas para los periodistas que quieren mantenerse con vida.
Con la muerte de Elizabeth Macías, redactora jefe del diario ‘Primera Hora’ de Nuevo Laredo, ya son once los profesionales muertos en este territorio donde la ley es la del que mata más y más salvajemente. Un país cuyas herramientas para defender los derechos humanos están sobradamente rebasadas por la criminalidad. Unas veces con la connivencia de los grupos corruptos y otras porque verdaderamente el mal es más fuerte, tiene más contactos, dinero, y por supuesto, sus buenas armas.
Esta profesional ha pasado a formar parte de los caídos en acto de servicio civil. Su asesinato no hace sino constreñir aún más la mordaza que los grupos criminales relacionados con el narcotráfico tienen puesta sobre los informadores. En ese país, señala Sonia, “donde la muerte se convierte a diario en un grotesco espectáculo amenazante, se encuentra el gran silencio del mundo”. La narcomordaza impuesta avanza ante el temor de perder la vida mientras la impunidad es la respuesta de estos atroces crímenes.



